Aquí me tenéis, entre otras maravillosas personas de la asociación Galehi, participando en el proyecto de apoyo a la juventud lgtb It Gets Better.
lunes, 4 de junio de 2012
¡Todo va a ir mejor!
Aquí me tenéis, entre otras maravillosas personas de la asociación Galehi, participando en el proyecto de apoyo a la juventud lgtb It Gets Better.
jueves, 12 de abril de 2012
País-fénix
Recortes y represión. Una fórmula históricamente de libro. Quizá lo inaudito del caso de España es que desde que murió Franco, aquí se había ido forjando un deseo de modernidad que hasta ahora nos hacía dar generalmente pasos hacia delante. Que el PP –esclavo del mercado, sí, pero pongamos nombre a ese esclavo voluntario, es de ley- nos quiera quitar tanto es inaudito y mi única esperanza es que esto haga que nos unamos, tomemos las calles, detengamos esto que ya está sucediendo. No es imposible, la gente ha conseguido cosas aún más grandes.
El momento es ahora. Ellos por fin han puesto las cartas sobre la mesa y tenemos que decidir quién queremos que escriba la historia y qué título debe llevar el capítulo de nuestro paso por el mundo. sábado, 31 de marzo de 2012
OBITUARIO: Adrienne Rich (1929-2012)
En 1976, habiendo dejado a su marido y padre de sus tres hijos, salió del armario e inició una relación con la que sería su pareja durante toda su vida, Michelle Cliff, una escritora de origen jamaicano. Eran tiempos muy hostiles para las lesbianas, incluso dentro del movimiento feminista. Ese mismo año publicó Veintiún poemas de amor (Twenty-one Love Poems), su homenaje al amor lesbiano. lunes, 7 de febrero de 2011
Diccionario de la RAE, esta mañana (me quedo con el plato puertorriqueño)
Datos de contacto para realizar tus quejas, aquí.
martes, 2 de noviembre de 2010
No me río
domingo, 31 de octubre de 2010
Propagando el odio: MARIANO RAJOY
sábado, 23 de octubre de 2010
Sugerencia de disfraz para Halloween
martes, 21 de septiembre de 2010
Hecha la ley, hecha la trampa


martes, 17 de agosto de 2010
Toda la vida juntas y toda la muerte también
Si no tengo amor, de nada me sirve hablar de parte de Dios y conocer sus planes secretos. De nada me sirve que mi confianza en Dios sea capaz de mover montañas.
Si no tengo amor, de nada me sirve darles a los pobres todo lo que tengo. De nada me sirve dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás.
El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable.
El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie.
No es orgulloso.
No es grosero ni egoísta.
No se enoja por cualquier cosa.
No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho.
No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad.
El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo.
Sólo el amor vive para siempre. Llegará el día en que ya nadie hable de parte de Dios, ni se hable en idiomas extraños, ni sea necesario conocer los planes secretos de Dios. Las profecías, y todo lo que ahora conocemos, es imperfecto.
(1 Corintios 13)
Pioneras y siempre involucradas en mejorar la vida de las lesbianas, Ina Mae y Stella pronto se convirtieron en modelos a seguir por las mujeres de su comunidad y por muchas lesbianas de Estados Unidos, reivindicando los derechos de estas así como la existencia de las madres lesbianas.
Ina Mae tuvo un papel muy activo en Affirmation, un colectivo lgtbq mormón, siendo la única mujer en liderarlo, mientras que ambas formaban parte de un grupo de lesbianas mayores llamado Women Over 50 and Friends. Asimismo, fueron fundadoras de Lavender Seniors, un colectivo lgtbq de la tercera edad.
Stella siempre fue feminista, nunca se cansaba de llamar la atención a cualquiera que hiciera un comentario sexista. Antes de que se extendiese la práctica, ella ya promovió el reciclaje en su entorno. Tanto Ina Mae como Stella participaron en muchas organizaciones caritativas. Ambas tenían un gran sentido del humor y hacían amigos por donde quiera que fuesen. Les encantaba viajar y fueron pasajeras en muchos de los cruceros Olivia, ya sabéis, esos para lesbianas que salían en The L Word y con los que todas hemos fantaseado.
Ina Mae y Stella estuvieron siempre, pues, dedicadas a hacer un mundo mejor para todos, en especial para las lesbianas.
Este verano, exactamente el día 17 de julio, ambas mujeres regresaban de una reunión familiar. Ina Mae iba al volante cuando sufrió un devastador ataque al corazón que la mató prácticamente al instante. Stella vio que su coche se precipitaba contra unos peatones, con lo que agarró como pudo el volante y decidió precipitarse contra una camioneta para salvarles la vida. Los peatones no sufrieron ningún daño y el conductor de la camioneta tan solo heridas leves, pero la valiente Stella no pudo sobrevivir al accidente.
Murieron juntas, tal y como habían vivido.
Fuera de su comunidad eran unas desconocidas, pero yo quiero rendirles un homenaje en La Letra Escarlata porque su pequeña aportación ha hecho del mundo un lugar mejor y porque su valentía al vivir siempre abiertamente su sexualidad ha hecho que todas nosotras, estemos en el lugar del planeta que estemos, seamos un poquito más libres.
