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miércoles, 24 de octubre de 2012

Adiós, Hester Prynne - Hola, Gloria Fortún

Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida (Mario Benedetti)

Pues queridas amigas, queridos amigos, esta entrada es una despedida.
He sido Hester Prynne en el mundo virtual durante ocho enriquecedores años. Ahora quiero ser siempre yo, Gloria Fortún, tanto en los lugares tangibles como en los que requieren de modem.
Contar lo que ha significado para mí este blog exigiría un montón de posts que me impedirían cerrarlo. … He evolucionado, he aprendido, me he equivocado, he conocido a gente, se me han abierto algunas puertas y se me han cerrado otras.
El mejor homenaje a La Letra Escarlata será una recopilación de entradas en forma de libro que anunciaré en breve. Ese será, definitivamente, el último post. Termino mi blog en círculo, empezando de cero, con aquellos primeros textos de junio de 2004.
Hester Prynne ya no está. Su voz, antes suficiente, ahora me limitaba.
Más adulta, más imperfecta pero con el mismo amor por la rebelión, el café, las mujeres y los libros (no necesariamente por este orden), ahora me podéis encontrar, como Gloria Fortún, en mi página web.
La visibilidad como forma de lucha.
Gloria Fortún
 Encuéntrame también en Twitter y en Facebook.

jueves, 31 de mayo de 2012

Siete

... había acabado por pensar que no había nada imposible para ella; como los nadadores que, temerarios, calculan el acopio de fuerza y de energía que han de acumular y olvidan el humor siempre variable de su adversario, el mar. (Willa Cather. La cabaña del jardín, 1905).

El otro día me topé con un texto que trataba sobre aquello de que el cuerpo cambia cada siete años. 
No sé si lo habrás oído alguna vez, es una teoría pseudocientífica que ha derivado en mito, como ocurre con tantas. 
Según tengo entendido, es cierto que el tiempo medio que tardan muchas células en regenerarse es de siete años. Pero es una media nada más, y por otro lado no sucede con todas las células. 
El artículo que he leído recientemente habla de unas nuevas teorías antropológicas surgidas de unas investigaciones -no puedo imaginarme qué tipo de investigaciones- cuyas conclusiones son que cada siete años se regenera algo más que las células: todo tu ser sufre un cambio. 
Vamos a ver, yo soy una de estas incrédulas que cuando me hablan en serio sobre mi carta astral, por dentro estoy bostezando y con ganas de ir a casa a leer a Jeanette Winterson, que ella sí que me lleva en viajes astrales y además, por cierto, lo que escribe está tan relacionado con el deseo, la palabra clave de lo que estoy escribiendo. 
En fin, que lo mío no son los chakras ni los menores de edad calvos y envueltos en sábanas granates. Pero el texto me capturó porque me di cuenta de que eso es lo que estaba pasándome. Pura casualidad, tal vez, pero el caso es que mi vida ha ido de siete en siete años. 

Lo aclaro: 
  •  Hasta los siete años se forjó la lectora que hay en mí. La lectura es lo más importante de mi vida -dejando aparte a las personas a las que quiero- porque es donde aprendo, donde desaprendo y donde me refugio siempre. La lectura para mí es un lugar más que un acto. Aprendí a leer muy pronto y sola, no tengo ni idea de cómo lo hice. Mi primera infancia son paseos emocionantes de la mano de mi madre de camino al bibliobus. La bibliotecaria encantadora que me daba los libros de Barco de Vapor blancos y azules. Los puntitos de colores que te ponían en el cole cada vez que te leías un libro y cómo llenaba yo de ellos tarjetas y tarjetas. Las Navidades en Gran Canaria, abetos decorados en plena playa de las Canteras, bañador y turrón. Muchísimos hermanos y primos. Una primera infancia muy feliz. 
  •  De los ocho a los catorce, una segunda infancia muy infeliz. Yo tenía ocho años cuando murió mi hermano en un accidente de coche. El coche era un trabant descapotable de color amarillo chillón que no sufrió grandes daños. Mi padre lo vendió a alguien del barrio y siempre lo veíamos aparcado, como un malévolo fantasma de chapa. Mi madre puso una rodillera en la puerta de un armario porque mi padre le dio un puñetazo y así tapaba el agujero que quedó. La pérdida de su hijo llenó a mi padre de una ira que le otorgaba el poder de taladrar puertas con las manos. Esos días mi madre nos recogía en el colegio con bocadillos y nos llevaba al cine. La música de Movierecord con sabor a nocilla me trae recuerdos agridulces. Cuando cumplí nueve años mi padre me dijo que cómo iba a celebrar mi cumpleaños si mi hermano se había muerto. Me cambiaron de colegio, yo no me sabía la tabla del siete y me daba miedo que me descubrieran y se había muerto mi hermano. A mi hermana pequeña y a mí nos mandaron a un campamento de verano. Mi madre estaba deprimida y nos mandaba cartas muy tristes. Las leíamos llorando abrazadas. Jane Eyre me salvó la vida. 
  •  De los quince a los veintiún años me reconocí como lesbiana. No tuve muchos amigos en el instituto, pero los tres que íbamos siempre juntos éramos unos inadaptados encantados de serlo. Kico, Alfonso y Hester siempre juntos. Ahora miro hacia atrás y me admira que tan joven y sin tener un solo referente saliera del armario, pero lo hice. Alfonso fue un año a Estados Unidos de intercambio y nos trajo fanzines, ropa del Salvation Army y un montón de ideas nuevas que nos cambiaron para siempre. Kico y yo fuimos un día a Chueca y entramos con mucho miedo al café Figueroa. Solo vi chicos y pensé que no había bares de chicas. Un día me encontré un periódico que por una cara era para gays -Planeta Marika- y por el otro para lesbianas -Solazo Bollero- y en él leí sobre el bar sáfico Ambient, en la calle San Mateo. Cómo me gustaron las lesbianas, yo que hasta entonces solo me había enamorado de chicas heteros. Primeros amores. Universidad. Un nuevo amigo gay, Carlos, que me presenta a todas las lesbianas feministas de la Complutense. 
  •  De los ventiuno a los veintiocho años mi vida está llena de activismo feminista y de amores correspondidos y no correspondidos. Dos relaciones largas, una de ellas que me deja con el corazón roto y con secuelas que todavía hoy arrastro. A los veintinuo me emancipo y Carlos y yo nos convertimos en seres noctámbulos. Florezco, lucho, empiezo este blog. Me voy un año a Estados Unidos. 
  •  Los últimos siete años han estado dedicados a crear una familia. Con mi bruja encuentro el amor y la paz, encuentro el hogar y lo quiero convertir en lo que no fue el de mi infancia. Nos casamos y empezamos un proceso que deviene en nuestra pequeña, nuestra luz de donde el sol la toma, que diría Echenique.
Todas estas etapas han estado movidas por el deseo: el deseo de leer, el deseo de escapar, el deseo de ser yo misma, el deseo de luchar y el deseo de tener mi propia familia.
 Tengo treinta y cinco años. No había pensado en esto de los siete pero leyendo el artículo el otro día me di cuenta de que llevo semanas sintiéndome distinta. Más despierta. Más sensible, como si mi piel fuera nueva y todavía notase cada roce demasiado. Más receptiva. 
Los cambios se empezaron a producir unos días antes de mi cumpleaños y no han parado. Soy la misma y soy otra, todavía no puedo explicarlo aquí porque he de entenderlo yo antes. El deseo mantiene alerta mi cuerpo y también mi mente. El deseo provoca más deseo lo mismo que el fuego provoca más fuego. 
De repente he sentido compasión por la gente que está satisfecha con lo que tiene, sin más, cuando siempre habían despertado en mí el sentimiento contrario, la envidia. 

