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lunes, 4 de junio de 2012

¡Todo va a ir mejor!

 Una vez iniciado el cambio social, éste no puede detenerse. No puedes desenseñar a una persona que ha aprendido a leer. No puedes humillar a una persona que se siente orgullosa. No puedes oprimir a la gente que ya no tiene miedo. Hemos visto el futuro, y el futuro es nuestro (César Chávez).

Aquí me tenéis, entre otras maravillosas personas de la asociación Galehi, participando en el proyecto de apoyo a la juventud lgtb It Gets Better.
Difundid, difundid, esto tiene que llegar lejos...
¡En marcha con el mes del Orgullo! (Y también con el mes en que La Letra Escarlata cumple ni más ni menos que ocho años)

sábado, 31 de marzo de 2012

OBITUARIO: Adrienne Rich (1929-2012)

Puede que dispongamos de todos los recursos tecnológicos habidos y por haber…pero si nuestro lenguaje no es el adecuado, nuestra visión permanecerá deforme y nuestra razón y nuestros sentimientos darán vueltas sin llegar a ninguna parte. Tal vez nuestro proceso llegue a ser “revolucionario”, pero nunca transformador. (Adrienne Rich

Creía que el arte y la política eran indivisibles. Centró todo su trabajo teórico y poético en el feminismo, el lenguaje, la identidad sexual y racial, los derechos civiles y el pacifismo. Ha sido una de las activistas, pensadoras y creadoras más trascendentales del siglo XX. 
En Instantáneas de una nuera (Snapshots of a Daughter-in-Law, 1963) versificó sobre ese problema sin nombre acerca del que también estaba escribiendo en ese momento Betty Friedan: la alienación que conlleva el rol femenino dentro de un matrimonio normativo. Recordemos que por aquél entonces apenas había iniciado su andadura la segunda ola del movimiento feminista que condenaría todo esto. Ella sería una de sus figuras principales. 
En 1976, habiendo dejado a su marido y padre de sus tres hijos, salió del armario e inició una relación con la que sería su pareja durante toda su vida, Michelle Cliff, una escritora de origen jamaicano. Eran tiempos muy hostiles para las lesbianas, incluso dentro del movimiento feminista. Ese mismo año publicó Veintiún poemas de amor (Twenty-one Love Poems), su homenaje al amor lesbiano. 
En 1980 escribió un ensayo fundamental para el lesbofeminismo, Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana (Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence), texto que en un mundo razonable sería un clásico de la no ficción, junto con Nacemos de mujer (Of Woman Born), obra en la que examina la maternidad como experiencia y como institución. 
Heredera declarada de las escritoras que la precedieron, rechazadora de los premios más importantes del mundo literario norteamericano por considerar que la literatura es más importante que un adorno para el salón, investigadora del lenguaje feminista, rebelde, insumisa, intelectual, valiente. 
Nunca dejó de escribir ni de luchar. A principios de este siglo, ya septuagenaria, se manifestó en contra de la guerra de Iraq. 
No hace mucho que publicó su último libro de poesía. 
Ha muerto Adrienne Rich.

martes, 6 de marzo de 2012

Este momento (epifanía)

Nadie puede retroceder y emprender un nuevo comienzo, pero todo el mundo puede empezar hoy a crear un nuevo final (Maria Robinson).  

Anoche experimenté un momento perfecto –epifánico, una joya, una rareza- y me alegra haber sido consciente de ello en vivo y en directo. 
Ya era de madrugada y dormíamos. Nuestra hija estaba entre nosotras (es una experta en colarse en nuestra cama) enfundada en su pijama de cuerpo entero con los corchetes detrás para facilitar el cambio de pañal. Estaba caliente como solo se calientan los bebés que duermen y olía a aceite de almendra dulce y a leche con cacao. Todo estaba en silencio. 
Nuestra pequeña, ya digo, estaba entre nosotras y con un brazo tocaba a una mamá y con el otro a la otra. Eso le daba paz. Y pensé para mí: este momento. 
Este momento en que las dos somos más jóvenes que viejas, estamos sanas, nos amamos, nos lo pasamos bien juntas, nos satisface nuestra vida personal y profesional, tenemos un nido y estamos rodeadas de gente que nos quiere. 
 Este momento en que nuestra hija cambia de bebé a niña, no tiene preocupaciones, se ríe constantemente, no conoce los prejuicios, nos adora, se siente segura y querida, tiene todavía la vida entera por estrenar y recorrer. 
Magia. Realidad. 
¿Se volverán a dar todos estos factores juntos alguna vez? Sí o no. Pero quiero apreciarlos, agradecerlos y atesorarlos. 
Tengo tanta suerte…

miércoles, 26 de octubre de 2011

Dijiste mamá

Todo rostro inocente tiene un lado salvaje.

Y dijiste mamá y fue revolucionario, porque nos lo dijiste a las dos. Te pones en pie, intentas mantener el equilibrio, te ríes de tu propia osadía y te dejas caer sobre el pañal. ¿Mamá?, preguntas cuando oyes el ascensor, queriendo saber si ya llega la que te falta de nosotras dos. Mamá, me dices tendiéndome uno de tus cuentos para que te lo lea. Mamá, le dices señalando tu zumo de manzana. Así, a chupetazo limpio, rompiendo esquemas desde pequeñita. Imposible no estar orgullosa de ti. Te quiero hija.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Diluvio universal

Cuando piensas que las cosas no pueden ir peor, empeoran, y cuando piensas que no pueden mejorar, van y mejoran (Nicholas Sparks). 