En honor a Ina Mae Murri y a Stella Lopez-Armijo, ni un armario más. Vamos, chicas, todas fuera, se lo debemos.
martes, 27 de julio de 2010
Confesiones de una madre del corazón
Una madre del corazón es una madre no biológica. La expresión viene del propósito de evitar el empleo de una negación para nombrarnos, así como de otra utilizada previamente en el contexto de la adopción, en el que a los niños adoptados se les denomina hijos del corazón. Asimismo, al igual que cuando alguien adopta, la palabra corazón indica un deseo muy fuerte que otorga a estas madres –lo mismo que a los hijos adoptivos- la misma validez simbólica que a las biológicas.
Dicho esto, queda claro que ninguna de las dos madres lesbianas es más verdadera que la otra por lo que la pregunta que late muchas veces frente a una pareja de mujeres con un hijo, “¿cuál es la verdadera madre?”, queda completamente anulada y con ello todo tipo de justificaciones y de preguntas que no vienen al caso y que no se formulan nunca a una pareja heterosexual (aquí escribí más sobre este tema).
Las familias lesbianas desafían el concepto mismo de familia establecido por el sistema, al fundamentar sus pilares en el amor y no en la biología. Por supuesto, no son las únicas que lo hacen –heterosexuales rebeldes, gays y todo tipo de queers pueden seguir y de hecho siguen esta tendencia-, pero estoy escribiendo acerca de nosotras y no de otras familias.
Después de esta pequeña introducción, confesaros (que para eso he puesto este título) que tal vez este sea uno de esos posts difíciles que me salen del alma y que me cuesta mucho escribir porque lo personal, lo visceral, se mezclan con lo político y, como esto va de corazones, las letras me salen de muy adentro y las sensibilidades de esta que escribe y de muchas personas que me leen pueden verse afectadas. Incluso la de mi mujer, con quien tengo la suerte de poder dialogar sobre todo lo que sentimos, pero que esto no evita que el verlo escrito y ordenado no deje su alma un poco tocada.
Ella es la que está embarazada, por lo que sus vivencias de estos dos años que llevamos en el proceso coincidirán en ocasiones con las mías, pero en otras no. Muchas de las experiencias de las mujeres en estado están recogidas en libros y los grupos de preparación al parto (preparación que nosotras hemos hecho en Inanna, no nos cansamos de recomendarlo) también ayudan mucho. Otras de sus experiencias –como lesbiana embarazada o como mujer sometida a un duro proceso de reproducción asistida sin tener problemas de fertilidad, sino porque necesita el esperma- no aparecen en prácticamente ningún manual (al menos en España), como por ejemplo el hecho de que estar embarazada te haga pasar por heterosexual delante de todo el mundo y tengas que estar constantemente saliendo del armario con médicos, señoras del supermercado y tantas otras personas. Mi bruja tiene muchas cosas que decir sobre su experiencia, pero ella las dice a su manera y yo a la mía, que es mi blog.
Por fortuna, el tiempo que hemos intentado tener un hijo, así como su embarazo, no han hecho sino unirnos más. Por mi parte, el amor que siento hacia ella es más fuerte si cabe. La admiro, la respeto y no pasa un solo día que no me maraville su fortaleza, su cariño hacia mí y hacia ese bebé que crece dentro de ella, su buena cara incluso en los momentos en los que ha estado realmente molesta y su paciencia infinita hacia todos en momentos y personas que ha mí me han indignado o llenado de rabia. TE QUIERO BRUJA.
Pero como esta parte de mí, que es lo enamoradita perdida que estoy, ya la sabéis de sobra por este blog que a veces es tan cursilón, paso a escribir sobre eso de lo que quería hablar hoy: la soledad de las madres del corazón. A lo mejor estoy generalizando mucho y las hay que no sienten nada de lo que voy a contar, me encantaría que si es así participaseis en los comentarios de esta entrada contando vuestras experiencias. Al menos creo que verbalizarlo es un acto importante en esta sociedad donde estamos tan invisibilizadas.
Capítulo 1: Queremos ser madresQueremos ser madres y por eso nos empezamos a informar. Nuestra prima Mamen nos presenta a una chica que lleva tiempo intentando ser madre soltera por elección y que está en una clínica de reproducción asistida que nos recomienda, así que pedimos cita allí.
Hemos decidido previamente que la primera en quedarse embarazada sea mi bruja, porque ella trabaja fuera y yo en casa, por lo que cuando le den la baja de maternidad podremos estar las dos con el bebé. Como queremos tener más de un hijo, la siguiente seré yo (así que en un futuro y si todo sale bien, estaré contando en La Letra Escarlata la otra cara de la moneda).
Puesto que en ese momento no estamos casadas, en la clínica yo soy la tipa que se sienta ahí mientras hablan a mi bruja y le hacen firmar papeles. Entonces nos empiezan a entrar los siete males porque yo no tengo ningún derecho, cuando nazca el bebé yo no soy legalmente nada para él, si a mi novia le pasa algo yo no tengo ninguna capacidad de decisión y todas esas cosas… Es por ello que decidimos casarnos. Siento que suene poco romántico, pero es así (luego la boda fue tan emocionante que nos alegramos mucho en otros sentidos, pero en un primer momento la decisión se tomó por eso).
Me parece indignante que una pareja heterosexual no necesite estar casada para inscribir a un bebé a nombre de los dos, sin hacer ningún tipo de prueba de paternidad al hombre, y en cambio nosotras tengamos que llevar, el día del registro, prueba de que estamos casadas y de que el bebé ha sido concebido por reproducción asistida (porque esa es otra, en España tiene que ser por reproducción asistida, si no, olvídate de que legalmente sea hijo de las dos aunque estéis casadas), y luego, claro, depender de que el funcionario del Registro que te atienda esté informado y no te ponga pegas porque no tiene ni idea del tema y tengas que montar allí, en los días que se supone que tienen que ser tan felices porque ha nacido tu bebé, el pollo del año.