Me he dado cuenta de que el deseo es muy poderoso, o mejor aún, de que el deseo me vuelve muy poderosa. Me miro al espejo por las mañanas y me veo amazona, fuerte y hermosa. No tengo sueño a pesar de haberme pasado gran parte de la noche escribiendo. Porque esa es otra, estoy inspiradísima. Puedo con todo porque tengo deseo. El deseo es movimiento. Quizá sea que quienes nos malgobiernan no tienen deseo, sino esa cosa flácida y carente de lujuria alguna llamada avaricia. 

Yo en cambio voy a llegar muy lejos.

Ultrarreceptiva

martes, 6 de marzo de 2012

Este momento (epifanía)

Nadie puede retroceder y emprender un nuevo comienzo, pero todo el mundo puede empezar hoy a crear un nuevo final (Maria Robinson).  

Anoche experimenté un momento perfecto –epifánico, una joya, una rareza- y me alegra haber sido consciente de ello en vivo y en directo. 
Ya era de madrugada y dormíamos. Nuestra hija estaba entre nosotras (es una experta en colarse en nuestra cama) enfundada en su pijama de cuerpo entero con los corchetes detrás para facilitar el cambio de pañal. Estaba caliente como solo se calientan los bebés que duermen y olía a aceite de almendra dulce y a leche con cacao. Todo estaba en silencio. 
Nuestra pequeña, ya digo, estaba entre nosotras y con un brazo tocaba a una mamá y con el otro a la otra. Eso le daba paz. Y pensé para mí: este momento. 
Este momento en que las dos somos más jóvenes que viejas, estamos sanas, nos amamos, nos lo pasamos bien juntas, nos satisface nuestra vida personal y profesional, tenemos un nido y estamos rodeadas de gente que nos quiere. 
 Este momento en que nuestra hija cambia de bebé a niña, no tiene preocupaciones, se ríe constantemente, no conoce los prejuicios, nos adora, se siente segura y querida, tiene todavía la vida entera por estrenar y recorrer. 
Magia. Realidad. 
¿Se volverán a dar todos estos factores juntos alguna vez? Sí o no. Pero quiero apreciarlos, agradecerlos y atesorarlos. 
Tengo tanta suerte…

Va de pes

El tiempo es gratis, pero no tiene precio. No puedes poseerlo, pero sí utilizarlo. No puedes ahorrarlo, pero sí gastarlo. Una vez lo pierdes no puedes recuperarlo. (Harvey MacKay). 