    Lo que pasa, yo creo, es que estoy sobrepasada. En ese amor nuevo, ese amor que me atraganta y que me ha transformado por completo, se ha perdido la escritora y ha dado paso a una mujer que tiene miedo a escribir sus sensaciones y caer en todos los tópicos de la maternidad. Pero entonces todavía hay esperanza para la escritora, ¿verdad? Porque si se hubiera ido para no volver, la mujer no temería los clichés ni los lugares comunes y los vertería en sus páginas virtuales sin la menor vergüenza estética. 
   Así pensaba yo este verano cada vez que me acordaba de lo abandonada que tenía La Letra Escarlata. En fin, son cosas que pasan, a veces es necesario que los muebles cojan polvo para decidirse a hacer una limpieza general. 
   No soy otra persona, pero sí que he cambiado. Sigo siendo la misma loca de la época victoriana que existe entre libros y cuyo modo de vida es el feminismo, pero mi esencia ha variado, no era una composición inalterable, ahora vivo con un nudo en la garganta permanente. 
   De niña era una lectora empedernida de la Biblia. Recuerdo imaginar el interior del barco donde iban Noé y su familia como un lugar realmente acogedor. En mi mente, las paredes de madera de los camarotes resguardaban a los viajeros, que leían envueltos en cálidas mantas al vaivén de las olas del diluvio universal. Siempre había sopa en una enorme cacerola y el ruido de los animales les llegaba amortiguado produciendo una agradable banda sonora. Afuera tronaba y ya no había vida, pero ellos tenían cuanto pudiesen necesitar. Así me siento en esta época, como si el mundo estuviera sumergiéndose en una tormenta atroz de la que, por algún extraño motivo, se hubiera librado mi pequeña y perfecta familia.

jueves, 13 de enero de 2011

Educando a mi hija


La educación es demasiado importante para dejársela solo a los educadores (Francis Keppel, educador estadounidense)
 
Procuro no obsesionarme con la educación que estoy proporcionando a mi pequeña, es decir, que las cosas que intento inculcarle nunca se conviertan en una obligación para ella. 

Una de ellas es el bilingüismo, pues en casa mi mujer le habla en español y yo en inglés. Puesto que vivimos en Madrid, el idioma mayoritario es el castellano, pero compensaremos esto llevándola a playgroups (lugares de juego para niños y niñas de habla inglesa), viéndonos más con nuestros amigos extranjeros con hijos, comprándole cuentos en inglés, viendo los dvds en este idioma y de otras formas que hemos ido investigando. Éste ha sido un proyecto en el que he puesto toda mi energía desde que mi bebé era tan solo una idea, leyendo acerca de ello, estudiando estrategias y hablando con otros padres y madres que lo han hecho y que me han animado mucho. Para mí, hablar inglés ha sido el regalo de mi vida, pues no solo me ha abierto puertas laboralmente, que casi es lo de menos, sino que gracias a ello he podido acceder a otro mundo de personas, libros, webs, películas, música, ciudades… conocer más de una lengua, sean estas cuales sean, es un don. Por eso he querido que mi hija tuviera la misma fortuna.
Eso sí, como decía al principio, no deseo que se convierta en una obligación para ella. Jamás le diré: ¡Habla en inglés! Simplemente me dirigiré a ella en ese idioma como lo más natural del mundo. Para quien le interese este tema, a mí me han ayudado mucho un blog llamado Spanglish Baby y un libro titulado Raising a Bilingual Child, por Barbara Zurer Pearson, que según tengo entendido está siendo traducido al español en estos momentos.

La segunda cosa que quiero transmitir a mi niña es sensibilidad. Quiero que nunca se avergüence de mostrar sus sentimientos, que sea asertiva y compasiva, que sea cariñosa y cercana, que sea capaz de ponerse en el lugar de los demás, que su individualismo no necesite fortalecerse ignorando o despreciando a los demás sino mediante la creatividad y el cuidado. Por eso en casa le damos muchos besos y nos los damos nosotras, no paramos de decirle te quiero, I love you, me encanta estar contigo, I love spending time with you! Nos abrazamos, decimos lo que nos alegra y lo que nos duele, jugamos y nos reímos.
Otra de las experiencias educativas en las que pongo todo mi corazón es en que ame la lectura, porque así tendrá siempre una casa cuando esté fuera de casa. En nuestro piso tenemos una enorme biblioteca y aunque nuestra brujita escarlata tenga tres meses nada más, ya hemos preparado su zona, con una estantería a su medida (regalo de Farala, por cierto) y un banquito. Por ahora le leemos nosotras los libros (¡le encanta, qué gritos de felicidad pega!). En un futuro espero que ella misma pase largos ratos ahí. De nuevo, nunca me oiréis decirle: ¡Lee! Aunque supongo que en un hogar donde este acto se ve constantemente y en el que nos divertimos tanto haciéndolo y hablando de libros, resultará para ella algo de lo más natural.
¡El tiempo dirá!
El rincón de lectura de la brujita escarlata
Las ilustraciones de este post son obra de Mary Engelbreit

martes, 12 de octubre de 2010

Naciendo

Tomar la decisión de tener un bebé es algo realmente trascendental. Significa que tendrás el corazón funcionando fuera de tu cuerpo para el resto de tu vida (Elisabeth Stone).

La vida es extraña y maravillosa. La vida me acongoja. Tengo muchas cosas que escribir, pero el nacimiento de mi hija me insufló un cúmulo de emociones que, en forma de pompas invisibles, me comienzan en la garganta y recorren todo mi cuerpo, llegando tan lejos como para hacerme tambalear. Dadme tiempo. El amor me desborda, como si quisiera abrirse hueco y acabase brotando por cualquier resquicio en mi carne. Nunca antes se habían fusionado de esta forma mi físico y mi alma. Hay una niña muy pequeñita que parece mirarme ya con intensidad cuando le canto y hay una mujer por la que creo poder ser tan fuerte como para detener un tren si lo esperase en una vía con el brazo estirado. La biología no vale nada, sois mi familia y yo la vuestra. Soy feliz aunque en ocasiones todavía lloro porque tuve miedo. Ya no dormimos, como es natural. El sentimiento más fuerte, el deseo más intenso, es estar a solas con vosotras dos durante un tiempo. Curándonos, amándonos, conociéndonos en trío. Me casé con la mujer que más admiro en este mundo. Luchamos por crear otra vida y el fruto fue este bebé calentito que se cuela en nuestra cama cada noche. De pronto se me ocurre pensar en las Navidades futuras y las imagino como viejas películas en súper 8, las tres en acogedores pijamas abriendo paquetes brillantes a juego con nuestros ojos. Las tres, un nuevo número. Esperanza. Continúo procesándolo todo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Primera lección

Deje caminar a su hijo por donde la estrella le llama (Miguel de Cervantes)

Nuestra hija ya nos ha dado su primera lección de tantas sin salir siquiera de la tripa de su madre-bruja: hemos de respetar su propio ritmo, éste no tiene por qué coincidir con el nuestro.
O, en palabras de la que me parió a mí: “La paciencia es la madre de la ciencia”.

martes, 21 de septiembre de 2010

Hecha la ley, hecha la trampa

Burocracia es el arte de hacer imposible lo posible.