Los tratamientos de reproducción asistida son muy duros para la persona que los sufre en sus propias carnes: hormonación, abrirte de piernas delante de alguien todas las semanas, la medicalización de algo tan poco médico como crear un bebé… por no decir que cada intento se vive como un embarazo, porque te tienes que cuidar igual, y cada resultado negativo se siente casi como un aborto. En fin, que a lo tonto mi bruja es como si llevara dos años embarazada.
¿Y para mí, su mujer? Esperas nerviosas y decepciones compartidas con ella con cada resultado negativo y, personalmente, mucho guardado en mi interior (miedo a que nunca lo logremos, miedo a que se nos acabe el dinero, miedo a que ella se harte del proceso y quiera dejarlo, miedo a que sufra, a que le hagan daño o a que tanta hormona afecte a su salud) para que ella no me lo notase y poder animarla. También la frustración de no poder darle yo ese esperma, que no tiene nada que ver con querer ser un hombre, sino con la rabia de tener que depender de un pedazo de negocio boyante como es la reproducción asistida. Y por supuesto, las preguntas, las preguntas de la gente que dice padre en lugar de donante, que se mete con cosas tan íntimas que no sabes ni cómo pararles los pies, que no lo hace con mala intención pero que no son capaces de ver tus fantasmas…
Y también ilusión, claro, porque aquí estoy contando solo lo negativo, pero en todo momento ha habido una magia especial, la de la perspectiva de ese ser abstracto con el que soñamos y de estar dispuestas a amarlo juntas. Esas noches en vela hablando del futuro, esa anticipación emocionante que nos hacía apretarnos la mano con fuerza.
Capítulo 2: La mujer invisibleEn este post escribí acerca de la terrible experiencia que supuso la fecundación in vitro de mi mujer. Poco me imaginaba yo que el trato recibido aquél día fuera un aviso de todo lo que iba a vivir a continuación como madre del corazón.
Qué ilusas fuimos, pensábamos que con casarnos el trato discriminatorio acabaría, que todo el mundo se dirigiría a mí del mismo modo que lo hacen con los maridos, que a ese respecto no tendríamos ya que preocuparnos más.
Un inciso para decir que, aunque ahora vaya a contar aspectos negativos de muchos médicos, también nos hemos encontrado en este camino con profesionales cariñosos y respetuosos de los que siempre me acordaré. Incluso supongo que muchos de los que nos han hecho “feos” simplemente carecen de herramientas para hacerlo mejor y lo que deben hacer es aprenderlas, pero que tal vez no tenían tan mala intención como parecía. Admiro a los doctores/as y enfermeros/as en general, son gente que se pasa muchas horas al día ayudando a la gente.
Pero en fin, como os contaba, madre mía, ahora lo pienso con una sensación similar a la ternura que inspira la inocencia de los niños… ¡qué ilusas éramos! En ninguna consulta, aunque me haya presentado como la mujer de la embarazada, han parecido oírlo. Nunca me han mirado, todo se lo explicaban a mi bruja, todo se lo preguntaban a ella, han llegado hasta a hablarle de “tu marido” estando yo delante… No me han dicho nada, ni agradable ni ofensivo, simplemente me han ignorado por completo. Vamos, que he sido tan invisible que he podido hasta ponerme a grabar las ecografías con el móvil aunque no estuviese permitido, porque directamente no me veían. Tal vez no os lo creáis, es una sensación muy extraña, llegué a pensar muy en serio ponerme a cantar a voz en grito o a quemar mi sujetador con el pleno convencimiento de que seguirían sin mirarme, como si hacerlo les convirtiera en estatuas de sal. Así ha sido hasta el día de hoy, en que mi bruja está embarazada de siete meses.
En enero nos enteramos de que por fin lo habíamos conseguido. Hubo quien le dio la enhorabuena solo a ella. Hubo quien nos la dio a las dos.
Y después de eso, los ¿qué tal estás? van casi siempre dirigidos a ella.
No me malinterpretéis, es ella la que se está llevando lo peor: náuseas, ciática, un bombo con el que cargar en los calurosos días de verano… Pero yo también necesito voces amables que me pregunten qué tal lo llevo y qué siento.
El papel de la pareja de una embarazada, sea hombre y mujer, debe ser el de ocuparse de toda la logística para que ella pueda ocuparse de estar sana y de que el bebé lo esté. Por ejemplo, la tarea de hacer la comida es fundamental porque es una forma de alimentar y cuidar tanto a ella como a nuestro bebé. También limpiar la casa, hacerle masajes… yo lo he hecho todo encantada porque así me he sentido partícipe del embarazo y no una mera espectadora.