Una vez más, la semana ha empezado antes de que me dé tiempo a acabar la anterior. De vez en cuando limpio el taco de asuntos pendientes que hay sobre mi mesa, pero vuelve a crecer al antojo del intransigente calendario. 
Llevo toda la vida intentando mejorar en las dos temidas pes. No estoy hablando del partido político que nos gobierna, que también da mucho miedito, sino de priorizar y de procrastinar
En lo primero nunca he sido muy hábil, porque o bien empiezo por lo más fácil para quitármelo de encima, o bien antepongo asuntos que no son tan importantes para mí como otros por presiones externas a las que no he sido capaz de enfrentarme. 
En cuanto a procrastinar, si este verbo fuera un reino yo llevaría la corona. No hace falta decir más. 
Añado otra pe: quiero volver a cultivar la paciencia, aunque esté demodé, porque me doy cuenta de que cada vez siento menos esa emoción de la espera, esa anticipación con la que una juega en su cabeza. Ahora si quiero un libro me lo descargo vía wi-fi en mi kindle en menos de un minuto, si tengo que contactar con alguien le mando un veloz whatsapp, en general tengo todo lo que necesito a mi alrededor. Y sin embargo, a pesar de que todo se consiga más rápido, cada vez tengo menos tiempo. ¿Qué es lo que hago mal? 
Quiero ser justa conmigo y reconocer que he mejorado mucho a la hora de hacer limpieza existencial. Me he quedado solo con lo importante (mis seres queridos, mis libros, mi militancia y mi escritura) y con lo inevitable (mi trabajo) y he dejado mucha hojarasca en el camino. 
Ahora me toca pulir estas facetas de mi vida. Como este blog, siento que de alguna manera recomienzo en esta víspera de primavera de 2012. Tal vez se deba a que de este año se esperan tantas cosas horribles que me cae hasta bien. Siempre me he sentido atraída hacia las causas perdidas. 
Pretendo aliarme con las horas en lugar de enfadarme con ellas. Fluir a su ritmo en lugar de verme engullida por el remolino del destiempo. 
En realidad, como siempre, está en mis manos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Diluvio universal

Cuando piensas que las cosas no pueden ir peor, empeoran, y cuando piensas que no pueden mejorar, van y mejoran (Nicholas Sparks). 

    Lo que pasa, yo creo, es que estoy sobrepasada. En ese amor nuevo, ese amor que me atraganta y que me ha transformado por completo, se ha perdido la escritora y ha dado paso a una mujer que tiene miedo a escribir sus sensaciones y caer en todos los tópicos de la maternidad. Pero entonces todavía hay esperanza para la escritora, ¿verdad? Porque si se hubiera ido para no volver, la mujer no temería los clichés ni los lugares comunes y los vertería en sus páginas virtuales sin la menor vergüenza estética. 
   Así pensaba yo este verano cada vez que me acordaba de lo abandonada que tenía La Letra Escarlata. En fin, son cosas que pasan, a veces es necesario que los muebles cojan polvo para decidirse a hacer una limpieza general. 
   No soy otra persona, pero sí que he cambiado. Sigo siendo la misma loca de la época victoriana que existe entre libros y cuyo modo de vida es el feminismo, pero mi esencia ha variado, no era una composición inalterable, ahora vivo con un nudo en la garganta permanente. 
   De niña era una lectora empedernida de la Biblia. Recuerdo imaginar el interior del barco donde iban Noé y su familia como un lugar realmente acogedor. En mi mente, las paredes de madera de los camarotes resguardaban a los viajeros, que leían envueltos en cálidas mantas al vaivén de las olas del diluvio universal. Siempre había sopa en una enorme cacerola y el ruido de los animales les llegaba amortiguado produciendo una agradable banda sonora. Afuera tronaba y ya no había vida, pero ellos tenían cuanto pudiesen necesitar. Así me siento en esta época, como si el mundo estuviera sumergiéndose en una tormenta atroz de la que, por algún extraño motivo, se hubiera librado mi pequeña y perfecta familia.

jueves, 2 de junio de 2011

La vida y otras confesiones

No basta simplemente con vivir. Una necesita la luz del sol, libertad y una florecilla. (Hans Christian Andersen)