El otro día os contaba que dos amigas habían tenido ya a su hija y que, por tanto, nos habían dado la vez, ya que nos tocaba justo después que a ellas. Pues bien, cuando fueron a inscribir a su pequeña en el Registro Civil de la localidad del sur de la Comunidad de Madrid donde residen, vivieron una situación de lo más surrealista.
Yo ya había oído demasiadas historias para no dormir en lo que respecta al registro de bebés por parte de matrimonios de lesbianas antes de esta. No hay derecho.
Un hombre casado con una mujer no tiene que demostrar que es padre de la criatura que inscribe en el Registro, con que la madre (que sí que tiene que demostrar que es la madre con un certificado del hospital donde ha dado a luz) diga que lo es, basta. Nosotras tenemos que tragar ya de por sí con requisitos inflexibles e injustos como estar casadas y haber concebido por reproducción asistida. No solo eso, sino que debemos estar casadas antes de iniciar el tratamiento en la clínica de fertilidad de modo que la madre no gestante pueda firmar los formularios de dicho procedimiento y luego llevarlos al Registro.
Como digo, es completamente injusto y homófobo que se nos trate de forma tan distinta a los heterosexuales, quienes no tienen que hacer ninguno de estos trámites.
Pero ay, si allí acabara la cosa…
Luego dependemos, como diría la Blanche del tranvía, de la bondad de los desconocidos, pues según el antojo del funcionario del Registro que te toque ese día, las cosas pueden complicarse aún más.
Estoy en diversas listas de correo de madres lesbianas y cuentan que les pasa de todo. El caso de mis amigas es el que sigue: no les han permitido poner el orden que deseaban de apellidos, les han obligado a seguir el orden en el que aparecen en el Libro de Familia. El orden en que un matrimonio de mujeres aparece en el Libro de Familia es completamente aleatorio, a veces te preguntan quién quieres que vaya antes y otras –como en el caso de mi mujer y mío- lo ponen como se les antoja. En el caso de mis amigas, iba primero la madre del corazón y en segundo lugar la biológica, y así ha tenido que ser, según el capricho de los funcionarios de su Registro, pues decían que ése es el lugar que “normalmente” ocupa el padre. Por otra parte, otras amigas que tuvieron gemelos el año pasado, fueron obligadas a poner primero el apellido de la biológica. Como veis, esto es aleatorioo. ¡Ycompletamente ridículo! Los matrimonios –heterosexuales y homosexuales- pueden decidir el orden de los apellidos que llevan sus hijos, siempre y cuando sea siempre el mismo: es decir, los apellidos del primogénito tienen que ser los apellidos de sus hermanos pequeños. ¿Por qué les han hecho esto?
Pura homofobia. Ya estoy harta de justificarles, de decir que tienen que acostumbrarse a los cambios. Joder, que ya es hora, ni que fuera tan difícil, es su trabajo, a ver si lo hacen y nos dejan vivir en paz.
Con lo que les ha ocurrido a nuestras amigas, nosotras nos preocupamos mucho y decidimos ir a nuestro Registro a hacer la filiación previa de la que nos habían hablado tantas veces (y a la cual nos resistíamos por parecernos absurda y arbitraria). Puesto que mi mujer es la madre biológica, queremos que nuestra hija lleve primero mi apellido, para nosotras es muy importante sentimentalmente hablando. No se hubiera caído el mundo de ser en otro orden, pero nos hace mucha ilusión que sea así (y tenemos todo el derecho del mundo según las leyes españolas).
¡Menos mal que fuimos! Allí primero nos encontramos con una funcionaria a la que, cuando solicitamos el támite de la prefiliación, nos miró como si estuviéramos locas y nos dijo que no teníamos que hacer nada antes, que volviésemos cuando naciera nuestro bebé. Pero a su lado había otra que era claramente bollo y que nos indicó que preguntásemos en el edificio de al lado por un tipo que nos explicaría lo que teníamos que hacer. Todo en un rollo muy lesbomafia, como si fuéramos de la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial, intentando buscar una imprenta clandestina.
El hombre nos explicó que podíamos hacer un reconocimiento previo para no tener problemas cuando naciera nuestra pequeña. No sé cómo funcionará en otros registros pero en el de la calle Pradillo de Madrid (el único de la capital), esto es lo que hay que llevar (¡viva la igualdad!). Seguramente saldrán bollomadres diciendo que no necesitaron nada de esto, pero como he dicho al principio, dependemos de la buena  (o mala) fe del funcionario de turno, así que mejor prevenir que curar. La hoja nos la entregó ese señor ayer mismo:
Nosotras, afortunadamente, ya teníamos todo esto con nosotras y pudimos llevar a cabo el reconocimiento, del cual nos entregaron una copia que tenemos que llevar cuando inscribamos a nuestro bebé en el Registro (y por supuesto, nos advirtió que fuéramos a verle a él directamente, que no lo hiciéramos con otra persona). Como veis, está fechado ayer. Pudimos elegir el orden de los apellidos sin problemas:
Estas son las pruebas que por fin podemos aportaros para que veáis lo importante que es el reconocimiento previo o prefiliación. Al menos así funcionan en el Registro Civil de Madrid. Es indignante pero si queréis que vuestros hijos sean legalmente de las dos, no dudéis en llevarlo a cabo.
¡Ojalá este post llegara a manos de la Ministra de Igualdad o de qué sé yo quién, y acabasen con estas injusticias en España entera! Mientras no sea así, no seremos iguales ante la ley del matrimonio civil.

sábado, 11 de septiembre de 2010

¡Nos toca!

La amistad no es necesaria, como la filosofia, como el arte, etc. no tiene valor de supervivencia; sin embargo, es una de esas cosas que da valor a la supervivencia. (C. S. Lewis)