Puesto que yo también soy una mujer, su revolución hormonal ha afectado mi cuerpo y mi alma. Pero yo soy la cuidadora y en cierto modo, la cheerleader emocional de la pareja en estos momentos, con lo que muchas veces he tenido que ignorar mis propios sentimientos y miedos para poder ayudarle a ella a sobrellevar los suyos, puesto que todo lo que pase en su cuerpo, le está sucediendo también al bebé. Y porque bastante tiene ella ya, mi pobre brujita…
Hasta que llega un momento, de cuando en cuando, en que alguien me dice una palabra suave y amable, y entonces me echo a llorar como una magdalena porque no me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba oír algo así, ser reconocida. Porque de pronto me doy cuenta de que he construido una coraza de esposa valiente y no he sabido recurrir a mi gente ni mi gente ha sido consciente de que tenía que saltar el muro que yo había levantado sin darme cuenta. Y es que el miedo y el cansancio y todas esas cosas que no debes decirle a tu pareja en ese momento, son para hablarlas con las personas cercanas y no para guardarlas dentro.
Cultural y socialmente, el papel del marido de una mujer embarazada está reconocido y es más fácil que encuentren apoyo, pero el de mujer de una mujer embarazada, ese poca gente lo entiende y como en tantas otras cosas, nos convertimos en pioneras sin comerlo ni beberlo.
Para colmo, claro, tienes las mismas preocupaciones que cualquier futura madre: ¿lo estamos haciendo bien? ¿qué debe comer una embarazada? ¿y si lo perdemos? ¿qué significa esto que está sintiendo mi bruja, es algo malo? ¿cómo evitar las náuseas? Bla, bla, bla… Buscas información en libros y revistas y ¡sorpresa! Nada es neutro, NADA. En todos los artículos y tratados se habla de “el futuro papá” y de “tu marido”. Te vuelves una experta en ignorarlo, en encajar tus experiencias en las de esa pareja de chico y chica tan feliz de la foto y te preguntas: ¿pero qué les cuesta poner “la pareja (si la hay)”? Simplemente eso y el texto se vuelve universal y lo pueden leer mujeres con parejas hombres, con parejas mujeres o sin pareja.
En cierta ocasión escribí a la revista Embarazo Sano contándoles que me gustaba mucho la información que daban, pero que echaba de menos que hablasen de otro tipo de familias. Mi carta empezaba: “Me llamo Hester y estoy esperando un hijo, pero no estoy embarazada…” Fue carta del mes y me tocó un feeding bowl de Playtex (no me preguntéis que es esto porque aún no me ha llegado y bastante tengo ahora con aprenderme las tallas de ropa de bebé), pero dos números más tarde, siguen haciendo exactamente lo mismo.
Capítulo 3: Futuro cercano-Miedo 1: cuando vaya con mi mujer el día que vaya a dar a luz, ¿nos tratarán bien? ¿Tendré también ese día, que se supone que es tan feliz, que luchar para no ser invisible y que estar dando explicaciones todo el rato sobre qué hago allí? Supongo que no, porque hemos escogido un hospital donde parece ser que el protocolo tiene en cuenta a las “otras familias”. ¡Crucemos los dedos!
-Miedo 2: ¿lo sabré hacer bien en el parto? ¿sabré ayudar a mi bruja y soportar su sufrimiento?
-Miedo 3: ¿Qué sentirá mi bruja cuando yo diga que soy la madre de ese bebé, siendo ella la que ha pasado por la experiencia del parto? ¿tendrá alguna sensación negativa que ahora no se imagina, o ganas de poseer ella sola ese título?
-Miedo 4: los primeros meses, mi bruja dará el pecho a demanda a nuestro bebé, porque las dos creemos que es lo mejor. Eso significa que pasarán muchas horas juntas estableciendo su vínculo. Al principio habrá muchas visitas –lo cual es una suerte, a nuestra hija la va a querer un montón de gente- que también querrán cogerlo en brazos. ¿Sabré yo establecer el vínculo con mi pequeña en ese tiempo, me querrá, me reconocerá?
-Miedo 5: ¿tendremos algún problema en el Registro Civil?
Son temores que pueden resultaros algo absurdos. Además, está en mis manos hacerme respetar en el hospital o en el Registro, por ejemplo. Pero comprendedme, en ocasiones me veo débil y exhausta después de todo lo vivido. Creo que vomitar todo esto es, además de un acto político de visibilidad, una forma de quitármelo de encima para recobrar las fuerzas. ¡Que solo quedan dos meses! Estoy emocionada y feliz pese a este post algo sombrío, creedme.
Debajo, una pequeña guía para mamás del corazón.
Guía para mamás del corazón-Intenta conocer a otras madres del corazón para compartir experiencias. Por ejemplo, en la clínica de reproducción asistida, echa un vistazo a la gente –con el gaydar activado- para reconocer a alguna pareja bollo. Nosotras lo hicimos y ahora tenemos dos amigas maravillosas que también van a ser mamis.
-Busca una asociación de familias homoparentales. En Madrid, por ejemplo, está GALEHI. Es otra forma de compartir experiencias y sentir que no estás sola en el complejo camino de la bollomaternidad.
-Busca una preparación al parto inclusiva, donde reconozcan tu papel, ya sea en un hospital público o privado. Nosotras estamos felices con Inanna, totalmente lesbian-friendly.
-Desconecta en lugares donde te sepas reconocida y querida. Mi lugar de escape, por ejemplo, es Entredos.
-Lee blogs escritos por otras bollomadres. Aquí en La Letra Escarlata hablo mucho de mis experiencias como tal, pero hay muchos otros que encontraréis en mi blogroll.