Tengo que confesaros algo: estoy agotada. No me dan las horas del día. Sacrificaría el sueño para hacer más cosas, pero ya de por sí tengo que rascarle horas a la noche para poder dormir entre despertar y despertar de la niña, la cual está pasando por las difíciles noches que experimentan los bebés cuando están dejando de ser bebés.
Mi mujer y yo nos pasamos los días cocinando litros de puré que luego congelamos en envases cuidadosamente medidos, haciendo avioncitos con cucharas, cambiando pañales, yendo al playgroup, leyendo cuentos, aprendiendo la ley del parque y del cajón de arena, celebrando cada logro y cada golpetazo de una vida de ocho meses, cantando nanas, impostando voces, limpiando la casa, haciendo la colada, cocinando también nuestra comida y nuestra cena, preparando litros de café que nos sostengan, haciendo cuentas, reponiendo el papel higiénico, preocupándonos por llegar a fin de mes.
Una trabaja por la mañana y la otra por la tarde, para que nuestra pequeña siempre esté con una de las dos. Las noches –agotadas frente a un bocadillo- son solo para mayores. ¿Qué tal te ha ido el día? Beso, beso. Los fines de semana -¡por fin es viernes!- para las tres.
Para colmo he vuelto a militar. Nunca he dejado de ser activista pero hacía tiempo que me había desmarcado de los colectivos, necesitaba un respiro. Vuelvo a estar al cien por cien –ahora encargándome de las Políticas Lésbicas de GALEHI y con la perspectiva de montar otro colectivo feminista, pero eso es otra historia que será contada en otra ocasión- y eso también es tiempo, tiempo, tiempo que no tengo.
No me da la vida. Mis padres se hacen viejos. Preocupan y hay que cuidarles mucho. Hermanos y hermanas, sus parejas, sus hijos e hijas. Mis amigas. Mis amigos. Les necesito. Me necesitan.
Novelas en mi cabeza. Peleando por robar ocasiones en las que teclearlas. Novelas en mi mesilla de noche. No importa lo agotada que esté, tengo que quedarme dormida sobre sus párrafos voladores. Estoy agotada.
Tengo que confesaros algo: mi vida es extraordinaria. Y me la he currado yo. Podría haber sido de otra manera. Menos apasionada, con menos sobresaltos. Tal vez más tranquila, más estable. Pero no sé si tan plena, porque cada noche me acuesto junto a la persona que amo. Nos turnamos para ponerle el chupete a nuestra hija y refunfuñando volvemos a quedarnos dormidas, siempre y cuando alguna parte de nuestro cuerpo esté rozándose.
En nuestra casa puedes tropezarte con un sonajero o sentarte encima de un peluche que suena como la bocina de un coche antiguo. Los desastres cotidianos nos hacen reír y nuestra hija crece con los ojos enormes, besada por todas partes, examinándolo todo, absorbiendo, llenando nuestros días de asombro, de puro gozo, de incredulidad. Y cada día es mejor que el anterior. Es el caos de existir, con sus alegrías y sus preocupaciones, es un pellizco constante que te recuerda que la sangre aún corre por tus venas.
Es también militar. Actuar localmente para que los cambios sean globales. Saber que estás haciendo algo.
Es también querer. Comprometerse con aquellas personas que escoges como familia, como amistades, en las horas buenas y en las malas. Para celebrarlas, llorarlas, quererlas, cuidarlas.
Viendo como está el patio, la existencia a veces parece real y tangible y otras una pantomima. Una tiene que aceptar que por el mero hecho de estar en este planeta tiene una responsabilidad consigo misma y con el mundo de cuyos recursos hace uso. 
Este compromiso es vivir de verdad. Resulta agotador. En ocasiones desolador. Pero siempre auténtico.

jueves, 5 de mayo de 2011

Estoy aquí

No seas de las que no hacen nada porque no lo pueden hacer todo. Haz algo. Cualquier cosa. (Colleen Patrick-Goudeau)

No me fui. Tampoco necesitaba un respiro. Estaba aquí, con los pies en la tierra y la cabeza en el tornado. Planeando estrategias que transformaré en abecedario para esta nueva etapa de La Letra Escarlata. Vuelvo con un plan no apto para insulsas. Enfadadísima de una forma creativa. Arremangada. Feminista a tope. ¿Te vienes?
 Seré postfeminista en un postpatriarcado

lunes, 21 de marzo de 2011

Decidiéndome

Qué cosa tan terrible que los fuegos artificiales de las fiestas y el fuego aéreo de las guerras se parezcan tanto. Y en esas estoy, amigas y amigos, reconstruyéndome, decidiéndome otra vez, tomando el camino largo para no ir por la cuerda floja, testigo participante de la felicidad más absoluta encarnada en unos mofletes de medio año de edad, viviendo en un oasis en medio del horror que es este mundo tan hermoso. Vuelvo en breve. Gracias por esperarme.

sábado, 5 de febrero de 2011

Cumples diez años

Deben cultivarse en la infancia preferentemente los sentimientos de independencia y dignidad (José Martí).

Es una niña a la que hace unos años, como a muchas otras de su edad, le apasionaba la historia de En busca del valle encantado. Pero su héroe no era Piecito, el vivaracho protagonista, sino –y lo decía con un tono reverencial- el Dinosario Solitario. Ese gigantón lacónico pero bueno era el dibujo animado con el que se identificaba la pequeña, para desesperación de su madre, que pensaba que su hija se sentía triste o abandonada. Pero qué va, yo creo que lo que pasa es que nunca le han gustado las tonterías y prefiere ser de las que cuando no tienen nada que decir, mejor se callan (a parte de que también es un poco drama queen).
Nosotras queríamos ser sus tías, pero esta Jack Sparrow de diez años –cumplidos hoy- dice que ni hablar del peluquín, que ella es nuestra hermana y que nuestra hija es su sobrina, pero que nada de mandonearla como suelen hacer las hermanas mayores, claro.
Niña camaleónica que lo mismo se pone a jugar con una pandilla de su clase que a conversar sobre la vida con adultos, bailarte un rap disfrazada de negro del Bronx o asistir embargada por la emoción a un concierto de Rosarillo. Estuvimos en la playa y nos pasamos horas pescando juntas (ver foto). Es imposible no quererla.
Lo mejor de todo es que le da cien mil vueltas a los políticos y a los religiosos y a los bienpensantes que gastan su saliva diciendo con quién nos podemos casar y con quién no y qué familias valen y cuáles no. Ella desprecia la biología, ha elegido a su familia con toda naturalidad y yo me siento honrada de haber comido espaguetis en un italiano el día de Navidad con este tesoro de una década que demuestra que el mundo todavía tiene una oportunidad de mejorar porque esta heroína delgaducha es el futuro.
FELIZ CUMPLEAÑOS, HERMANITA. TE QUEREMOS. 
HESTER, BRUGE Y LA BRUJITA ESCARLATA

jueves, 13 de enero de 2011

Educando a mi hija


La educación es demasiado importante para dejársela solo a los educadores (Francis Keppel, educador estadounidense)
 
Procuro no obsesionarme con la educación que estoy proporcionando a mi pequeña, es decir, que las cosas que intento inculcarle nunca se conviertan en una obligación para ella. 

