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viernes, 22 de enero de 2010

Una película que me gustaría ver, una mujer que me gustaría emular y un reto que me gustaría proponeros

Para mí, la cuestión más difícil es comprender el significado y las consecuencias –tanto personales como políticas- de mis acciones. Si me hago un lifting o enderezo mi nariz judía, ¿a qué normas estoy sirviendo? ¿Cómo afectan estas acciones a la concepción que tengo de mí misma? ¿Qué valores transmito a aquellas personas a quienes guío? ¿Cómo contribuyo a aportar mi granito de arena a la cultura del futuro? (Susan Bordo, la traducción es mía)

Tengo muchas ganas de ver Precious. Se trata de una película dirigida por Lee Daniels y basada en una novela, que también quiero leer, titulada Push y escrita por Sapphire, autora y lesboactivista afroamericana.
Precious, con un reparto eminentemente femenino y algunas apariciones masculinas como la de Lenny Kravitz, es una película feminista que trata de la vida de Precious, una adolescente gorda e iletrada que vive con su torturadora madre en Harlem. La existencia de Precious es terrible: violada repetidamente por su padre, da a luz a un niño con síndrome de Down y está esperando otro, por lo que es expulsada del instituto. Será en el nuevo centro a donde acuda y con la ayuda de una profesora y de otra gente que se encuentra por el camino, donde Precious aprenderá a leer y a salir de su infierno.
No sé a vosotras, pero a mí esta desgarradora historia se me antoja una nueva versión de El color púrpura, novela de Alice Walker que tiene como protagonista a la tierna Celie, también analfabeta y violada por su padre, de quien queda embarazada. Probablemente Sapphire se inspiró de forma consciente en Walker, maestra de tantas.

La actriz que encarna a la madre de Precious se llama Mo’Nique, que además de dedicarse al cine es activista contra la gordofobia y muchas otras cosas. Produjo el concurso de modelos de tallas grandes Mo’Nique’s Fat Chance y dirigió el documental I Coulda Been Your Cellmate, sobre mujeres encarceladas. En cuanto a su trayectoria como intérprete, tuvo un papel en la serie Ugly Betty (mi versión favorita de todas las se han inspirado en la venezolana Inés Duarte, secretaria, sin duda) y en la película Phat Girlz, también muy centrada en la gordofobia (ya se sabe que a las actrices gordas pocas veces les dan papeles que no tengan que ver con su cuerpo, pero en este caso Mo’Nique convierte lo que quieren que sea una limitación en una forma de militar por un mundo mejor), además de haber hecho varias otras películas.
Esta mañana he leído en el periódico que Mo’Nique ha dejado “pasmados a los fotógrafos con sus piernas sin depilar”. En los Globos de Oro (ceremonia en la que arrebató el premio a la mejor actriz de reparto a la mismísima Penélope Cruz), esta admirable mujer se levantó la falda y dejó que todos los fotógrafos retratasen sus piernas peludas, en un acto reivindicativo que por supuesto despertará un montón de críticas y que yo aplaudo y admiro. Cuando los fotógrafos la miraron estupefactos, ella se limitó a echarse a reír.
Desde siempre he tenido esta conversación con mujeres en incontables ocasiones: no nos depilamos porque nos gusta el cuerpo sin pelos, sino porque nuestra cultura machista nos lo ha imprimido de tal manera que creemos que nos gusta.
Dejo al margen a los hombres que dicen que les gustan las mujeres sin pelos, paso de ellos, y también dejo al margen a las mujeres que no se plantean estas cosas. Hablo de las que se interesan por estos temas y aseguran con vehemencia que se depilan porque quieren, no por un canon de belleza impuesto. ¿Estáis seguras, chicas?
No quiero sonar paternalista con esto. Os seré sincera: yo cuando me encuentro con una mujer sin depilar enseguida me atrae en todos los sentidos muchísimo más que una depilada, porque encuentro en ella coherencia y valentía. No obstante, aunque no con tanta frecuencia como debería según los cánones, soy tan tonta que me depilo tan solo porque no tengo el valor suficiente para no hacerlo, para ir en bañador con las piernas llenas de pelos y cosas así. Pero quisiera no hacerlo, al menos me reconozco a mí misma que quisiera no hacerlo y no me autoengaño diciendo que es que me gusta así. Lo siento, no me lo trago. Son formas que tenemos de racionalizar lo que hacemos con el fin de sentirnos mejor al tratar de que nuestro cuerpo encaje con las normas de la sociedad sexista.
Pensemos más allá, hagámonos la siguiente pregunta: ¿qué significa que los hombres no se depilen y las mujeres sí? Y, por favor, estoy hablando de la tendencia más habitual, no de las nuevas modas metrosexuales ni de los nadadores. De verdad, hagámonos esa pregunta y meditemos su respuesta, cuestionemos las cosas que se dan por sentadas.
Otra pregunta que parece obvia y que es nuestra obligación sopesar como feministas que somos: ¿Por qué las mujeres nos depilamos? Si fuera por higiene, los hombres también lo harían, ¿no?
En fin, poquito a poco pero sin parar. La cita que abre este post es una cambiavidas si la ponemos en práctica, así que a ello.
Mientras tanto, yo os lanzo un reto que os animo a llevar a cabo y que empiezo aquí, en La Letra Escarlata: no te depiles y cuelga en tu blog o red social una foto de tus piernas (o de tus sobacos, o de lo que quieras…) sin depilar en apoyo a Mo’Nique y como protesta por los cánones machistas.
¡Aquí van mis piernas! ¡Muérete de envidia, Kim Basinguer!

