miércoles, 16 de junio de 2010

Seis años escribiendo La Letra Escarlata

Un día como hoy hace seis años abrí un blog sin saber muy bien lo que era un blog, simplemente buscando una voz que sonase más alto. No quiero decir eso de que nunca imaginé que se convertiría en algo tan importante porque lo cierto es que una nunca imagina cómo va a ir su vida. Eso es, La Letra Escarlata forma parte de mi vida lo mismo que otras cosas. Aunque estos párrafos no puedan acariciarse como los de un libro ni sus imágenes recortarse como las de una revista, la verdad es que mi cuaderno de bitácora se me antoja en ocasiones lo más tangible y real de mi existencia. Para celebrar estos seis años y todos los que quedan por llegar, os invito a recordar conmigo, a viajar hacia atrás para releer algunos posts o descubrirlos por primera vez... Llega el dickensiano fantasma del pasado, ¿le dais la mano?

Me presento. Intento explicarme. Muestro mis armas. ¿Por qué escribo? ¿Por qué La Letra Escarlata?

Leo. Leo más. Las librerías son mis templos. Dickens, siempre. ¡Más libros! Amigos y amigas de papel, como Elphaba. Y leo más aún. A veces hay libros que me llegan al alma. Intento recomendaros los que más me gustan. Y es que un libro puede salvar tu vida. Llenarla de misterio. Leer es vivir un montón de vidas. Recomiendo libros hasta a los políticos. Leer en cualquier época del año, como el invierno. Intento recuperar el modo en que leía en mi infancia. Los libros nos hacen conocer mejor a las personas. Más aún, nos hacen mejores personas. Propician encuentros afortunados. Mi biblioteca es mi orgullo. Libros que hasta se comen. Libros que te descubren episodios desconocidos. Libros que te desconciertan. Editoriales recién nacidas. E-books. Historias insólitas.

Siento orgullo. Orgullo porque ya puedo. Le pese a quien le pese. Seguimos peleando. A veces hay que ponerse manos a la obra. Hemos ganado. Me río de sus intentos por transformarnos. ¡Orgullo, orgullo, orgullo! Salgo del armario con quien me faltaba por salir. Queda mucho por lo que luchar. Mucha homofobia con la que terminar.

Hablo sobre mi familia. Escribo a mi sobrina. Os explico a mi madre. Felicito a mi hermana pequeña. Os hablo acerca de mi infancia. Mi madre me escribe a mí. Ah, mi madre. Más sobre mi familia. Esa prima tan odiosa. Esa sobrina que se entera de que los Reyes no existen.

Y sobre mis amigas, que son también mi familia. Amigas como Chavela. Y como Izaskun. Y como Miren. Y como Julia. Y como Alicia. Y como Elena. Y como Henar.

Exploro el amor. Ah, el amor. Sí, el amor. Esa cosa tan rara. Esa cosa que te marca. A veces simplemente quiero ligar. Tan solo dar un beso. Lanzar un reto. Recordar corazones pasados. Volverme loca de deseo. Ponerme romántica. ¡Bendita juventud de hormonas locas! Peticiones extravagantes.

Reivindico a nuestras madres. Madres como Jane Austen. Angela Davis. Virginia Woolf. Clara Campoamor. Mukhtaran Bibi. Doris Lessing. Tasha Tudor. Susan B. Anthony. Lillian Hellman. Rosa Parks. Johanna Sigurdardottir. Julie Anne Peters. J.K. Rowling. Zelda Rubinstein. Ruby Bridges. Charlotte Turner. Aminetu Haidar.

La iglesia me indigna. Quiero apostatar. ¡Dicen tantas tonterías! Empeora nuestras vidas. Hasta el niño Jesús llega a dar miedo. ¿Cómo se apostata?

Mueren grandes mujeres como Susan Sontag. O Andrea Dworkin. O Betty Friedan. O Inday Estorba. O cuatro feministas haitianas en el terremoto de enero de 2010. Rue McClanahan.

Entro en el 2005. Y en el 2006. Y en el 2007. Y en el 2008. Y en el 2009. Y en el 2010.