Una de ellas es el bilingüismo, pues en casa mi mujer le habla en español y yo en inglés. Puesto que vivimos en Madrid, el idioma mayoritario es el castellano, pero compensaremos esto llevándola a playgroups (lugares de juego para niños y niñas de habla inglesa), viéndonos más con nuestros amigos extranjeros con hijos, comprándole cuentos en inglés, viendo los dvds en este idioma y de otras formas que hemos ido investigando. Éste ha sido un proyecto en el que he puesto toda mi energía desde que mi bebé era tan solo una idea, leyendo acerca de ello, estudiando estrategias y hablando con otros padres y madres que lo han hecho y que me han animado mucho. Para mí, hablar inglés ha sido el regalo de mi vida, pues no solo me ha abierto puertas laboralmente, que casi es lo de menos, sino que gracias a ello he podido acceder a otro mundo de personas, libros, webs, películas, música, ciudades… conocer más de una lengua, sean estas cuales sean, es un don. Por eso he querido que mi hija tuviera la misma fortuna.
Eso sí, como decía al principio, no deseo que se convierta en una obligación para ella. Jamás le diré: ¡Habla en inglés! Simplemente me dirigiré a ella en ese idioma como lo más natural del mundo. Para quien le interese este tema, a mí me han ayudado mucho un blog llamado Spanglish Baby y un libro titulado Raising a Bilingual Child, por Barbara Zurer Pearson, que según tengo entendido está siendo traducido al español en estos momentos.

La segunda cosa que quiero transmitir a mi niña es sensibilidad. Quiero que nunca se avergüence de mostrar sus sentimientos, que sea asertiva y compasiva, que sea cariñosa y cercana, que sea capaz de ponerse en el lugar de los demás, que su individualismo no necesite fortalecerse ignorando o despreciando a los demás sino mediante la creatividad y el cuidado. Por eso en casa le damos muchos besos y nos los damos nosotras, no paramos de decirle te quiero, I love you, me encanta estar contigo, I love spending time with you! Nos abrazamos, decimos lo que nos alegra y lo que nos duele, jugamos y nos reímos.
Otra de las experiencias educativas en las que pongo todo mi corazón es en que ame la lectura, porque así tendrá siempre una casa cuando esté fuera de casa. En nuestro piso tenemos una enorme biblioteca y aunque nuestra brujita escarlata tenga tres meses nada más, ya hemos preparado su zona, con una estantería a su medida (regalo de Farala, por cierto) y un banquito. Por ahora le leemos nosotras los libros (¡le encanta, qué gritos de felicidad pega!). En un futuro espero que ella misma pase largos ratos ahí. De nuevo, nunca me oiréis decirle: ¡Lee! Aunque supongo que en un hogar donde este acto se ve constantemente y en el que nos divertimos tanto haciéndolo y hablando de libros, resultará para ella algo de lo más natural.
¡El tiempo dirá!
El rincón de lectura de la brujita escarlata
Las ilustraciones de este post son obra de Mary Engelbreit

domingo, 9 de enero de 2011

Nube de tags sobre esta Navidad

Uno de los desórdenes más maravillosos que hay en este mundo es el que se forma alrededor de un árbol de Navidad durante esa época. No tengas demasiada prisa en recogerlo (Andy Rooney)

pavo relleno galletas de jengibre madrugones maternales dormir poco reír mucho amigas frío amigos hija familia  mi mujer regalos especiales un año más planes cuaderno en blanco adiós 2010 echar de menos bailar leer contar cuentos hola 2011 fiesta fuegos artificiales cava buen vino jugar soñar escribir limpiar Charlotte Brontë visitas calendario fugaz libre de malos humos apocalipsis Scrooge abrazos y besos desencuentros peluches reencuentros calor lluvia fotos trabajo replanteamientos christmas familias del corazón infancia tiempo libre amor

sábado, 1 de enero de 2011

2011

¡Feliz año nuevo! Todo es posible, os lo prometo.
RESPUESTA

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...

Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...

Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.


---José Hierro

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Más MíraLes

¿Puedes imaginarte un mundo sin hombres? Estaría libre de crimen y lleno de mujeres gordas y felices (Nicole Hollander).

La cita viene a que el martes pasado estuve en el Ne me quitte pas, un restaurante/creperie fantástico de la calle Alburquerque de Madrid, en una de las jornadas de MiraME, el festival lésbico organizado por la revista MiraLes, concretamente en la entrega de premios del I Concurso Literario Sobre Visibilidad Lésbica. Como ya os he contado y como podéis ver en el diploma que ilustra esta entrada, La letra escarlta recibió el premio al mejor blog, cosa que aún me tiene en las nubes. Además de eso, la noche tuvo un concierto y un montón de encuentros felices con blogueras como Diley o grandes amigas como Farala y Kali.
Después de unos meses duros -inundada de trabajo, estrenando la maternidad, con un montón de cosas en la cabeza- en los que apenas he salido a tomar el aire, beberme un gin tonic rodeada de bolleras ha sido un verdadero placer. Y darme cuenta de la importancia de estar ahí, de pasar una noche con un montón de mujeres creativas, que escriben y fotografían y se mueven y desprecian lo banal, eso ha sido un chute vitamínico que me anima a empezar diciembre con muchísimas ganas.
Por si fuera poco, me han entrevistado para la revista, podéis leer la entrevista aquí.
De veras que no me quiero recrear en premios ni sonar vanidosa, simplemente quería dar las gracias a MiraLes una vez más por haberme reconocido y, sobre todo, por estar ahí. ¡Que tengáis una larga y fructífera vida!