Al principio de todo, en un momento que me parece antiguo y aquí al lado, todo a un tiempo, las vimos en la clínica de reproducción asistida y supimos que eran, como decimos mi bruja y yo, “hermanas”.
Esa es nuestra palabra clave cuando hablamos de chicas que entienden. Vamos a comprarnos unos zapatos, por ejemplo, y al salir podemos comentar: “La dependienta era una hermana”. Como el gaydar nos funciona de maravilla (o ambas lo tenemos igual de escacharrado), solemos estar de acuerdo.
El caso es que en la clínica estábamos fascinadas porque ya llevábamos no sé cuántas citas y en la sala de espera (donde pasábamos mucho más tiempo que en la consulta y devorábamos diezminutos y prontos con la excusa del aburrimiento) solo habíamos visto a parejas heterosexuales. Muchísimas de ellas. Boyante el negocio de la fertilidad y qué mal está el semen de los maridos españoles, oiga usted.
A lo largo de todo este proceso nos hemos dado cuenta de que hemos sido pioneras porque lo de la bollomaternidad legal, es decir, de esa que hace constar a dos madres en un libro de familia (de la otra ha habido desde el principio de los tiempos), todavía no se ve mucho y en todas partes –hospitales, ventanillas de diversa índole, tiendas premamá…- hemos causado sorpresa y desconcierto.
Pero al principio, en nuestra inocencia, pensábamos que la clínica de reproducción asistida iba a estar llena de madres sáficas hablando de su ciclo menstrual y de su chica L Word favorita. Nunca me imaginé que Belén Estéban iba a ser la reina del revistero de ese lugar.
Así es que os imaginaréis que cuando nuestro gaydar hizo bip bip bip no tuvimos más remedio que saludarlas. Fue un simple “Hola chicas, ¿cómo lo lleváis?” que se podría traducir como “somos bolleras, sabemos que vosotras también, sed nuestras amigas porque no soportamos más este lugar”.
Resultaron bien majas y coincidió que estaban en la etapa de la inseminación como nosotras. Seguimos en contacto desde entonces y llevamos un proceso muy similar, incluso pasamos a intentarlo por in vitro al mismo tiempo.
Total, que nos hicimos amigas y empezamos a quedar, a marujear sobre nuestras doctoras, a compartir nuestros sueños maternales y a ponernos nerviosas y esperanzadas juntas.
Ellas se quedaron embarazadas tan solo un poquito antes que nosotras. Nuestros bebés nacerían en septiembre. Las dos madres biológicas han tenido embarazos difíciles e incómodos y las dos madres del corazón hemos intercambiado desazones y consuelos. Cuando nos dijeron que los dos bebés serían niñas, empezó la lluvia de nombres y la decisión de vernos mucho para que las pequeñas creciesen y jugasen juntas. El hecho de tener familias similares será bueno para ellas, pues probablemente en sus colegios aún no haya tantas.
Anoche nació la primera de nuestras niñas, la de ellas. Un precioso bebé regordete y mucha emoción en la voz cuando nos lo contaban.
Por fin llegó el momento.
Nos han dado la vez.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Bienvenidas a la República Independiente de Bragalandia

Hogar no es donde vives, sino donde te comprenden (Christian Morgenstern).

---¿Estamos perdiendo la compostura? –le he preguntado hoy a mi bruja.
---¿Y qué? –me ha respondido ella.
Las dos nos hemos echado a reír.
Y es que nuestro piso parece un anuncio de Ikea. No lo digo por los muebles (que también) sino por lo de la república independiente. Hacemos lo que nos da la real gana.
Vamos por la casa en bragas, yo agarrada a una taza de café y ella intentando manejarse con el barrigón.
En lugar de perro, a nuestros pies tenemos ventiladores.
En cada mesa y en cada brazo de sillón hay un libro abierto.
Los pendientes los clavamos en el corcho del despacho.
La ropita de nuestra hija la estrena un oso de peluche con el que a veces gasto bromas a mi mujer. Lo meto en nuestra cama, en la cabeza un sombrero y entre las garras una revista. Debajo de la manta que le cubre introduzco almohadas para simular un cuerpo humano. Lo remato con unas botas. ¡Qué gritos al ir a acostarse, la pobre!
Cuidado con los botes de potingues que hay en el baño, al abrir uno de ellos puedes toparte con un post-it de amor adherido a la tapa.
Los domingos saben a tostada y a suplemento izquierdoso.
¡Tenemos una muñeca de Jane Austen y otra de Virginia Woolf!
Muchísimas noches cenamos burritos caseros o sopa china.
Eduard Punset y Judith Butler conviven sin problemas.
Cuando yo estoy harta, ella se encarga de todo y cuando ella no puede más, me convierto en el genio de la lámpara. ¡Pide un deseo!
No solemos respetar horarios, aquí la merienda la hacemos al amanecer.
Nos hemos vuelto vampiresas que al poner un pie en la calle pestañeamos con sorpresa ante la luz del sol de verano y el mundo nos parece enorme y demasiado ordenado. ¡Con lo bien que se está en casa!
Me he comprado un puro y lo he metido en la nevera. Cuando volvamos del hospital y las deje acostadas, saldré a la terraza y me lo fumaré mirando las estrellas. ¡Misión cumplida, empieza el resto de nuestras vidas!
Mientras tanto, tenemos un calendario en la cocina de esos que te regalan en los bancos cuando empieza el año. Hemos tapado la propaganda con una foto de nuestra boda. Los días se estiran y nunca parece llegar el momento.
Impaciencia, insomnio.
Los pantalones en el respaldo de una silla, como un viandante al borde del suicidio.
Uñas mordisquedas.
Envoltorios de flash.
Zumbidos de intrusos alados.
Una Jane Austen de plástico.
Canícula.
¡Ah, la espera!

martes, 17 de agosto de 2010

Toda la vida juntas y toda la muerte también

Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una campana desafinada!
Si no tengo amor, de nada me sirve hablar de parte de Dios y conocer sus planes secretos. De nada me sirve que mi confianza en Dios sea capaz de mover montañas.
Si no tengo amor, de nada me sirve darles a los pobres todo lo que tengo. De nada me sirve dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás.
El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable.
El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie.
No es orgulloso.
No es grosero ni egoísta.
No se enoja por cualquier cosa.
No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho.
No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad.
El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo.
Sólo el amor vive para siempre. Llegará el día en que ya nadie hable de parte de Dios, ni se hable en idiomas extraños, ni sea necesario conocer los planes secretos de Dios. Las profecías, y todo lo que ahora conocemos, es imperfecto.
(1 Corintios 13)