Lucho por la visibilidad. No hemos de escondernos. Los armarios son para la ropa. Visibilidad para que no ocurra esto cuando vayas al ginecólogo. Para que nadie te diga que debes esconderte. Para no odiarte a ti misma. ¡Sal del armario, hazlo ya!

Feminista ante todo. ¡Viva la V! Y es que hay quienes odian a las mujeres. Tenemos que comprender para reivindicar. No aguanto las tonterías. Ni que nos intenten tomar el pelo. Una y otra vez. Ni los periódicos aman a las mujeres. Ese genocidio llamado violencia machista.

Cumplo 28 años. Y 29. Y 30. Y 31. Y 32. Y 33.

No siempre estoy contenta. A veces me pongo un poquito triste. ¡Pero gracias a quienes me leen consigo animarme! Una siempre tiene que saber decir no.

Aunque suele darme por celebrar la vida. Por buscar vitaminas para seguir levantándome cada mañana. Por reivindicar aquello que mejora la existencia. Doy gracias a la vida. A esta vida insólita.

Conozco a mi bruja. Me vuelve loca. Le escribo poemas. Reescribo los cuentos de hadas. Intento comprender eso de enamorarse. La echo de menos. Tengo muy claro lo que quiero. Lo digo alto y claro. Le escribo e-mails. Y por fin compartimos espacio. Nuestra propia casa. Y sin comerlo ni beberlo, llevamos dos años juntas. Inseparables hasta cuando nos separamos. Lo verdaderamente importante me lo enseña ella. Tres años juntas. Nos vamos a la playa. Cuatro años juntas. Y cinco.

Un año escribiendo La Letra Escarlata. Y dos. Y tres. Y cuatro. Y cinco.

Me escapo a la patria de mi infancia. Siempre que puedo.

Paso un año en Estados Unidos.

Cuando regreso, me disfrazo de otra. Pero no duro mucho tiempo. Prefiero arriesgarme, tirarme a la piscina.

A veces me aburro. Bostezos y rabia. Escapo del tedio.

No hay que dar nunca nada por sentado. El tiempo pasa cada vez más rápido. Se me escurre entre las manos. El tiempo todo lo da y todo se lo lleva. Me sale mi primera arruga. Mis propósitos a medida que pasa el tiempo.

Empezamos a pensar en la maternidad. Busco información al respecto. Busco bollomadres. Como Cynthia Nixon. La espera se hace larga. Algunas experiencias son realmente desagradables. Pero mi bruja puede con todo. ¡Por fin lo conseguimos! Primeras ecografías. Ahora toca hacerse a la idea. ¡Va a ser niña! Primeras reacciones ante nuestra familia. Mucho en lo que pensar.

Confecciono una lista negra. Con Ismael Álvarez. Con Sergi Xavier Martín Martínez. Con Miguel Carcaño. Con Roman Polanski. Con PETA.

Lucho contra la gordofobia. Empiezo un listado de gordas ilustres: Holley Mangold. Beth Ditto. Mo'Nique. Y muchas más. Y es que no tengo tiempo para la operación bikini. Maldita y dañina gordofobia. Debemos reencontrarnos con la belleza que nos han robado.

Republicana siempre. Hasta cuando cocino.

Hago tarta de pacana. Y pastel de zanahoria. Y glögg. Y galletas de jengibre. Y pavo relleno.

Os hablo sobre mi club de lectura. ¿Queréis saber cómo se organiza uno?

¡Me gusta la Navidad! Es tan victoriana... Hasta hago mis propias cestas, mucho mejores que las que dan en las empresas.

En soledad encontramos compañías insospechadas.

Pongo un poco de poesía lésbica en vuestras vidas: Safo. Sor Juana Inés de la Cruz. Amy Lowell. Gertrude Stein. ¡Pocas mujeres versifican como ellas!

Anuncio que me caso (con ella, claro). Emprendo los infernales trámites. Y por fin llega el día. ¿Queréis ver algunas fotos?

Os invito a ver un documental estremecedor y necesario. Y un cortometraje animado deliciosamente antitaurino.

A veces me pongo terrorífica.

Otras, filosófica: 1. 2. 3...

2010 es el año del calendario literario: enero, febrero, marzo, abril, mayo...