sábado, 5 de septiembre de 2009

Zelda Rubinstein

El valor es la escalera por la que suben el resto de virtudes (Clare Booth Luce)

¿Os acordáis de esa señora pequeña y rechoncha que hacía de médium en la terrorífica película Poltergeist? Sí, esa de voz dulce y pavorosa que notaba una presencia…

Su nombre es Zelda Rubinstein y es una actriz norteamericana nacida en 1936.

Con ánimo de rescatar a esas mujeres cuyos actos transgresores tienden a olvidarse, me gustaría contaros que esta leyenda del cine de terror prestó su imagen para la primera campaña de sexo seguro dirigida a gays que se hacía nunca y cuyos anuncios estuvieron por las calles de todo el mundo (incluidas las de Madrid, por ejemplo) en el año 1984. El hecho de que Rubinstein colaborase con una causa así no es moco de pavo, porque en 1984 la discriminación contra la comunidad gay era algo generalizado y la aparición del SIDA –y la ignorancia con respecto a esta enfermedad- contribuyó a que el colectivo resultase aún más criminalizado y despreciado.

A Rubinstein poco le importó ser encasillada o que la criticasen.

En dicha campaña, hacía de madre preocupada por sus hijos, a quienes les decía antes de salir de casa cosas como: “No te olvides de las gomas” o “No juegues con extraños”. ¡Fantástico! ¿Verdad?

Gracias por tu osadía, Zelda.

lunes, 25 de mayo de 2009

Beth Ditto

Dentro de cada persona delgada hay una persona gorda pidiendo que le hagan más sitio (Evelyn Waugh)

¿Que por qué adoro a Beth Ditto, cantante del grupo queercore The Gossip? Si esta foto no te parece suficiente…

Pero es que además de su belleza, de su valentía y de su corte de mangas al canon estético, Ditto es una activista bollo de los derechos LGTBQ y una cantante fabulosa.

Lo que me atrae de una mujer no es lo gorda o delgada que esté sino cierta energía, cierto poder que desprende cuando va por el mundo sin complejos. Y es que ir con la cabeza bien alta es el mejor consejo de estilo que se le puede dar a alguien.

¡OLE, GUAPA!

jueves, 2 de abril de 2009

Holley Mangold

Si me vieras caminando por la calle pensarías: ‘Vaya, esa chica probablemente esté sin aliento y se dirija a comer al McDonald’s.’ Me encanta estar cachas y enseñárselo al mundo (Holley Mangold)

Holley Mangold, universitaria de primer curso, lleva toda la vida rompiendo barreras y abriendo puertas para las jóvenes deportistas que, siendo chicas, tienen que demostrar el doble que sus compañeros, además de convencer al mundo de que su juego no es de segunda categoría. Y es que en el deporte, las mujeres son muchas más veces animadoras o caras bonitas para poner a los lectores de prensa deportiva a tono que verdaderas deportistas. Y no porque no las haya, sino porque los medios de comunicación suelen mostrar únicamente el lado sexista, rancio, ruidoso y maloliente del deporte.