martes, 26 de octubre de 2010

Primeros pinitos

Quien lleve su infancia consigo, permanecerá joven para siempre (Abraham Surzkevery)

El devastador paso de cuatro de las hermanas Brontë por Cowan Bridge, un sórdido internado para hijas de clérigos que luego Charlotte retrataría con extrema fidelidad en Jane Eyre, su obra maestra, se saldó con la muerte de las dos chicas mayores, de tan solo once y diez años, Maria y Elizabeth.
Las afligidas supervivientes, Charlotte (ahora la mayor) y Emily, regresaron a la rectoría donde vivían con su padre, su tía y sus hermanos Branwell y Anne. El libre acceso a la biblioteca de su padre y su pasión por la lectura les llevó a crear mundos imaginarios que plasmaron en papel, ocupándose de los más nimios detalles. Charlotte y Branwell inventaron Angria, y Emily y Anne erigieron Gondal.
La inspiración fueron doce soldaditos de madera que Branwell recibió de su padre. Charlotte puso nombre a cada uno de ellos y los cinco comenzaron a escribir historias. Los libros estaban escritos en letra minúscula y perfecta, ¡del tamaño de los soldados!
La cultura que tenían las niñas y su hermano apenas la podemos imaginar de tan inmensa para su corta edad, pero yo entiendo perfectamente eso de refugiarse en otros mundos cuando el tuyo se vuelve hostil.
Si siempre me gustó leer y escribir, tras la muerte de uno de mis hermanos en un accidente de tráfico la sucesión de cuadernos llenos de historias fue constante. Siempre hacía una página de texto y otra con un dibujo. Para mí unas hojas en blanco eran la posibilidad de reflejar en ella lo que me contaba por las noches para quedarme dormida, lo que imaginaba sentada en mi habitación, en los momentos en los que debía estar haciendo los deberes. Escribía a todas horas, pero sobre todo en el recreo, mientras el resto de las niñas se sentaban en corro o jugaban al rescate (a los chicos del fútbol no había quien les sacase). Algunas de mis amigas venían a examinar mis creaciones, acostumbradas a verme en un rincón boli en mano, y muchas me pedían los cuentos, motivo por el cual muchísimos de ellos no están en mi poder actualmente.
También regalaba muchas de mis historias a la familia y a las amigas de mis hermanas mayores, que se morían de risa y de ternura, especialmente con Sapitón, mi revista. De Sapitón saqué un número considerable de ejemplares durante varios años, pero la mayor parte de ellos se ha perdido porque me los compraba la gente a 25 pesetas (mismo dinero que recibía por hacer media hora de cosquillas a mis hermanas mientras veían la tele). En ella hablaba de mis series favoritas (Falcon Crest y V sobre todo, me fascinaban), películas (Superman, Grease) escribía seriales que continuaban en el siguiente número, me inventaba entrevistas (incluso tengo una a Isabel Pantoja que he conservado, ya os la enseñaré) y dibujaba posters (mítico el de Angela Channing).
Mi prima rescató hace poco este cuaderno de una historia inconclusa escrita cuando tenía diez años. Aquí os la dejo como aperitivo a otros recuerdos que iré escaneando si me permitís este viaje al pasado.




martes, 12 de octubre de 2010

Naciendo

Tomar la decisión de tener un bebé es algo realmente trascendental. Significa que tendrás el corazón funcionando fuera de tu cuerpo para el resto de tu vida (Elisabeth Stone).

La vida es extraña y maravillosa. La vida me acongoja. Tengo muchas cosas que escribir, pero el nacimiento de mi hija me insufló un cúmulo de emociones que, en forma de pompas invisibles, me comienzan en la garganta y recorren todo mi cuerpo, llegando tan lejos como para hacerme tambalear. Dadme tiempo. El amor me desborda, como si quisiera abrirse hueco y acabase brotando por cualquier resquicio en mi carne. Nunca antes se habían fusionado de esta forma mi físico y mi alma. Hay una niña muy pequeñita que parece mirarme ya con intensidad cuando le canto y hay una mujer por la que creo poder ser tan fuerte como para detener un tren si lo esperase en una vía con el brazo estirado. La biología no vale nada, sois mi familia y yo la vuestra. Soy feliz aunque en ocasiones todavía lloro porque tuve miedo. Ya no dormimos, como es natural. El sentimiento más fuerte, el deseo más intenso, es estar a solas con vosotras dos durante un tiempo. Curándonos, amándonos, conociéndonos en trío. Me casé con la mujer que más admiro en este mundo. Luchamos por crear otra vida y el fruto fue este bebé calentito que se cuela en nuestra cama cada noche. De pronto se me ocurre pensar en las Navidades futuras y las imagino como viejas películas en súper 8, las tres en acogedores pijamas abriendo paquetes brillantes a juego con nuestros ojos. Las tres, un nuevo número. Esperanza. Continúo procesándolo todo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Primera lección

Deje caminar a su hijo por donde la estrella le llama (Miguel de Cervantes)