Muchas gracias por haberme acompañado en este viaje. No os bajéis aún del tren, que ahora vamos hacia el futuro...

jueves, 3 de junio de 2010

Obituario: Rue McClanahan

Hay una línea muy fina que separa el pasárselo bien y el ser una mujer fácil. Lo sé. He puesto mi pie en esa línea alguna vez (Blanche Devereaux).

Hoy ha muerto Rue McClanahan, la actriz que interpretaba a Blanche Devereaux en Las chicas de oro (The Golden Girls), serie estadounidense de gran éxito que se emitió de 1985 a 1992.
Las chicas de oro fue una serie divertida y entrañable, sí, pero también supuso una revolución feminista que deja por los suelos a otras más contemporáneas como Sexo en Nueva York (Sex in the City).
El argumento era el siguiente: cuatro mujeres mayores comparten una casa en Miami. Son Blanche Devereaux, que, como bien dice el artículo de El País de hoy, “abrazó en su madurez la revolución sexual: liberada, despreocupada, independiente, nunca atada al qué dirán”, Rose Nylund, de una inocencia abrumadora retratada en sus absurdas historias acerca de su pueblo, St. Olaf, Dorothy Zbornak, mujer algo masculina de aspecto y con un genio de fuego y su madre, Sophia Petrillo, mordaz siciliana siempre aferrada a su bolso y cuyo aspecto de viejecita dulce engañaba a todo el mundo.
Los episodios solían tener un formato similar: las chicas se metían en algún lío y para solucionarlo se reunían en la mesa redonda de la cocina (¿quién no ha soñado con tener una igual?) a comer tarta de queso y contarse historias cuya moraleja les aportase alguna idea para solucionarlo. Como ya he dicho, las de Rose sobre St. Olaf no solían tener ningún sentido. Sophia siempre empezaba, como recordaréis, de la siguiente forma: “Sicilia, 19—“. Por otra parte, las de Blanche solían tener que ver con sus affairs.
Las chicas de oro fue una serie polémica porque sus protagonistas tenían más de cincuenta años y aún así eran sexualmente activas. Además, en una época en la que aún no se hablaba mucho de estas cosas, ellas asistieron a una boda gay (la del hermano de Blanche) e incluso hablaron del SIDA cuando Rose se hizo la prueba por temor a una transfusión de sangre que le habían hecho. “¡El SIDA no es una enfermedad que afecte a mala gente, Rose!” –le dice Blanche- “¡No es el castigo de Dios a los pecados de nadie!” Otros temas que se trataron en la serie fueron el sexo seguro y los preservativos, el síndrome del nido vacío, envejecer, el machismo, la donación de órganos, la violencia de género, la ludopatía, la inseminación artificial, los derechos de los animales y la demencia senil. Como veis, fue un programa realmente transgresor e innovador.
Lamentablemente, ya solo queda una chica de oro, la fantástica Betty White, quien interpretaba a Rose. Estelle Getty, que hacía de Sophia, murió en 2008 y Beatrice Arthur, Dorothy, en 2009. Hoy hemos perdido a la inimitable Rue McClanahan, quizá la que tenía el papel más controvertido de las cuatro.
Sirva este vídeo como recuerdo cariñoso.

martes, 1 de junio de 2010

Pensamientos bollomaternales

La maternidad es algo que haces que suceda y que te sucede a ti al mismo tiempo (De For Lesbian Parents, por Suzanne M. Johnson y Elizabeth O’Connor).

Puesto que hoy es el Día de los Blogs de Familias Homoparentales, he decidido recopilar algunos de mis pensamientos al respecto. Esto es más bien un cóctel de cosas que he ido apuntando por aquí y por allá, siento el caos. Os invito con estos guiones a reflexionar y a compartir vuestras propias reflexiones.
Otra cosa que querría aclarar es que escribo desde mi experiencia vital como mujer lesbiana, sí, pero blanca, de clase media y española, país que (al menos de derecho, aunque no siempre de hecho) reconoce los derechos de las personas LGTBQ. Esto quiere decir que dentro de este mundo tan heterosexista, me puedo considerar una privilegiada.