San Francisco, 1975. Stella, o Stina, como la llamaba todo el mundo, una mujer de 40 años de ascendencia mexicana, acude a la manifestación del Orgullo Gay tras haber roto con su marido, del que tiene cuatro hijos. Por su parte, Ina Mae, de 39 años, también divorciada y con un hijo, decide que tampoco puede perderse ese evento. Harvey Milk, el primer político abiertamente homosexual de Estados Unidos, estaría allí. La fiesta, la alegría en medio de la miseria en la que el armario te ahoga, es un alivio para todas esas personas que caminan sintiendo un cóctel de miedo y audacia. Estas valiosas imágenes en super8 nos ponen en contexto.
Es en este día que Ina y Stella se conocen y se enamoran. Deciden compartir casa y criar a sus hijos juntas, convirtiéndose así en una familia.
Pioneras y siempre involucradas en mejorar la vida de las lesbianas, Ina Mae y Stella pronto se convirtieron en modelos a seguir por las mujeres de su comunidad y por muchas lesbianas de Estados Unidos, reivindicando los derechos de estas así como la existencia de las madres lesbianas.
Ina Mae tuvo un papel muy activo en Affirmation, un colectivo lgtbq mormón, siendo la única mujer en liderarlo, mientras que ambas formaban parte de un grupo de lesbianas mayores llamado Women Over 50 and Friends. Asimismo, fueron fundadoras de Lavender Seniors, un colectivo lgtbq de la tercera edad.
Stella siempre fue feminista, nunca se cansaba de llamar la atención a cualquiera que hiciera un comentario sexista. Antes de que se extendiese la práctica, ella ya promovió el reciclaje en su entorno. Tanto Ina Mae como Stella participaron en muchas organizaciones caritativas. Ambas tenían un gran sentido del humor y hacían amigos por donde quiera que fuesen. Les encantaba viajar y fueron pasajeras en muchos de los cruceros Olivia, ya sabéis, esos para lesbianas que salían en The L Word y con los que todas hemos fantaseado.
Ina Mae y Stella estuvieron siempre, pues, dedicadas a hacer un mundo mejor para todos, en especial para las lesbianas.
Este verano, exactamente el día 17 de julio, ambas mujeres regresaban de una reunión familiar. Ina Mae iba al volante cuando sufrió un devastador ataque al corazón que la mató prácticamente al instante. Stella vio que su coche se precipitaba contra unos peatones, con lo que agarró como pudo el volante y decidió precipitarse contra una camioneta para salvarles la vida. Los peatones no sufrieron ningún daño y el conductor de la camioneta tan solo heridas leves, pero la valiente Stella no pudo sobrevivir al accidente.
Murieron juntas, tal y como habían vivido.
Fuera de su comunidad eran unas desconocidas, pero yo quiero rendirles un homenaje en La Letra Escarlata porque su pequeña aportación ha hecho del mundo un lugar mejor y porque su valentía al vivir siempre abiertamente su sexualidad ha hecho que todas nosotras, estemos en el lugar del planeta que estemos, seamos un poquito más libres.
En honor a Ina Mae Murri y a Stella Lopez-Armijo, ni un armario más. Vamos, chicas, todas fuera, se lo debemos.
Ina Mae, Idaho, 1953
Stella, Washington DC, 2000
Les encantaba bailar
Se amaban y formaron una familia unida y feliz

martes, 27 de julio de 2010

Confesiones de una madre del corazón

Y así fue que emprendimos un viaje por el hermoso –aunque a menudo inesperadamente complejo- terreno de la maternidad doble. Para seguir con la metáfora, pronto comprendimos que esa tierra era nuestro hogar. Pese a que también era el hogar de muchas otras mujeres, permanecía prácticamente indocumentado. ¿Dónde estaban nuestras guías? ¿Dónde estaban las historias de sus moradoras? Como madre biológica, tenía a mi disposición grupos de madres, asesoras de lactancia, a mi ginecóloga y a mi propia madre, todas ellas deseando darme consejos, apoyo y compartir historias similares a las mías sobre su iniciación como madres. ¿Pero dónde estaba la experiencia de mi mujer? ¿Dónde estaban las anécdotas de otras mujeres que, como Faith, habían optado por posponer o renunciar a dar a luz para ayudar a sus parejas femeninas a que ellas lo hicieran? ¿Dónde estaban los relatos de la vida doméstica, criando al hijo de otra mujer que también es el tuyo, pero de una forma completamente distinta? Faith las necesitaba. Yo las necesitaba. Y un día nuestra propia hija las necesitaría también. (Mi traducción. Harlyn Aizley en Confessions of the Other Mother).