Nuestra hija ya nos ha dado su primera lección de tantas sin salir siquiera de la tripa de su madre-bruja: hemos de respetar su propio ritmo, éste no tiene por qué coincidir con el nuestro.
O, en palabras de la que me parió a mí: “La paciencia es la madre de la ciencia”.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Poemas (5): Renée Vivien

Detesto el perfume empalagoso y las voces estridentes (Renée Vivien)

¡Renée Vivien! He exclamado mentalmente esta mañana, al despertar y acordarme de que hoy es nuestro aniversario de boda. ¿No tenía Renée Vivien unos poemas perfectos para dedicarle hoy a mi bruja? He rebuscado entre mis libros mientras preparaba lo que nosotras llamamos un “desayuno de hotel” para darle una sorpresa a mi esposa-desde-hace-exactamente-un-año y los he encontrado.
El desayuno/buffet tenía las siguientes cosas: café (por supuesto), zumo de naranja, higos y coco, tostadas de pan integral y de centeno, huevos revueltos, beicon, mantequilla de Soria y mermelada casera de moras, bollitos variados (que nadie se ría), galletas escocesas al limón con trocitos de fruta, queso cheddar y fresco de cabra y yogures ecológicos con frutas del bosque. Me lo he currado, ¿a que sí? Mejor que esos que te traen a casa, cuestan un dineral y luego son como la comida de avión.
Aquí va una foto de la mesa que se ha encontrado mi somnolienta mujer al salir de la cama y luego lo de Renée Vivien (por cierto, que cada vez que aparece el nombre de la poeta en este post, éste está enlazado a una página web distinta con más poemas suyos y otros datos de interés).

Renée Vivien (1877-1909)
Poeta simbolista británica que, no obstante, escribía en francés.
Nació en Londres de padre inglés y madre estadounidense. Su familia tenía mucho dinero y creció entre París y  Londres. Con 21 años heredó la fortuna familiar y se mudó definitivamente a la ciudad de las luces.
Desde ese momento y causando gran escándalo, vivió abiertamente su lesbianismo y, como podéis observar por la fotografía, lo vistió también. Su relación con la escritora Natalie Clifford Barney (las dos, en la imagen debajo del primer poema) era conocida por todo el mundo, así como su amor no correspondido por Violet Shillito, su amiga de la infancia, cuya muerte le dejó devastada.
Vivien no soportaba las infidelidades de Natalie Clifford Barney por lo que, y a pesar de los ruegos de esta para que lo reconsiderada, rompió con ella. Después tuvo un affair con una mujer casada perteneciente a los Rothschild de París, así como con la mujer de un diplomático turco.
A Renée Vivien le afectaron mucho sus problemas amorosos, por lo que en el final de su vida se vio inmersa en una espiral de alcohol y autodestrucción que su vecina Colette retrató en su libro Lo puro y lo impuro.
Para ser una mujer de la época victoriana y eduardiana, Vivien era inusitadamente culta y había viajado mucho. A pesar de morir con tan solo 32 años, su vida fue intensa y su obra prolífica. Aquí tenéis dos poemas como ejemplo (como tantas poetas -y más aún si son lesbianas- apenas está traducida al castellano. En este caso lo ha hecho Luis Antonio de Villena para su antología de posía gay y lésbica Amores iguales).

PALABRAS A LA AMIGA
Soy mujer, y no tengo ningún derecho a la belleza.
Me habían condenado a la fealdad masculina.

Y tuve la inexcusable audacia de buscar
el amor sororal hecho de suaves blancuras (…).

Me habían prohibido tus cabellos, tus pupilas
porque tus cabellos son largos y llenos de aroma
y porque tienen tus ojos extraños ardores
y se turban igual que las ondas rebeldes.

Con el dedo me han señalado en irritado gesto,
porque buscaba mi mirada tu mirada tierna,
y viéndonos pasar nadie quiso comprender
que solo con sencillez yo te había elegido.

Considera la ley vil que transgredo
y juzga mi amor que no conoce daño alguno,
tan cándido, tan necesario y fatal
como el deseo que junta al amante y la amada. (…)
A LA BIEN AMADA
Tú eres mi palacio, mi noche y mi otoño,
y mi vela de seda y mi jardín de lirios,
mi pebetero de oro y mi blanca columna,
mi parque y mi estanque de cañas e iris.

Tú eres mi perfume de ámbar y miel, mi palma,
mis frondas, mi canto de cigarras en el aire,
mi nieve que se muere de tan altiva y calma,
y mis algas y mis paisajes marinos.

Y eres mi campana de monótono sollozo,
mi isla fresca y mi oasis compasivo…
Tú eres mi palacio, mi noche y mi otoño,
y mi vela de seda y mi jardín de lirios.
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Poemas (3)
Poemas (4)

sábado, 11 de septiembre de 2010

¡Nos toca!