-Nombrarnos: Nuestras nuevas familias (y el adjetivo “nuevas” no quiere decir que empiecen a existir ahora ni mucho menos, sino que es actualmente cuando comienzan a ser reconocidas) exigen nuevos nombres para llamarnos. Padre, madre, donante, copadre, comadre, mami, papi, mamá, papá, madre biológica, madre/padre/hija/hijo del corazón… y así hasta el infinito. Lo importante es que llevemos esos nombres con orgullo y transmitamos a los demás que para nosotros y para nuestros niños estos nombres escogidos son muy importantes y deben ser respetados. Nuestras familias son eso, nuestras. Nunca contentaremos a todo el mundo con la forma de nombrarnos que elijamos, pero tampoco es nuestra responsabilidad hacerlo: escoge el nombre que te haga sentir cómoda y punto.
-La verdadera madre: ¿Y quién es la verdadera madre?, pregunta mucha gente… el hecho de decir el adjetivo verdadera en lugar de biológica demuestra lo difícil que es para algunas personas salirse del modelo heterosexual de procreación. Pero nuestras familias no forman parte de ese modelo y en nuestro caso lo verdadero siempre viene de la mano del amor, que es lo que le otorga autenticidad.
-Los pilares de tu familia: Cuanto más trabajes en la solidez de tu familia antes de que nazca tu bebé, más terreno habrás ganado cuando éste llegue al mundo. Muestra con claridad ante el mundo tu visión de familia así como con tus elecciones, para ir sembrando ese respeto y esa visibilidad que quieres para tu hijo.
-El mayor regalo: Las familias LGTBQ son familias construidas siempre voluntariamente y contra viento y marea. Un niño o niña que nace en una familia homoparental ha sido buscado, planificado, deseado y amado desde antes de ser siquiera concebido. Ése es el mejor regalo que se le puede hacer a un hijo o hija.
-Presunción de heterosexualidad: Cuando menciones a gente que no te conoce que estás formando una familia o, en el caso de ser la madre biológica, vean que estás embarazada, ten por seguro que presupondrán que eres heterosexual. Si tienes pareja y permaneces en el armario en estas situaciones, ten en cuenta que estás silenciando a la otra madre de tu hijo.
-Justificaciones: A muchas de nosotras se nos pide que justifiquemos nuestra decisión de ser madres de una forma que nos cuestiona como jamás se hace con las parejas heterosexuales, a quienes no se les suele exigir que den validez a sus elecciones familiares.
-Controlar el armario: Recuerda que si eliges ser bollomadre pierdes por completo el control de con quien estás en el armario y con quién no, a no ser que quieras despreciar a la otra madre y a tu hijo negándolos. Piensa en como va a afectar esto en terrenos tan complicados como tu trabajo o tu familia.
-Roles: Las familias homoparentales tenemos la oportunidad de terminar con el sexismo. Bueno, todas las familias la tienen, pero en nuestro caso, el hecho de que una pareja sea del mismo sexo invita a crear nuevos papeles familiares que no tengan que ver con nuestro género.
-El armario infinito: Las salidas del armario son constantes e infinitas en una familia homoparental: con el resto de la familia, en el médico, el mismo día que vas a parir, en la agencia de adopción, en el trabajo, en el colegio de tus hijos, en el pediatra, con las familias de sus amiguitos… y en el futuro con sus parejas, familia política, en su entorno… nunca se deja de salir del armario.
-La doble tarea: Las madres lesbianas tenemos una doble tarea maternal, la de preocuparnos por las mismas cosas que todas las madres –las notas, la salud de nuestra prole, si come o no come y todas esas cosas- y, como lesbianas con hijos, la de preocuparnos por nuestros derechos morales y legales así como por nuestra salud emocional. Por tanto, las familias homoparentales tienen sus propios temas y es por ello que necesitamos más libros, más investigación y más visibilidad. Las publicaciones para madres que hay hasta ahora no suelen tenernos en cuenta y por ello yo las considero revistas y manuales heterosexuales.
-El desafío: Las familias homoparentales desafiamos ni más ni menos que el pilar fundamental en el que se ha cimentado la familia hasta ahora: las relaciones de sangre. Estas dejan de ser un factor a tener en cuenta, o al menos no es un factor prioritario. La maternidad deja de describir un hecho biológico y pasa a ser un modo de relacionarse.
-Los modelos: Contar con pocos modelos familiares a seguir puede resultar ventajoso a la hora de elegir cómo conformar nuestra familia y construir relaciones más igualitarias entre las parejas y sus hijos. Experimenta para encontrar el sistema familiar con el que más cómoda te sientas. ¿Quién sabe? Tal vez se convierta en un modelo de familia en el futuro. ¡Recuerda que son las experiencias las que construyen las realidades!
-Amplitud de miras: Nuestra perspectiva suele ser mucho más amplia porque hemos aprendido el modo heterosexual de ver el mundo, puesto que hemos sido educados en él, así como nuestro modo de vida lésbico (e incluso un tercero debido a tu raza o religión, por ejemplo). Tener más de una forma de ver el mundo nos da una conciencia distinta y, ojalá, más abierta y amante de las diferencias.
-Homofobia y maternidad: la homofobia adquiere un nuevo significado cuando está dirigida hacia nuestros hijos.
Fotografía de Lisa Kanemoto