-Yo he encontrado tres libros que me han ayudado muchísimo, pero están en inglés. Sin duda, deberían ser traducidos para todas. Si manejáis este idioma, no dudéis en haceros con ellos, sobre todo con el primero:
1-The New Essential Guide to Lesbian Conception, Pregnancy & Birth, por Stephanie Brill (Ed. Alyson Books)
2-Confessions of the Other Mother. Nonbiological Lesbian Moms Tell All!, editado por Harlyn Aizley (Ed. Beacon Press)
3-For Lesbian Parents, por Suzanne M. Johnson y Elizabeth O’Connor (Ed. The Guilford Press).
-Otros libros no dirigidos específicamente a lesbianas pero muy útiles para ponerse en la piel de tu mujer embarazada y saber ayudarla, o llevar a la práctica los consejos de apego con el bebé que recomiendan:
1-La revolución del nacimiento, por Isabel Fernández del Castillo (Ed. Granica)
2-Amar sin miedo a malcriar, por Yolanda González Vara (Ed. RBA)
3-Qué se puede esperar cuando se está esperando, por Heidi Murkoff (Ed. Medici)
Además de vuestras opiniones, siempre bienvenidas, podéis aprovechar la sección de comentarios para recomendar otros lugares, asociaciones, libros, etc. que penséis que pueden ser útiles para las madres del corazón. ¡Gracias!miércoles, 21 de julio de 2010
Una muestra
Mejor que te odien por lo que eres que amarte por lo que no eres (André Gide)
Es posible la esperanza. Eso nos dice esta página web con la que me he topado hoy, en la que mediante un sinnúmero de alentadores párrafos nos aseguran que una persona puede curarse de la AMS. ¿No habéis oído hablar de esa enfermedad? AMS, sí, Atracción hacia el Mismo Sexo.
Ellos mismos explican las diferentes secciones por las que podemos navegar si nos adentramos en su web:
Las tres primeras (Cultura de Muerte - Ideología de Género - Cultura Pro Gay) nos ofrecen un espacio de reflexión y análisis en relación al mundo en el que vivimos y el mundo que hemos de cambiar;
La cuarta sección (Autoayuda) nos ofrece un espacio en el que curar las heridas que se han manifestado en la AMS (Atracción hacia el Mismo Sexo);
La quinta sección (Madurar el Amor) nos ofrece un camino de futuro y esperanza en el que llegar a una Personalidad Madura, es decir, a una personalidad con capacidad de amor verdadero, de amor de Comunión y Solidaridad.
¡No podemos perdernos un sitio así! ¿Verdad? Tan solo una muestra de la cantidad de personas que aún siguen difundiendo su mensaje de odio y violencia por el mundo, que aún siguen creyendo que solo los matrimonios formados por un hombre que lleve la batuta y una mujer que trague con todo son válidos, que hacen que este lugar de tierras y mares sea hostil para tantas personas, que intentan que las vidas de nuestras hijas e hijos se vean sumidas en la miseria… menos mal que tenemos el suficiente amor como para que no lo consigan.
En fin, vamos a ayudarles con un pequeño ejemplo, el del matrimonio formado por Hester y Bruge, dos madrileñas enfermas de lesbianismo.
Tras varios años juntas, pensando que se amaban aunque en realidad estaban enfermas, Hester y Bruge se aprovecharon de la legalización del matrimonio homosexual en su país para casarse. ¡Qué atrevimiento! A su boda acudieron más de cien personas entre la familia y los amigos de ambas. Pero solo lo hicieron por obligación, en realidad todo el mundo hubiera preferido quedarse en su casa que asistir a esa pantomima socialista. De sobra es sabido que tan solo los matrimonios heterosexuales tienen familias estables.
Por si esto fuera poco, Hester y Bruge tuvieron el capricho de tener un bebé. No se podían haber estado quietas en su mundo sáfico, no, tuvieron que buscar a un ser inocente para que sufriera en esa familia tan antinatural.
Estuvieron un año intentándolo, derrochando el dinero en algo que no está destinado a mujeres como ellas, pasándoselo de lo lindo con las pastillas y las inyecciones de hormonas y haciendo perder el tiempo a doctores y doctoras que podrían haber estado atendiendo a mujeres heterosexuales con el sano deseo de formar una familia como dios manda.
Malas noticias. Finalmente, Bruge quedó embarazada. ¿A qué mundo va a llegar esa niña? ¿Qué tipo de valores le inculcarán dos degeneradas como ellas? Los hijos de los matrimonios heterosexuales harán bien en meterse con ella en el colegio, los adultos que les rodean se encargarán de informarles de lo asquerosa que es la familia de su compañera de clase. Probablemente esa pequeña se haga lesbiana. En fin, lo mejor es intentar que allá por donde vaya todo lo tenga más difícil que el resto de la gente. Para que vea que no se puede ir por la vida con dos madres.
¡Dos madres! JA. ¿Pero qué gilipollez es esa? Nadie puede tener dos madres.
Pasemos al documento gráfico que ejemplifica esta triste historia.
Aquí tenemos a la lesbiana Hester, que se cree que va a querer a esa niña cuando en realidad es una egoísta.
Dentro de esta tripa está la pobre niña.
El abuelo de la niña, a quien Hester y Bruge obligaron violentamente a pintar la habitación del bebé… de morado, claro, como horribles feministas con bigote y piernas peludas que son.
Y de nuevo Hester, pintando sin ilusión alguna los muebles donde se guardará la ropita de la pobre víctima de sus caprichos.