La amistad no es necesaria, como la filosofia, como el arte, etc. no tiene valor de supervivencia; sin embargo, es una de esas cosas que da valor a la supervivencia. (C. S. Lewis)

Al principio de todo, en un momento que me parece antiguo y aquí al lado, todo a un tiempo, las vimos en la clínica de reproducción asistida y supimos que eran, como decimos mi bruja y yo, “hermanas”.
Esa es nuestra palabra clave cuando hablamos de chicas que entienden. Vamos a comprarnos unos zapatos, por ejemplo, y al salir podemos comentar: “La dependienta era una hermana”. Como el gaydar nos funciona de maravilla (o ambas lo tenemos igual de escacharrado), solemos estar de acuerdo.
El caso es que en la clínica estábamos fascinadas porque ya llevábamos no sé cuántas citas y en la sala de espera (donde pasábamos mucho más tiempo que en la consulta y devorábamos diezminutos y prontos con la excusa del aburrimiento) solo habíamos visto a parejas heterosexuales. Muchísimas de ellas. Boyante el negocio de la fertilidad y qué mal está el semen de los maridos españoles, oiga usted.
A lo largo de todo este proceso nos hemos dado cuenta de que hemos sido pioneras porque lo de la bollomaternidad legal, es decir, de esa que hace constar a dos madres en un libro de familia (de la otra ha habido desde el principio de los tiempos), todavía no se ve mucho y en todas partes –hospitales, ventanillas de diversa índole, tiendas premamá…- hemos causado sorpresa y desconcierto.
Pero al principio, en nuestra inocencia, pensábamos que la clínica de reproducción asistida iba a estar llena de madres sáficas hablando de su ciclo menstrual y de su chica L Word favorita. Nunca me imaginé que Belén Estéban iba a ser la reina del revistero de ese lugar.
Así es que os imaginaréis que cuando nuestro gaydar hizo bip bip bip no tuvimos más remedio que saludarlas. Fue un simple “Hola chicas, ¿cómo lo lleváis?” que se podría traducir como “somos bolleras, sabemos que vosotras también, sed nuestras amigas porque no soportamos más este lugar”.
Resultaron bien majas y coincidió que estaban en la etapa de la inseminación como nosotras. Seguimos en contacto desde entonces y llevamos un proceso muy similar, incluso pasamos a intentarlo por in vitro al mismo tiempo.
Total, que nos hicimos amigas y empezamos a quedar, a marujear sobre nuestras doctoras, a compartir nuestros sueños maternales y a ponernos nerviosas y esperanzadas juntas.
Ellas se quedaron embarazadas tan solo un poquito antes que nosotras. Nuestros bebés nacerían en septiembre. Las dos madres biológicas han tenido embarazos difíciles e incómodos y las dos madres del corazón hemos intercambiado desazones y consuelos. Cuando nos dijeron que los dos bebés serían niñas, empezó la lluvia de nombres y la decisión de vernos mucho para que las pequeñas creciesen y jugasen juntas. El hecho de tener familias similares será bueno para ellas, pues probablemente en sus colegios aún no haya tantas.
Anoche nació la primera de nuestras niñas, la de ellas. Un precioso bebé regordete y mucha emoción en la voz cuando nos lo contaban.
Por fin llegó el momento.
Nos han dado la vez.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Bienvenidas a la República Independiente de Bragalandia

Hogar no es donde vives, sino donde te comprenden (Christian Morgenstern).

---¿Estamos perdiendo la compostura? –le he preguntado hoy a mi bruja.
---¿Y qué? –me ha respondido ella.
Las dos nos hemos echado a reír.
Y es que nuestro piso parece un anuncio de Ikea. No lo digo por los muebles (que también) sino por lo de la república independiente. Hacemos lo que nos da la real gana.
Vamos por la casa en bragas, yo agarrada a una taza de café y ella intentando manejarse con el barrigón.
En lugar de perro, a nuestros pies tenemos ventiladores.
En cada mesa y en cada brazo de sillón hay un libro abierto.
Los pendientes los clavamos en el corcho del despacho.
La ropita de nuestra hija la estrena un oso de peluche con el que a veces gasto bromas a mi mujer. Lo meto en nuestra cama, en la cabeza un sombrero y entre las garras una revista. Debajo de la manta que le cubre introduzco almohadas para simular un cuerpo humano. Lo remato con unas botas. ¡Qué gritos al ir a acostarse, la pobre!
Cuidado con los botes de potingues que hay en el baño, al abrir uno de ellos puedes toparte con un post-it de amor adherido a la tapa.
Los domingos saben a tostada y a suplemento izquierdoso.
¡Tenemos una muñeca de Jane Austen y otra de Virginia Woolf!
Muchísimas noches cenamos burritos caseros o sopa china.
Eduard Punset y Judith Butler conviven sin problemas.
Cuando yo estoy harta, ella se encarga de todo y cuando ella no puede más, me convierto en el genio de la lámpara. ¡Pide un deseo!
No solemos respetar horarios, aquí la merienda la hacemos al amanecer.
Nos hemos vuelto vampiresas que al poner un pie en la calle pestañeamos con sorpresa ante la luz del sol de verano y el mundo nos parece enorme y demasiado ordenado. ¡Con lo bien que se está en casa!
Me he comprado un puro y lo he metido en la nevera. Cuando volvamos del hospital y las deje acostadas, saldré a la terraza y me lo fumaré mirando las estrellas. ¡Misión cumplida, empieza el resto de nuestras vidas!
Mientras tanto, tenemos un calendario en la cocina de esos que te regalan en los bancos cuando empieza el año. Hemos tapado la propaganda con una foto de nuestra boda. Los días se estiran y nunca parece llegar el momento.
Impaciencia, insomnio.
Los pantalones en el respaldo de una silla, como un viandante al borde del suicidio.
Uñas mordisquedas.
Envoltorios de flash.
Zumbidos de intrusos alados.
Una Jane Austen de plástico.
Canícula.
¡Ah, la espera!