jueves, 12 de febrero de 2009

Poemas (1): Safo

El amor es semejante a un árbol: se inclina por su propio peso, arraiga profundamente en todo nuestro ser y a veces sigue verdeciendo en las ruinas de un corazón. (Víctor Hugo)
San Valentín, día de las enamoradas y de los enamorados. Una fiesta comercial… para quienes quieran que lo sea. Para mí es una excusa como otra cualquiera para regocijarme con la lectura de unos cuantos poemas románticos y, como no, dejarle a mi amada notitas de amor por toda la casa. Tengáis amor o no en vuestras vidas en estos momentos, os invito a pasaros estos días por mi blog para disfrutar de unos cuantos versos escarlatas y conocer a quien los escribe.

No podía sino empezar la colección con la famosa griega del siglo VII a. C., Safo. De ella sabemos menos de lo que quisiéramos. La isla donde vivía se llama Lesbos, de ahí el nombre de lesbianas y de ahí la reciente polémica provocada por algunos intolerantes de ese lugar, que querían que se nos dejase de llamar así para no identificarnos con ellos (por supuesto, batalla perdida de antemano). Safo estuvo casada y tuvo una hija, pero a la muerte de su marido creó una residencia para mujeres jóvenes llamada el hogar de las Musas. Fue allí donde tuvieron lugar todas sus relaciones amorosas con mujeres, cuyos nombres aparecen en su lírica erótico-sentimental: Anactoria, Timade, Atis, Manasidica, Dorica…
Su obra fue estimadísima durante toda la Antigüedad. Lamentablemente, hoy día solo conservamos fragmentos.
Como muestra un botón (traducción de Juan Ferraté, Líricos griegos arcaicos. Seix Barral, Barcelona, 1967):

Me parece el igual de un dios, el hombre
         que frente a ti se sienta, y tan de cerca
      te escucha absorto hablarte con dulzura
      y reírte con amor.

      Eso, no miento, no, me sobresalta
      dentro del pecho el corazón; pues
      te miro un solo instante, ya no puedo
      decir ni una palabra,

       la lengua se me hiela, y un sutil
      fuego no tarda en recorrer mi piel,
      mis ojos no ven nada, y el oído
      me zumba, y un sudor

          frío me cubre, y un temblor me agita
      todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba,
      pálida, y siento que me falta poco
      para quedarme muerta.

3 comentarios:

dintel dijo...

¡Lástima que no sea victoriana! ;)

Hester Prynne dijo...

Jajaja... Sí, entonces ya hubiera sido perfecta, jajaja... Lo cierto es que si no fuera porque los victorianos la recuperaron quizá hoy nadie la conocería, así que como ves, algo tenían que ver... como siempre ;)

Lyano Calavera dijo...

Una lastima que no halla tanto de ella .
Escribi un poema sobre una lesbiana , seria interesante si lo leyeras , http://lyanocalavera.blogspot.com/ :) saludos