Si el tono ha sonado sarcástico y dolido, he cumplido mi propósito. Estoy harta de la gente que piensa que las familias lesbianas y gays son perjudiciales para los niños y niñas. Nosotras nos sentimos afortunadas porque va a nacer un ser único al que vamos a tener el privilegio de amar y cuidar. Nuestro apego será el refugio contra todas estas personas, que son las que en verdad intentan dañar a estos bebés y a sus familias.
Basta de odio, basta de violencia, basta de aversión hacia lo diferente. Que triunfe el amor, que triunfe la celebración de la diversidad, que triunfe la paz.
martes, 1 de junio de 2010
Pensamientos bollomaternales
La maternidad es algo que haces que suceda y que te sucede a ti al mismo tiempo (De For Lesbian Parents, por Suzanne M. Johnson y Elizabeth O’Connor).Otra cosa que querría aclarar es que escribo desde mi experiencia vital como mujer lesbiana, sí, pero blanca, de clase media y española, país que (al menos de derecho, aunque no siempre de hecho) reconoce los derechos de las personas LGTBQ. Esto quiere decir que dentro de este mundo tan heterosexista, me puedo considerar una privilegiada.
-Nombrarnos: Nuestras nuevas familias (y el adjetivo “nuevas” no quiere decir que empiecen a existir ahora ni mucho menos, sino que es actualmente cuando comienzan a ser reconocidas) exigen nuevos nombres para llamarnos. Padre, madre, donante, copadre, comadre, mami, papi, mamá, papá, madre biológica, madre/padre/hija/hijo del corazón… y así hasta el infinito. Lo importante es que llevemos esos nombres con orgullo y transmitamos a los demás que para nosotros y para nuestros niños estos nombres escogidos son muy importantes y deben ser respetados. Nuestras familias son eso, nuestras. Nunca contentaremos a todo el mundo con la forma de nombrarnos que elijamos, pero tampoco es nuestra responsabilidad hacerlo: escoge el nombre que te haga sentir cómoda y punto.
-La verdadera madre: ¿Y quién es la verdadera madre?, pregunta mucha gente… el hecho de decir el adjetivo verdadera en lugar de biológica demuestra lo difícil que es para algunas personas salirse del modelo heterosexual de procreación. Pero nuestras familias no forman parte de ese modelo y en nuestro caso lo verdadero siempre viene de la mano del amor, que es lo que le otorga autenticidad.
-Los pilares de tu familia: Cuanto más trabajes en la solidez de tu familia antes de que nazca tu bebé, más terreno habrás ganado cuando éste llegue al mundo. Muestra con claridad ante el mundo tu visión de familia así como con tus elecciones, para ir sembrando ese respeto y esa visibilidad que quieres para tu hijo.
-El mayor regalo: Las familias LGTBQ son familias construidas siempre voluntariamente y contra viento y marea. Un niño o niña que nace en una familia homoparental ha sido buscado, planificado, deseado y amado desde antes de ser siquiera concebido. Ése es el mejor regalo que se le puede hacer a un hijo o hija.
-Presunción de heterosexualidad: Cuando menciones a gente que no te conoce que estás formando una familia o, en el caso de ser la madre biológica, vean que estás embarazada, ten por seguro que presupondrán que eres heterosexual. Si tienes pareja y permaneces en el armario en estas situaciones, ten en cuenta que estás silenciando a la otra madre de tu hijo.
-Justificaciones: A muchas de nosotras se nos pide que justifiquemos nuestra decisión de ser madres de una forma que nos cuestiona como jamás se hace con las parejas heterosexuales, a quienes no se les suele exigir que den validez a sus elecciones familiares.
-Controlar el armario: Recuerda que si eliges ser bollomadre pierdes por completo el control de con quien estás en el armario y con quién no, a no ser que quieras despreciar a la otra madre y a tu hijo negándolos. Piensa en como va a afectar esto en terrenos tan complicados como tu trabajo o tu familia.
-Roles: Las familias homoparentales tenemos la oportunidad de terminar con el sexismo. Bueno, todas las familias la tienen, pero en nuestro caso, el hecho de que una pareja sea del mismo sexo invita a crear nuevos papeles familiares que no tengan que ver con nuestro género.
-El armario infinito: Las salidas del armario son constantes e infinitas en una familia homoparental: con el resto de la familia, en el médico, el mismo día que vas a parir, en la agencia de adopción, en el trabajo, en el colegio de tus hijos, en el pediatra, con las familias de sus amiguitos… y en el futuro con sus parejas, familia política, en su entorno… nunca se deja de salir del armario.
-La doble tarea: Las madres lesbianas tenemos una doble tarea maternal, la de preocuparnos por las mismas cosas que todas las madres –las notas, la salud de nuestra prole, si come o no come y todas esas cosas- y, como lesbianas con hijos, la de preocuparnos por nuestros derechos morales y legales así como por nuestra salud emocional. Por tanto, las familias homoparentales tienen sus propios temas y es por ello que necesitamos más libros, más investigación y más visibilidad. Las publicaciones para madres que hay hasta ahora no suelen tenernos en cuenta y por ello yo las considero revistas y manuales heterosexuales.
-El desafío: Las familias homoparentales desafiamos ni más ni menos que el pilar fundamental en el que se ha cimentado la familia hasta ahora: las relaciones de sangre. Estas dejan de ser un factor a tener en cuenta, o al menos no es un factor prioritario. La maternidad deja de describir un hecho biológico y pasa a ser un modo de relacionarse.