Día de los Blogs de Familias Homoparentales

Hoy es el Día de los Blogs de Familias Homoparentales, que surge a través de Mombian, una fantástica web de bollomadres estadounidenses. No estaría mal que lo secundásemos a través de los blogs españoles y latinoamericanos para que también nuestras voces se escuchen, ¿verdad?
Por si alguien quiere participar, estos son los requisitos:
-Escribe un post sobre familias LGTBQ el 1 de junio (es decir, hoy).
-Completa el formulario de este link para remitir tu blog (está en inglés, pero se entiende perfectamente).
-Mombian mostrará posteriormente tu blog en su web. Os recuerdo que en Estados Unidos hay una gran comunidad hispana, por lo que seréis leídas y comprendidas también allí.
Asimismo, podréis encontrar en el enlace que os he dado, imágenes sobre este día para descargar y poner en vuestro blog, perfil de Facebook, etc.
¡A escribir, gente!

domingo, 30 de mayo de 2010

No, no da igual

Si me diese la vuelta cada vez que alguien me llama maricón, tendría que caminar hacia atrás, y no me da la gana de caminar hacia atrás (Harvey Milk)

Una vez, cuando quedaba una semana para mi boda, pasé por el barrio donde había vivido desde que nací hasta que me emancipé y me encontré con una vecina ya anciana. Tras los saludos de rigor me preguntó por toda mi familia: y cómo están tus padres, y tal hermano, y tal sobrina… finalmente me tocó el turno y el diálogo fue como sigue:
-¿Y tú? ¿Estás casada?
-No, yo no. –Respondí.
-Bueno, eres muy joven, ya llegará. –Comentó ella con la enorme sonrisa cómplice que se les dedica a las chicas casaderas.
Al contrario que si hubiera tenido un novio “como dios manda”, no le aclaré que tan solo quedaban unos días para mi boda, ni que estaba felizmente enamorada, ni que mi pareja era la mujer más maravillosa sobre la faz de este planeta.
Seguí mi camino frustrada por esa mezcla de cobardía y pereza que me invade en las ocasiones en las que he de explicar mi familia ante la gente cuyo grado de homofobia desconozco. Las respuestas del mundo frente al hecho de que seamos una pareja de mujeres van desde la discriminación pura (¿os acordáis?) y las miradas de desprecio (las más minoritarias, afortunadamente, al menos en nuestro caso, pese a que el otro día recibimos una) hasta la más completa normalidad, que tanto alivio nos produce. Pero entre estos dos extremos hay un montón de variaciones a las que nos tenemos que enfrentar cada día.
Desde el primer momento, mis padres han sido increíblemente modernos, mucho más de lo que me esperaba. Tened en cuenta que mi padre nació en 1930 y mi madre en 1936. Pero siempre han aceptado a mi bruja como una nuera más, sin hacer ningún tipo de distinción con respecto a mis demás cuñados y cuñadas. Más sorprendente aún me resultó cuando les comenté que estábamos intentando ser madres y que mi bruja iba a ser la biológica. No esperaba que lo comprendiesen tan bien, ni que sintiesen a este bebé de la misma manera que a sus demás nietos. Pero su respuesta fue sencillamente: ¡Hombre! ¡Y nosotros que pensábamos que ya no íbamos a tener más nietos! ¡Pero qué alegría! Entonces será el decimosegundo nieto, ¡qué bien! Aunque, en general, mis hermanos y hermanas han vivido mi matrimonio y maternidad con una normalidad similar, creo que incluso les ha costado comprenderlo más a ellos que a mis padres, con eso os digo todo. Con mi familia política he tenido la misma suerte. ¡Mi mujer y yo podemos considerarnos afortunadas!
