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viernes, 26 de diciembre de 2008

Concurso: ¡¡¡Era pequeña y estaba indefensa!!!

¿Has encontrado a Dios? Pues si en treinta días nadie lo ha reclamado, te lo puedes quedar.
El concurso de mi querida Farala –un concurso de fotos de Comunión de las blogueras bolleras cuyo título lo dice todo: ¡¡¡Era pequeña y estaba indefensa!!!- me ha tentado demasiado como para no participar. Estaba viendo las fotos de las demás participantes y me he reído un montón. Sois las mejores, chicas, la verdad es que me encanta el buen humor imperante en esta sección tan endogámica de la bollosfera, y que conste que no lo digo a malas, se trata de una pequeña comunidad (de amigas virtuales) dentro de otra comunidad (la de blogueras lesbianas) que está dentro de una tercera comunidad (la de autoras/es de blogs) y que en lo que a mí respecta, me resulta deliciosa.

Aquí tenéis mi fotografía, un poco decorada porque yo soy así de rococó. Fijaos en mis enormes dientes que muchos años de aparato lograron que se parecieran un poco menos a los de Bugs Bunny. Si prestáis atención os podréis percatar de que estoy despeinada, me falta un pendiente, tengo un poco de tarta en la barbilla, mi cinturón está retorcido y el traje –que me hicieron las monjitas que vivían al lado de mi casa y a las que yo reverenciaba, cómo es la vida- está bastante arrugado. Todo ello fue resultado de una intensa pelea con mi primo Pedrito tras la cual mi madre me dijo que me había portado fatal justo el día de mi Primera Comunión y que a lo mejor entonces ni valía porque Jesusito lo veía todo y estaría muy disgustado.
A ver, cómo explicároslo, Jesusito para mí era un personaje terrorífico, pues me decían: “A lo mejor yo no te veo, pero Jesusito sí, Jesusito lo ve todo.” Esa amenaza celestial estuvo siempre presente en mi infancia.
Jesusito, tal y como me lo imaginaba yo, era un niño dulce y regordete, una especie de Cupido con la cabeza llena de bucles, pero al mismo tiempo se trataba de un ser diabólico que pese a su corta edad lo comprendía todo. Estaba por todas partes, era invisible, y luego se chivaba a Dios de  mis fechorías infantiles con el fin de que yo ardiese en el infierno por toda la eternidad. Qué rico, el niño, ¿no?
Pues nada, en el día en que conmemoramos su nacimiento, os dejo esta foto de una niña católica que acabaría siendo una infame lesbiana con muchos cunnilingus que ofrecer.

viernes, 17 de octubre de 2008

Cierra la boca de una vez que pareces tonta, chica


Una raza no puede nacer libre si nace de madres esclavas (Margaret Sanger)

Pues resulta que como ahora estoy en un momento de mi vida en el que el dentista, y por tanto la ruina, forman parte de mi cotidianidad, me ha dado por mirar las bocas de la gente. Y en esas estaba cuando, ¡cáspita!, cualquier revista que hojeo las tiene a montones. Son esas bocas femeninas que están semiabiertas en una postura completamente antinatural, pues a ver, ¿conocéis a alguna mujer que vaya haciendo ese gesto por la vida? Ah, pues las que posan para las fotos de las revistas, todo el rato. Ya anuncien un bolso, su última película o el portátil de moda, todas ellas tienen los morritos a punto de caramelo. Para muestra, un botón (y no creáis que he tardado mucho en reunir estas imágenes, me he puesto a recortar de un par de revistas cualesquiera y enseguida he terminado):

No os preocupéis, estas mujeres no están muertas, aunque tengan la misma cara que los cadáveres de C.S.I. Tampoco se encuentran estreñidas ni tienen dificultades para respirar por la nariz. Es que parece ser que lo que vende es eso.

La mujer con cara de estar teniendo un orgasmo, de estar siendo violada, de estar a punto de hacer una felación y demás variaciones. Eso, parece ser, es lo que vende.

Hagan la prueba, queridas lectoras, queridos lectores. Vayan ahora mismo al revistero, cojan una publicación cualquiera (bueno, no la Revista de Occidente, ya me entendéis) y hojeen, hojeen.

Estas modelos –que no son modelos a seguir, por todas las diosas- no tendrán caries, como yo, pero les recomendaría que se sentasen un rato en el w.c. a ver si se descargan, porque tienen una expresión de lo más inexpresiva -válgame la redundancia- e idiotizada.