Hace poco, en el programa El Intermedio (La Sexta), sacaron unos archivos de sonido de programas de radio tanto de la COPE (el de José Antonio Abellán) como de la Ser en los que los cronistas deportivos se despachaban de lo lindo con que si no se qué tenista estaba buenísima y otras perlas por el estilo. En fin, esto es tan solo un ejemplo de cómo está el patio.

Y en un contexto así, o incluso peor, porque estamos hablando de fútbol americano, un deporte de contacto rudo, podríamos decir incluso violento, de los más competitivos del mundo y eminentemente masculino, surge una adolescente llamada Holley Mangold que encima es gorda, bien gorda. Gorda y maravillosa, poderosa, fuerte, flexible, energética, increíble.

Holley Mangold es la primera mujer en entrar en un equipo de fútbol americano profesional. Nunca quise ser una de las chicas que van a ver los partidos, comenta.

Sus compañeros de equipo explican que no la ven como a una chica en el equipo, sino como una jugadora más. Se lo ha tenido que ganar a pulso, pues ni su familia la apoyaba en un primer momento.

--Pero las chicas no juegan al fútbol –le dijo su madre, escandalizada.

--Pues yo sí –respondió ella, testaruda.

De hecho, Holley se introdujo en el fútbol americano porque su hermano Nick Mangold también era jugador, así que pudo tomar prestado su equipamiento para aprender sola. Actualmente ha superado cualquier récord que Nick haya conseguido (y no en una categoría femenina, pues esta no existe, sino en la masculina), por lo que Nick ha decidido convertirse en su entrenador para apoyarla siempre. El muchacho comenta: A veces van a ver a mi hermana jugar como quien va al circo a ver a un hombre con tres piernas, o algo así, como si Holley fuera una rareza con fecha de caducidad. Eso es contra lo que tiene que luchar… es una jugadora de fútbol, no un espectáculo.

Y no solo una jugadora de fútbol, pues también es atleta y levantadora de pesos. En ambas categorías ha recibido numerosos premios.

En España eso del fútbol americano no tiene muchos adeptos, pero lo que deseo reflejar con este post es lo que esta joven prometedora simboliza para todas nosotras y sobre todo para todas las niñas a quienes les dicen desde pequeñas (o se lo dan a entender) que no pueden hacer tal o cual cosa porque es de chicos.

Y una mierda.

lunes, 2 de marzo de 2009

Poemas (4): Gertrude Stein

Sí que quiero ser rica, pero no quiero hacer las cosas que hay que hacer para serlo (Gertrude Stein)
Hoy quiero hablaros de la famosa Gertrude Stein, una de esas deliciosas butch sin la que no hubieran sido posibles las vanguardias tal y como las conocemos pese a que, como es frecuente que les suceda a las creadoras, la historia oficial de la literatura suela relegarla a un segundo plano.
Gertrude Stein (1874-1946) fue una escritora norteamericana que pasó la mayor parte de su vida en Francia. Impulsora del modernismo, su vida estuvo marcada por dos relaciones muy importantes: la que tenía con su hermano Leo Stein y la de amor con su pareja de toda la vida, Alice B. Toklas.
Fue amiga y maestra de figuras tan importantes como Matisse, Picasso, Braque, Apollinaire, Gris o Hemingway, quienes la admiraban y reverenciaban.
Como nota curiosa, contaros que Alice y Gertrude estuvieron de vacaciones en Mallorca en 1915.
Gertrude Stein es autora de una de las primeras historias que relatan una salida del armario, Q.E.D. Otro de sus escritos sobre sexualidad lésbica es Tender Buttons.
Podría escribir y escribir sobre esta grandiosa figura de la Rive Gauche, pero prefiero dejaros disfrutar de uno de sus soberbios poemas (fue esencialmente prosista, pero tiene alguna joya en verso como esta), titulado Antes de que las flores de la amistad se marchitaran la amistad se marchitó (traducción de Rodríguez-Gaona para la antología de poesía gay y lésbica Amores iguales, editada por Luis Antonio de Villena). Espero que os guste.
Amo a mi amor con v
porque así es
amo a mi amor con b
porque estoy cerca de aquello
un rey.
Amo a mi amor con a
porque es una reina
amo a mi amor y a es la mejor de ellos
piénsalo bien y sé un rey,
piénsalo más y piensa una vez más
amo a mi amor con vestido y con sombrero
amo a mi amor y no con esto o con aquello
amo a mi amor con y porque es mi prometida
ámola con una d porque está mi amor al lado
gracias por estar allí
a nadie le ha de importar
gracias por estar aquí
porque no estás allí
y con y sin mí lo que es y sin ella puede tardar
y entonces y cómo y todo alrededor pensamos y descubrimos que es
hora de llorar ella y yo.
Hay tantas y tan hermosas instantáneas de Gertrude Stein con Alice B. Toklas que no me resisto a dejaros unas cuantas aquí:






Poema 1, poema 2, poema 3.

domingo, 15 de febrero de 2009

Poemas (3): Amy Lowell

Donde reina el amor, sobran las leyes (Platón).
¿Qué tal pasasteis el día de Santa Valentina? Nosotras salimos a cenar con otra pareja, nuestras queridas amigas Es y Bb. Con Es milité hace muchos años, cuando ambas éramos universitarias y pertenecíamos a un colectivo feminista… Qué tiempos aquellos… Bb es su maravillosa mujer, y ahora también nuestra amiga. Por cierto que es una de las dueñas del café-bar Alqamaru, un local celestial en el madrileño barrio de Malasaña donde puedes tomarte algo (algo delicioso) y disfrutar de un lugar cómodo y que se nota que lo llevan con mucho cariño. En fin, ya sabéis que yo en mi blog no hago propaganda, así que si os lo cuento es porque merece la pena que lo conozcáis.
Pues eso, que estuvimos cenando con ellas en un restaurante de inspiración africana de Chueca, el Kim bu mbú, y luego disfrutamos de una actuación de Elvira Durango, así que, como veis, nuestra noche no estuvo nada mal.
***

Siguiendo con mi serie de poemas románticos y adecuados para estas fechas, hoy quería daros a conocer, si es que no habéis escuchado nunca hablar de ella, a la poeta estadounidense Amy Lowell (1874-1925), de la escuela imaginista (es decir, la que buscaba poder expresar las imágenes con el lenguaje más claro y preciso que fuera posible) a la que también pertenecieron, entre otras figuras literarias, H. D. y Ezra Pound (con quien Lowell se peleó bastante porque a Pound, en resumidas cuentas, le fastidiaba que no se sometiera a sus estrictas reglas imaginistas).
Amy Lowell pertenecía a una familia muy rica de Massachussets, pero no le fue permitido estudiar en la universidad por el hecho de ser mujer. Intentó compensar su falta de educación leyendo ansiosamente todo lo que pasaba por sus manos y convirtiéndose en una obsesiva coleccionista de libros (hermana, no sabes cómo te comprendo). Dado que tenía dinero, también pudo viajar todo lo que quiso por el mundo. Fue abiertamente lesbiana, con conocidas amantes como la poeta y dramaturga Mercedes de Acosta o la actriz mormona Ada Dwyer Russell, su compañera hasta el final de sus días, cuando murió a causa de una hemorragia cerebral con tan solo 51 años.
Recibió el premio Pulitzer de forma póstuma, un año después de su muerte. Desde entonces y hasta los años setenta, momento en que fue rescatada por el movimiento feminista, el mundo la relegó al olvido.
Sus poemas más celebrados son tanto los de temática antibelicista como los de amor lésbico, de entre los cuales rescato este Intermedio traducido por Marta Porpetta (El jardín de Sevenels, ediciones Torremozas, Madrid):
INTERMEDIO
Cuando haya horneado blancos pasteles
y rallado almendras verdes para cubrirlos;
cuando haya quitado los verdes rabitos de las fresas
y las haya apilado en una fuente azul y amarilla,
cuando haya alisado las arrugas de la mantelería
en la que he estado trabajando…
¿entonces, qué?
Mañana será lo mismo:
pasteles y fresas,
y agujas dentro y fuera de la tela.
Si el sol es hermoso sobre los azulejos y los estaños,
cuánto más hermosa es la luna,
reclinándose en las rizadas ramas del ciruelo;
la luna,
ondulando en un lecho de tulipanes;
la luna
inmóvil,
sobre tu rostro.
Tú brillas, Amada,
tú la luna.
¿Pero cuál es el reflejo?
El reloj está dando las once.
Pienso que cuando cerremos la puerta,
oscura será la noche
afuera.