Una madre del corazón es una madre no biológica. La expresión viene del propósito de evitar el empleo de una negación para nombrarnos, así como de otra utilizada previamente en el contexto de la adopción, en el que a los niños adoptados se les denomina hijos del corazón. Asimismo, al igual que cuando alguien adopta, la palabra corazón indica un deseo muy fuerte que otorga a estas madres –lo mismo que a los hijos adoptivos- la misma validez simbólica que a las biológicas.
Dicho esto, queda claro que ninguna de las dos madres lesbianas es más verdadera que la otra por lo que la pregunta que late muchas veces frente a una pareja de mujeres con un hijo, “¿cuál es la verdadera madre?”, queda completamente anulada y con ello todo tipo de justificaciones y de preguntas que no vienen al caso y que no se formulan nunca a una pareja heterosexual (aquí escribí más sobre este tema).
Las familias lesbianas desafían el concepto mismo de familia establecido por el sistema, al fundamentar sus pilares en el amor y no en la biología. Por supuesto, no son las únicas que lo hacen –heterosexuales rebeldes, gays y todo tipo de queers pueden seguir y de hecho siguen esta tendencia-, pero estoy escribiendo acerca de nosotras y no de otras familias.
Después de esta pequeña introducción, confesaros (que para eso he puesto este título) que tal vez este sea uno de esos posts difíciles que me salen del alma y que me cuesta mucho escribir porque lo personal, lo visceral, se mezclan con lo político y, como esto va de corazones, las letras me salen de muy adentro y las sensibilidades de esta que escribe y de muchas personas que me leen pueden verse afectadas. Incluso la de mi mujer, con quien tengo la suerte de poder dialogar sobre todo lo que sentimos, pero que esto no evita que el verlo escrito y ordenado no deje su alma un poco tocada.
Ella es la que está embarazada, por lo que sus vivencias de estos dos años que llevamos en el proceso coincidirán en ocasiones con las mías, pero en otras no. Muchas de las experiencias de las mujeres en estado están recogidas en libros y los grupos de preparación al parto (preparación que nosotras hemos hecho en Inanna, no nos cansamos de recomendarlo) también ayudan mucho. Otras de sus experiencias –como lesbiana embarazada o como mujer sometida a un duro proceso de reproducción asistida sin tener problemas de fertilidad, sino porque necesita el esperma- no aparecen en prácticamente ningún manual (al menos en España), como por ejemplo el hecho de que estar embarazada te haga pasar por heterosexual delante de todo el mundo y tengas que estar constantemente saliendo del armario con médicos, señoras del supermercado y tantas otras personas. Mi bruja tiene muchas cosas que decir sobre su experiencia, pero ella las dice a su manera y yo a la mía, que es mi blog.
Por fortuna, el tiempo que hemos intentado tener un hijo, así como su embarazo, no han hecho sino unirnos más. Por mi parte, el amor que siento hacia ella es más fuerte si cabe. La admiro, la respeto y no pasa un solo día que no me maraville su fortaleza, su cariño hacia mí y hacia ese bebé que crece dentro de ella, su buena cara incluso en los momentos en los que ha estado realmente molesta y su paciencia infinita hacia todos en momentos y personas que ha mí me han indignado o llenado de rabia. TE QUIERO BRUJA.
Pero como esta parte de mí, que es lo enamoradita perdida que estoy, ya la sabéis de sobra por este blog que a veces es tan cursilón, paso a escribir sobre eso de lo que quería hablar hoy: la soledad de las madres del corazón. A lo mejor estoy generalizando mucho y las hay que no sienten nada de lo que voy a contar, me encantaría que si es así participaseis en los comentarios de esta entrada contando vuestras experiencias. Al menos creo que verbalizarlo es un acto importante en esta sociedad donde estamos tan invisibilizadas.
Capítulo 1: Queremos ser madres
Queremos ser madres y por eso nos empezamos a informar. Nuestra prima Mamen nos presenta a una chica que lleva tiempo intentando ser madre soltera por elección y que está en una clínica de reproducción asistida que nos recomienda, así que pedimos cita allí.
Hemos decidido previamente que la primera en quedarse embarazada sea mi bruja, porque ella trabaja fuera y yo en casa, por lo que cuando le den la baja de maternidad podremos estar las dos con el bebé. Como queremos tener más de un hijo, la siguiente seré yo (así que en un futuro y si todo sale bien, estaré contando en La Letra Escarlata la otra cara de la moneda).
Puesto que en ese momento no estamos casadas, en la clínica yo soy la tipa que se sienta ahí mientras hablan a mi bruja y le hacen firmar papeles. Entonces nos empiezan a entrar los siete males porque yo no tengo ningún derecho, cuando nazca el bebé yo no soy legalmente nada para él, si a mi novia le pasa algo yo no tengo ninguna capacidad de decisión y todas esas cosas… Es por ello que decidimos casarnos. Siento que suene poco romántico, pero es así (luego la boda fue tan emocionante que nos alegramos mucho en otros sentidos, pero en un primer momento la decisión se tomó por eso).
Me parece indignante que una pareja heterosexual no necesite estar casada para inscribir a un bebé a nombre de los dos, sin hacer ningún tipo de prueba de paternidad al hombre, y en cambio nosotras tengamos que llevar, el día del registro, prueba de que estamos casadas y de que el bebé ha sido concebido por reproducción asistida (porque esa es otra, en España tiene que ser por reproducción asistida, si no, olvídate de que legalmente sea hijo de las dos aunque estéis casadas), y luego, claro, depender de que el funcionario del Registro que te atienda esté informado y no te ponga pegas porque no tiene ni idea del tema y tengas que montar allí, en los días que se supone que tienen que ser tan felices porque ha nacido tu bebé, el pollo del año.
Los tratamientos de reproducción asistida son muy duros para la persona que los sufre en sus propias carnes: hormonación, abrirte de piernas delante de alguien todas las semanas, la medicalización de algo tan poco médico como crear un bebé… por no decir que cada intento se vive como un embarazo, porque te tienes que cuidar igual, y cada resultado negativo se siente casi como un aborto. En fin, que a lo tonto mi bruja es como si llevara dos años embarazada.
¿Y para mí, su mujer? Esperas nerviosas y decepciones compartidas con ella con cada resultado negativo y, personalmente, mucho guardado en mi interior (miedo a que nunca lo logremos, miedo a que se nos acabe el dinero, miedo a que ella se harte del proceso y quiera dejarlo, miedo a que sufra, a que le hagan daño o a que tanta hormona afecte a su salud) para que ella no me lo notase y poder animarla. También la frustración de no poder darle yo ese esperma, que no tiene nada que ver con querer ser un hombre, sino con la rabia de tener que depender de un pedazo de negocio boyante como es la reproducción asistida. Y por supuesto, las preguntas, las preguntas de la gente que dice padre en lugar de donante, que se mete con cosas tan íntimas que no sabes ni cómo pararles los pies, que no lo hace con mala intención pero que no son capaces de ver tus fantasmas…
Y también ilusión, claro, porque aquí estoy contando solo lo negativo, pero en todo momento ha habido una magia especial, la de la perspectiva de ese ser abstracto con el que soñamos y de estar dispuestas a amarlo juntas. Esas noches en vela hablando del futuro, esa anticipación emocionante que nos hacía apretarnos la mano con fuerza.
Capítulo 2: La mujer invisible
En este post escribí acerca de la terrible experiencia que supuso la fecundación in vitro de mi mujer. Poco me imaginaba yo que el trato recibido aquél día fuera un aviso de todo lo que iba a vivir a continuación como madre del corazón.
Qué ilusas fuimos, pensábamos que con casarnos el trato discriminatorio acabaría, que todo el mundo se dirigiría a mí del mismo modo que lo hacen con los maridos, que a ese respecto no tendríamos ya que preocuparnos más.
Un inciso para decir que, aunque ahora vaya a contar aspectos negativos de muchos médicos, también nos hemos encontrado en este camino con profesionales cariñosos y respetuosos de los que siempre me acordaré. Incluso supongo que muchos de los que nos han hecho “feos” simplemente carecen de herramientas para hacerlo mejor y lo que deben hacer es aprenderlas, pero que tal vez no tenían tan mala intención como parecía. Admiro a los doctores/as y enfermeros/as en general, son gente que se pasa muchas horas al día ayudando a la gente.