No obstante, el problema viene cuando mi madre tiene que enfrentarse a gente con la que no tiene mucha confianza o de la que desconoce por dónde van sus “convicciones morales”. Si yo reaccioné de ese modo cuando charlaba con mi vecina, que me importa un pimiento, ¿cómo puedo condenarla a ella por ocultar a algunas personas que su hija está casada con otra mujer? Una vez le oí decir a una de las veraneantes con las que coincide siempre en la playa que mi bruja era “mi compañera de piso” y ayer mismo, en la comunión de una de mis sobrinas, le dijo a una señora que era “una amiga de la familia”.
Esta señora ya debía saber por mi hermana –la madre de la niña que hacía la comunión- que yo era lesbiana, por lo que intuyó quién era mi bruja, pero se hizo la loca. Dio la casualidad de que me tocó sentarme a su lado y, para arreglar el malentendido, se la presenté como mi mujer. Ella se aturulló, pues hubiera estado mucho más cómoda si hubiésemos continuado la farsa de la “amiga de la familia”, y movió la mano como diciendo “no importa, da igual”, del mismo modo que si la hubiera pisado sin querer y le estuviese pidiendo perdón.
Pero claro que importa, es mi mujer, si hubiera sido mi marido estaría encantadísima de conocerle.
En la mesa se habló mucho de bebés (pues como suele suceder en este tipo de eventos, por allí había unos cuantos), pero en ningún momento se mencionó que mi bruja, quien ya tiene una tripa considerable, y yo, íbamos a tener uno. La pobre estaba sentada allí delante con su enorme embarazo mientras las madres se aconsejaban unas a otras sobre puericultura casera sin ni siquiera dirigirle la palabra ni llenarla de consejos como suele hacerse con las embarazadas. Una especie de acuerdo que ninguna de las dos habíamos firmado había silenciado nuestra familia en esa bonita tarde de mayo.
La reacción de “no importa, yo soy super tolerante” es una de las más comunes. Una vez, mi bruja se encontró con una amiga de su infancia y me la presentó. Ella le dijo:
-El otro día precisamente vi a tu hermano y me cotilleó que te habías casado.
-¡Y además con una mujer! –añadí yo en el tono con que se cuentan los chismes, obviamente en plan de broma.
La amiga de mi bruja se puso nerviosa.
-No, no, si a mí eso me da igual, de verdad…
No sé cómo explicar la sensación que siento cuando alguien te dice cosas así. Lo hacen con toda su buena intención pero en lugar de normalizar la situación, alegrarse por ti, etc., lo que provocan es la impresión de que te están dando permiso para existir con la magnanimidad de quien tiene el poder de no concedértelo.
También se ha producido una situación “interesante” en las ocasiones en que hemos contado a la gente que nuestra hija va a llevar mi apellido primero, en lugar del de la madre biológica. A pesar de que si esta hubiera estado con un hombre jamás se hubiera cuestionado el tema, a mi bruja le han llegado a recriminar:
-¿Pero cómo le vas a hacer eso a tu padre?
Otra de las reacciones ante nuestra familia es la de preguntar cosas verdaderamente íntimas. Imaginad, por ejemplo, que una pareja heterosexual anuncia que van a ser padres y la gente les empieza a preguntar que cuándo echaron el polvo por el que ella se quedó embarazada, que si les ha costado muchos intentos, que si han pensado ya en el rol que va a tener cada uno en la educación del bebé, bla bla bla.
Pues he aquí algunas de las preguntas que nos han hecho personas con las que ni siquiera tenemos mucha confianza:
-¿Y tú vas a ser el padre, otra madre, o qué? (a mí).
-¿Y al donante de semen le conocéis, o es anónimo?
-¿Cómo te has quedado embarazada? (a mi bruja).
Imaginad ahora que a la pareja heterosexual que está esperando un bebé le empiezan a contar las cosas malas que pueden ocurrirles a ellos o a su futuro hijo y a juzgar la educación que éste o esta va a recibir. Pues, no me los invento, esto son comentarios que hemos recibido nosotras:
-¡Pobrecito, si es varón, en una casa tan de mujeres!
-¿Y si necesita una figura paterna? Lo pasará muy mal.
-¿No le vais a bautizar? Aunque a vosotras la iglesia no os acepte, a él sí.
-¿Y si se burlan de él en el colegio?
-¿Y si quiere conocer a su padre (incluso cuando repetimos una y mil veces que nosotras no le llamamos padre, sino donante)?
-¿Os disgustaría que saliese heterosexual?
-Vuestra casa tiene que ser una pesadilla con una embarazada y la otra con la regla, ¿no?
Por favor, no os imaginéis a rancios ultraconservadores haciendo este tipo de comentarios y preguntas, muchos de ellos son de izquierdas y de nuestra edad.
Otra de las reacciones más usuales es la de la resignación, como diciendo “podría ser peor”. Hace unos meses, una familiar se me acercó en no sé qué evento y me dijo:
-Oye, enhorabuena, que me enterado de que te has casado.
-Muchas gracias –respondí yo.
-Bueno, -añadió ella encogiéndose de hombros en un gesto de "qué se le va a hacer"- mientras sean cosas alegres, que el mundo está fatal…
Obviamente, no hubiera reaccionado de la misma forma si me hubiese casado con un hombre. Entonces todo habrían sido abrazos, enhorabuenas, cómo os conocisteis y preséntamelo…
Cuando pienso en estas cosas me entra una rabia profunda que casi me corta la respiración y que me impide conciliar el sueño. No puedo ni imaginarme cómo será para otra gente que no tiene un solo apoyo en su entorno, ya ni digamos en otros países donde ni siquiera la ley está de su parte.
Estoy harta. Harta de sentirme a veces sin fuerzas para hablar de mi familia, harta de tener que defender a capa y a espada lo que a otros se les celebra, harta de que la gente piense que tienes que disculparte por irrumpir en su club privado de familias o darles las gracias por aceptarte en él.
Cuando una pareja de lesbianas tiene un hijo, pierde totalmente el control de estar dentro o fuera del armario, pues si ocultase su modo de vida estaría obligando al niño o niña a mentir sobre su familia o a sentirse acomplejado por ella, además de estar negando a la otra madre.
Ayer hablábamos mi bruja y yo de que por nuestra hija siempre iremos con la cabeza alta, orgullosas de quien somos y transmitiéndole a ella ese orgullo. Le daremos dosis extra de amor para que compensen la ignorancia que muchas veces le rodeará y le presentaremos a más madres lesbianas y niños con dos mamás para que sepa que forma parte de una comunidad maravillosa. A quien no nos acepte o tenga problemas con nosotras le expulsaremos de nuestras vidas, ¡ellos se lo pierden! Será una persona muy querida y espero que ello supere con creces la frustración que no hay duda de que sentirá de vez en cuando.
Importa, claro que importa, importan todas las preguntas, todos los comentarios, todos los juicios, todas las miradas, importa todo. ¡Que no somos de piedra! Afortunadamente, las heridas lo único que hacen es fortalecernos y reafirmarnos en lo privilegiadas que somos de estar formando una familia tan asombrosa.

Las siguientes imágenes son una creación de las artistas Deborah Kelly y Tina Fiveash. La traducción, debajo de cada una de ellas:
¡Eh, hetero! Puedes hacerlo con los ojos cerrados. ¡Sin miedo! ¡Sin peligro! ¡Sin preocuparte!
¡Eh, hetero! Cuando dicen familia, ¡se refieren a ti!
¡Eh, hetero! La violencia hacia los heterosexuales es de un 0.05% en los ataques motivados por la sexualidad.
¡Eh, hetero! Ten un bebé sin necesidad de un debate nacional al respecto.
¡Eh, hetero! Privilegios para los socios. Aceptados en todo el mundo.¡Eh, hetero! Cásate porque ¡puedes hacerlo!