-Los modelos: Contar con pocos modelos familiares a seguir puede resultar ventajoso a la hora de elegir cómo conformar nuestra familia y construir relaciones más igualitarias entre las parejas y sus hijos. Experimenta para encontrar el sistema familiar con el que más cómoda te sientas. ¿Quién sabe? Tal vez se convierta en un modelo de familia en el futuro. ¡Recuerda que son las experiencias las que construyen las realidades!
-Amplitud de miras: Nuestra perspectiva suele ser mucho más amplia porque hemos aprendido el modo heterosexual de ver el mundo, puesto que hemos sido educados en él, así como nuestro modo de vida lésbico (e incluso un tercero debido a tu raza o religión, por ejemplo). Tener más de una forma de ver el mundo nos da una conciencia distinta y, ojalá, más abierta y amante de las diferencias.
-Homofobia y maternidad: la homofobia adquiere un nuevo significado cuando está dirigida hacia nuestros hijos.
Fotografía de Lisa Kanemotodomingo, 30 de mayo de 2010
No, no da igual
Una vez, cuando quedaba una semana para mi boda, pasé por el barrio donde había vivido desde que nací hasta que me emancipé y me encontré con una vecina ya anciana. Tras los saludos de rigor me preguntó por toda mi familia: y cómo están tus padres, y tal hermano, y tal sobrina… finalmente me tocó el turno y el diálogo fue como sigue:
-¿Y tú? ¿Estás casada?
-No, yo no. –Respondí.
-Bueno, eres muy joven, ya llegará. –Comentó ella con la enorme sonrisa cómplice que se les dedica a las chicas casaderas.
Al contrario que si hubiera tenido un novio “como dios manda”, no le aclaré que tan solo quedaban unos días para mi boda, ni que estaba felizmente enamorada, ni que mi pareja era la mujer más maravillosa sobre la faz de este planeta.
Seguí mi camino frustrada por esa mezcla de cobardía y pereza que me invade en las ocasiones en las que he de explicar mi familia ante la gente cuyo grado de homofobia desconozco. Las respuestas del mundo frente al hecho de que seamos una pareja de mujeres van desde la discriminación pura (¿os acordáis?) y las miradas de desprecio (las más minoritarias, afortunadamente, al menos en nuestro caso, pese a que el otro día recibimos una) hasta la más completa normalidad, que tanto alivio nos produce. Pero entre estos dos extremos hay un montón de variaciones a las que nos tenemos que enfrentar cada día.
Desde el primer momento, mis padres han sido increíblemente modernos, mucho más de lo que me esperaba. Tened en cuenta que mi padre nació en 1930 y mi madre en 1936. Pero siempre han aceptado a mi bruja como una nuera más, sin hacer ningún tipo de distinción con respecto a mis demás cuñados y cuñadas. Más sorprendente aún me resultó cuando les comenté que estábamos intentando ser madres y que mi bruja iba a ser la biológica. No esperaba que lo comprendiesen tan bien, ni que sintiesen a este bebé de la misma manera que a sus demás nietos. Pero su respuesta fue sencillamente: ¡Hombre! ¡Y nosotros que pensábamos que ya no íbamos a tener más nietos! ¡Pero qué alegría! Entonces será el decimosegundo nieto, ¡qué bien! Aunque, en general, mis hermanos y hermanas han vivido mi matrimonio y maternidad con una normalidad similar, creo que incluso les ha costado comprenderlo más a ellos que a mis padres, con eso os digo todo. Con mi familia política he tenido la misma suerte. ¡Mi mujer y yo podemos considerarnos afortunadas!
No obstante, el problema viene cuando mi madre tiene que enfrentarse a gente con la que no tiene mucha confianza o de la que desconoce por dónde van sus “convicciones morales”. Si yo reaccioné de ese modo cuando charlaba con mi vecina, que me importa un pimiento, ¿cómo puedo condenarla a ella por ocultar a algunas personas que su hija está casada con otra mujer? Una vez le oí decir a una de las veraneantes con las que coincide siempre en la playa que mi bruja era “mi compañera de piso” y ayer mismo, en la comunión de una de mis sobrinas, le dijo a una señora que era “una amiga de la familia”.
Esta señora ya debía saber por mi hermana –la madre de la niña que hacía la comunión- que yo era lesbiana, por lo que intuyó quién era mi bruja, pero se hizo la loca. Dio la casualidad de que me tocó sentarme a su lado y, para arreglar el malentendido, se la presenté como mi mujer. Ella se aturulló, pues hubiera estado mucho más cómoda si hubiésemos continuado la farsa de la “amiga de la familia”, y movió la mano como diciendo “no importa, da igual”, del mismo modo que si la hubiera pisado sin querer y le estuviese pidiendo perdón.
Pero claro que importa, es mi mujer, si hubiera sido mi marido estaría encantadísima de conocerle.
En la mesa se habló mucho de bebés (pues como suele suceder en este tipo de eventos, por allí había unos cuantos), pero en ningún momento se mencionó que mi bruja, quien ya tiene una tripa considerable, y yo, íbamos a tener uno. La pobre estaba sentada allí delante con su enorme embarazo mientras las madres se aconsejaban unas a otras sobre puericultura casera sin ni siquiera dirigirle la palabra ni llenarla de consejos como suele hacerse con las embarazadas. Una especie de acuerdo que ninguna de las dos habíamos firmado había silenciado nuestra familia en esa bonita tarde de mayo.