Pero en fin, como os contaba, madre mía, ahora lo pienso con una sensación similar a la ternura que inspira la inocencia de los niños… ¡qué ilusas éramos! En ninguna consulta, aunque me haya presentado como la mujer de la embarazada, han parecido oírlo. Nunca me han mirado, todo se lo explicaban a mi bruja, todo se lo preguntaban a ella, han llegado hasta a hablarle de “tu marido” estando yo delante… No me han dicho nada, ni agradable ni ofensivo, simplemente me han ignorado por completo. Vamos, que he sido tan invisible que he podido hasta ponerme a grabar las ecografías con el móvil aunque no estuviese permitido, porque directamente no me veían. Tal vez no os lo creáis, es una sensación muy extraña, llegué a pensar muy en serio ponerme a cantar a voz en grito o a quemar mi sujetador con el pleno convencimiento de que seguirían sin mirarme, como si hacerlo les convirtiera en estatuas de sal. Así ha sido hasta el día de hoy, en que mi bruja está embarazada de siete meses.
En enero nos enteramos de que por fin lo habíamos conseguido. Hubo quien le dio la enhorabuena solo a ella. Hubo quien nos la dio a las dos.
Y después de eso, los ¿qué tal estás? van casi siempre dirigidos a ella.
No me malinterpretéis, es ella la que se está llevando lo peor: náuseas, ciática, un bombo con el que cargar en los calurosos días de verano… Pero yo también necesito voces amables que me pregunten qué tal lo llevo y qué siento.
El papel de la pareja de una embarazada, sea hombre y mujer, debe ser el de ocuparse de toda la logística para que ella pueda ocuparse de estar sana y de que el bebé lo esté. Por ejemplo, la tarea de hacer la comida es fundamental porque es una forma de alimentar y cuidar tanto a ella como a nuestro bebé. También limpiar la casa, hacerle masajes… yo lo he hecho todo encantada porque así me he sentido partícipe del embarazo y no una mera espectadora.
Puesto que yo también soy una mujer, su revolución hormonal ha afectado mi cuerpo y mi alma. Pero yo soy la cuidadora y en cierto modo, la cheerleader emocional de la pareja en estos momentos, con lo que muchas veces he tenido que ignorar mis propios sentimientos y miedos para poder ayudarle a ella a sobrellevar los suyos, puesto que todo lo que pase en su cuerpo, le está sucediendo también al bebé. Y porque bastante tiene ella ya, mi pobre brujita…
Hasta que llega un momento, de cuando en cuando, en que alguien me dice una palabra suave y amable, y entonces me echo a llorar como una magdalena porque no me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba oír algo así, ser reconocida. Porque de pronto me doy cuenta de que he construido una coraza de esposa valiente y no he sabido recurrir a mi gente ni mi gente ha sido consciente de que tenía que saltar el muro que yo había levantado sin darme cuenta. Y es que el miedo y el cansancio y todas esas cosas que no debes decirle a tu pareja en ese momento, son para hablarlas con las personas cercanas y no para guardarlas dentro.
Cultural y socialmente, el papel del marido de una mujer embarazada está reconocido y es más fácil que encuentren apoyo, pero el de mujer de una mujer embarazada, ese poca gente lo entiende y como en tantas otras cosas, nos convertimos en pioneras sin comerlo ni beberlo.
Para colmo, claro, tienes las mismas preocupaciones que cualquier futura madre: ¿lo estamos haciendo bien? ¿qué debe comer una embarazada? ¿y si lo perdemos? ¿qué significa esto que está sintiendo mi bruja, es algo malo? ¿cómo evitar las náuseas? Bla, bla, bla… Buscas información en libros y revistas y ¡sorpresa! Nada es neutro, NADA. En todos los artículos y tratados se habla de “el futuro papá” y de “tu marido”. Te vuelves una experta en ignorarlo, en encajar tus experiencias en las de esa pareja de chico y chica tan feliz de la foto y te preguntas: ¿pero qué les cuesta poner “la pareja (si la hay)”? Simplemente eso y el texto se vuelve universal y lo pueden leer mujeres con parejas hombres, con parejas mujeres o sin pareja.
En cierta ocasión escribí a la revista Embarazo Sano contándoles que me gustaba mucho la información que daban, pero que echaba de menos que hablasen de otro tipo de familias. Mi carta empezaba: “Me llamo Hester y estoy esperando un hijo, pero no estoy embarazada…” Fue carta del mes y me tocó un feeding bowl de Playtex (no me preguntéis que es esto porque aún no me ha llegado y bastante tengo ahora con aprenderme las tallas de ropa de bebé), pero dos números más tarde, siguen haciendo exactamente lo mismo.
Capítulo 3: Futuro cercano
-Miedo 1: cuando vaya con mi mujer el día que vaya a dar a luz, ¿nos tratarán bien? ¿Tendré también ese día, que se supone que es tan feliz, que luchar para no ser invisible y que estar dando explicaciones todo el rato sobre qué hago allí? Supongo que no, porque hemos escogido un hospital donde parece ser que el protocolo tiene en cuenta a las “otras familias”. ¡Crucemos los dedos!
-Miedo 2: ¿lo sabré hacer bien en el parto? ¿sabré ayudar a mi bruja y soportar su sufrimiento?
-Miedo 3: ¿Qué sentirá mi bruja cuando yo diga que soy la madre de ese bebé, siendo ella la que ha pasado por la experiencia del parto? ¿tendrá alguna sensación negativa que ahora no se imagina, o ganas de poseer ella sola ese título?
-Miedo 4: los primeros meses, mi bruja dará el pecho a demanda a nuestro bebé, porque las dos creemos que es lo mejor. Eso significa que pasarán muchas horas juntas estableciendo su vínculo. Al principio habrá muchas visitas –lo cual es una suerte, a nuestra hija la va a querer un montón de gente- que también querrán cogerlo en brazos. ¿Sabré yo establecer el vínculo con mi pequeña en ese tiempo, me querrá, me reconocerá?
-Miedo 5: ¿tendremos algún problema en el Registro Civil?
Son temores que pueden resultaros algo absurdos. Además, está en mis manos hacerme respetar en el hospital o en el Registro, por ejemplo. Pero comprendedme, en ocasiones me veo débil y exhausta después de todo lo vivido. Creo que vomitar todo esto es, además de un acto político de visibilidad, una forma de quitármelo de encima para recobrar las fuerzas. ¡Que solo quedan dos meses! Estoy emocionada y feliz pese a este post algo sombrío, creedme.
Debajo, una pequeña guía para mamás del corazón.Guía para mamás del corazón
-Intenta conocer a otras madres del corazón para compartir experiencias. Por ejemplo, en la clínica de reproducción asistida, echa un vistazo a la gente –con el gaydar activado- para reconocer a alguna pareja bollo. Nosotras lo hicimos y ahora tenemos dos amigas maravillosas que también van a ser mamis.
-Busca una asociación de familias homoparentales. En Madrid, por ejemplo, está GALEHI. Es otra forma de compartir experiencias y sentir que no estás sola en el complejo camino de la bollomaternidad.
-Busca una preparación al parto inclusiva, donde reconozcan tu papel, ya sea en un hospital público o privado. Nosotras estamos felices con Inanna, totalmente lesbian-friendly.
-Desconecta en lugares donde te sepas reconocida y querida. Mi lugar de escape, por ejemplo, es Entredos.
-Lee blogs escritos por otras bollomadres. Aquí en La Letra Escarlata hablo mucho de mis experiencias como tal, pero hay muchos otros que encontraréis en mi blogroll.
-Yo he encontrado tres libros que me han ayudado muchísimo, pero están en inglés. Sin duda, deberían ser traducidos para todas. Si manejáis este idioma, no dudéis en haceros con ellos, sobre todo con el primero:
1-The New Essential Guide to Lesbian Conception, Pregnancy & Birth, por Stephanie Brill (Ed. Alyson Books)
2-Confessions of the Other Mother. Nonbiological Lesbian Moms Tell All!, editado por Harlyn Aizley (Ed. Beacon Press)
3-For Lesbian Parents, por Suzanne M. Johnson y Elizabeth O’Connor (Ed. The Guilford Press).
-Otros libros no dirigidos específicamente a lesbianas pero muy útiles para ponerse en la piel de tu mujer embarazada y saber ayudarla, o llevar a la práctica los consejos de apego con el bebé que recomiendan:
1-La revolución del nacimiento, por Isabel Fernández del Castillo (Ed. Granica)
2-Amar sin miedo a malcriar, por Yolanda González Vara (Ed. RBA)
3-Qué se puede esperar cuando se está esperando, por Heidi Murkoff (Ed. Medici)Además de vuestras opiniones, siempre bienvenidas, podéis aprovechar la sección de comentarios para recomendar otros lugares, asociaciones, libros, etc. que penséis que pueden ser útiles para las madres del corazón. ¡Gracias!