La reacción de “no importa, yo soy super tolerante” es una de las más comunes. Una vez, mi bruja se encontró con una amiga de su infancia y me la presentó. Ella le dijo:
-El otro día precisamente vi a tu hermano y me cotilleó que te habías casado.
-¡Y además con una mujer! –añadí yo en el tono con que se cuentan los chismes, obviamente en plan de broma.
La amiga de mi bruja se puso nerviosa.
-No, no, si a mí eso me da igual, de verdad…
No sé cómo explicar la sensación que siento cuando alguien te dice cosas así. Lo hacen con toda su buena intención pero en lugar de normalizar la situación, alegrarse por ti, etc., lo que provocan es la impresión de que te están dando permiso para existir con la magnanimidad de quien tiene el poder de no concedértelo.
También se ha producido una situación “interesante” en las ocasiones en que hemos contado a la gente que nuestra hija va a llevar mi apellido primero, en lugar del de la madre biológica. A pesar de que si esta hubiera estado con un hombre jamás se hubiera cuestionado el tema, a mi bruja le han llegado a recriminar:
-¿Pero cómo le vas a hacer eso a tu padre?
Otra de las reacciones ante nuestra familia es la de preguntar cosas verdaderamente íntimas. Imaginad, por ejemplo, que una pareja heterosexual anuncia que van a ser padres y la gente les empieza a preguntar que cuándo echaron el polvo por el que ella se quedó embarazada, que si les ha costado muchos intentos, que si han pensado ya en el rol que va a tener cada uno en la educación del bebé, bla bla bla.
Pues he aquí algunas de las preguntas que nos han hecho personas con las que ni siquiera tenemos mucha confianza:
-¿Y tú vas a ser el padre, otra madre, o qué? (a mí).
-¿Y al donante de semen le conocéis, o es anónimo?
-¿Cómo te has quedado embarazada? (a mi bruja).
Imaginad ahora que a la pareja heterosexual que está esperando un bebé le empiezan a contar las cosas malas que pueden ocurrirles a ellos o a su futuro hijo y a juzgar la educación que éste o esta va a recibir. Pues, no me los invento, esto son comentarios que hemos recibido nosotras:
-¡Pobrecito, si es varón, en una casa tan de mujeres!
-¿Y si necesita una figura paterna? Lo pasará muy mal.
-¿No le vais a bautizar? Aunque a vosotras la iglesia no os acepte, a él sí.
-¿Y si se burlan de él en el colegio?
-¿Y si quiere conocer a su padre (incluso cuando repetimos una y mil veces que nosotras no le llamamos padre, sino donante)?
-¿Os disgustaría que saliese heterosexual?
-Vuestra casa tiene que ser una pesadilla con una embarazada y la otra con la regla, ¿no?
Por favor, no os imaginéis a rancios ultraconservadores haciendo este tipo de comentarios y preguntas, muchos de ellos son de izquierdas y de nuestra edad.
Otra de las reacciones más usuales es la de la resignación, como diciendo “podría ser peor”. Hace unos meses, una familiar se me acercó en no sé qué evento y me dijo:
-Oye, enhorabuena, que me enterado de que te has casado.
-Muchas gracias –respondí yo.
-Bueno, -añadió ella encogiéndose de hombros en un gesto de "qué se le va a hacer"- mientras sean cosas alegres, que el mundo está fatal…
Obviamente, no hubiera reaccionado de la misma forma si me hubiese casado con un hombre. Entonces todo habrían sido abrazos, enhorabuenas, cómo os conocisteis y preséntamelo…
Cuando pienso en estas cosas me entra una rabia profunda que casi me corta la respiración y que me impide conciliar el sueño. No puedo ni imaginarme cómo será para otra gente que no tiene un solo apoyo en su entorno, ya ni digamos en otros países donde ni siquiera la ley está de su parte.
Estoy harta. Harta de sentirme a veces sin fuerzas para hablar de mi familia, harta de tener que defender a capa y a espada lo que a otros se les celebra, harta de que la gente piense que tienes que disculparte por irrumpir en su club privado de familias o darles las gracias por aceptarte en él.
Cuando una pareja de lesbianas tiene un hijo, pierde totalmente el control de estar dentro o fuera del armario, pues si ocultase su modo de vida estaría obligando al niño o niña a mentir sobre su familia o a sentirse acomplejado por ella, además de estar negando a la otra madre.
Ayer hablábamos mi bruja y yo de que por nuestra hija siempre iremos con la cabeza alta, orgullosas de quien somos y transmitiéndole a ella ese orgullo. Le daremos dosis extra de amor para que compensen la ignorancia que muchas veces le rodeará y le presentaremos a más madres lesbianas y niños con dos mamás para que sepa que forma parte de una comunidad maravillosa. A quien no nos acepte o tenga problemas con nosotras le expulsaremos de nuestras vidas, ¡ellos se lo pierden! Será una persona muy querida y espero que ello supere con creces la frustración que no hay duda de que sentirá de vez en cuando.
Importa, claro que importa, importan todas las preguntas, todos los comentarios, todos los juicios, todas las miradas, importa todo. ¡Que no somos de piedra! Afortunadamente, las heridas lo único que hacen es fortalecernos y reafirmarnos en lo privilegiadas que somos de estar formando una familia tan asombrosa.
Las siguientes imágenes son una creación de las artistas Deborah Kelly y Tina Fiveash. La traducción, debajo de cada una de ellas:
