miércoles, 21 de julio de 2010

Una muestra

Mejor que te odien por lo que eres que amarte por lo que no eres (André Gide)

Es posible la esperanza. Eso nos dice esta página web con la que me he topado hoy, en la que mediante un sinnúmero de alentadores párrafos nos aseguran que una persona puede curarse de la AMS. ¿No habéis oído hablar de esa enfermedad? AMS, sí, Atracción hacia el Mismo Sexo.

Ellos mismos explican las diferentes secciones por las que podemos navegar si nos adentramos en su web:

Las tres primeras (Cultura de Muerte - Ideología de Género - Cultura Pro Gay) nos ofrecen un espacio de reflexión y análisis en relación al mundo en el que vivimos y el mundo que hemos de cambiar;

La cuarta sección (Autoayuda) nos ofrece un espacio en el que curar las heridas que se han manifestado en la AMS (Atracción hacia el Mismo Sexo);

La quinta sección (Madurar el Amor) nos ofrece un camino de futuro y esperanza en el que llegar a una Personalidad Madura, es decir, a una personalidad con capacidad de amor verdadero, de amor de Comunión y Solidaridad.

¡No podemos perdernos un sitio así! ¿Verdad? Tan solo una muestra de la cantidad de personas que aún siguen difundiendo su mensaje de odio y violencia por el mundo, que aún siguen creyendo que solo los matrimonios formados por un hombre que lleve la batuta y una mujer que trague con todo son válidos, que hacen que este lugar de tierras y mares sea hostil para tantas personas, que intentan que las vidas de nuestras hijas e hijos se vean sumidas en la miseria… menos mal que tenemos el suficiente amor como para que no lo consigan.

En fin, vamos a ayudarles con un pequeño ejemplo, el del matrimonio formado por Hester y Bruge, dos madrileñas enfermas de lesbianismo.

Tras varios años juntas, pensando que se amaban aunque en realidad estaban enfermas, Hester y Bruge se aprovecharon de la legalización del matrimonio homosexual en su país para casarse. ¡Qué atrevimiento! A su boda acudieron más de cien personas entre la familia y los amigos de ambas. Pero solo lo hicieron por obligación, en realidad todo el mundo hubiera preferido quedarse en su casa que asistir a esa pantomima socialista. De sobra es sabido que tan solo los matrimonios heterosexuales tienen familias estables.

Por si esto fuera poco, Hester y Bruge tuvieron el capricho de tener un bebé. No se podían haber estado quietas en su mundo sáfico, no, tuvieron que buscar a un ser inocente para que sufriera en esa familia tan antinatural.

Estuvieron un año intentándolo, derrochando el dinero en algo que no está destinado a mujeres como ellas, pasándoselo de lo lindo con las pastillas y las inyecciones de hormonas y haciendo perder el tiempo a doctores y doctoras que podrían haber estado atendiendo a mujeres heterosexuales con el sano deseo de formar una familia como dios manda.

Malas noticias. Finalmente, Bruge quedó embarazada. ¿A qué mundo va a llegar esa niña? ¿Qué tipo de valores le inculcarán dos degeneradas como ellas? Los hijos de los matrimonios heterosexuales harán bien en meterse con ella en el colegio, los adultos que les rodean se encargarán de informarles de lo asquerosa que es la familia de su compañera de clase. Probablemente esa pequeña se haga lesbiana. En fin, lo mejor es intentar que allá por donde vaya todo lo tenga más difícil que el resto de la gente. Para que vea que no se puede ir por la vida con dos madres.

¡Dos madres! JA. ¿Pero qué gilipollez es esa? Nadie puede tener dos madres.

Pasemos al documento gráfico que ejemplifica esta triste historia.

Aquí tenemos a la lesbiana Hester, que se cree que va a querer a esa niña cuando en realidad es una egoísta.

Dentro de esta tripa está la pobre niña.

El abuelo de la niña, a quien Hester y Bruge obligaron violentamente a pintar la habitación del bebé… de morado, claro, como horribles feministas con bigote y piernas peludas que son.

Y de nuevo Hester, pintando sin ilusión alguna los muebles donde se guardará la ropita de la pobre víctima de sus caprichos.

Si el tono ha sonado sarcástico y dolido, he cumplido mi propósito. Estoy harta de la gente que piensa que las familias lesbianas y gays son perjudiciales para los niños y niñas. Nosotras nos sentimos afortunadas porque va a nacer un ser único al que vamos a tener el privilegio de amar y cuidar. Nuestro apego será el refugio contra todas estas personas, que son las que en verdad intentan dañar a estos bebés y a sus familias.

Basta de odio, basta de violencia, basta de aversión hacia lo diferente. Que triunfe el amor, que triunfe la celebración de la diversidad, que triunfe la paz.