
Ya es hora (Cynthia Nixon)
La verdad es que la serie Sexo en Nueva York, que acabó hace ya tiempo aunque pretendan martirizarnos unos años más con películas de mala calidad, no es santo de mi devoción. Sí, reconozco haber visto bastantes capítulos en esos ratos perezosos delante de la tele y sí, reconozco haberme reído e incluso haber disfrutado con varios de ellos, pero el sentimiento general que me producen las cuatro pijas de ese idealizado Manhattan es de indignación.
Pese a que nunca se había hecho una serie de televisión en la que las mujeres hablasen tan abiertamente de sexo ni en la que se mostrase un punto de vista tan poco normativo en muchos aspectos (la amistad entre mujeres, el no deseo de tener hijos, la soltería a los trentaitantos), estos aspectos positivos quedan casi invisibilizados por otros mensajes que se transmiten a lo largo de las seis temporadas.
En mi opinión, el personaje más insoportable es Carrie, la protagonista (Sarah Jessica Parker). Superficial hasta la médula, cada vez que se deprime se compra unos zapatos de trescientos dólares como poco. Vamos, por favor, ¿pero de dónde saca el dinero, si escribe una columna de nada en un periódico? En fin, totalmente irreal. Este consumismo de alto standing es, sin duda, lo que más me enerva de la serie. Después hay otras cosas, como lo obsesionadas que están todas en el fondo por conseguir pareja (aunque intenten reivindicar la soltería al mismo tiempo) y que de lo único que hablan entre ellas es de hombres, son el centro de sus vidas.
Me parece muy bien (incluso necesario) que exista una serie como Sexo en Nueva York que retrate a las mujeres mayores de treinta años de forma más compleja de lo habitual, pero calificarla de feminista, como hace mucha gente, es ir demasiado lejos. Algunas de sus actitudes pueden llegar a serlo (por ejemplo, la lucha de Miranda por compatibilizar maternidad y trabajo, la resistencia de Samantha a que sus relaciones sexuales sean juzgadas de distinto modo que las de los hombres o el hecho de que Charlotte sea la única de las cuatro que quiera una familia tradicional) pero muchas otras, como las que he mencionado, la convierten en una serie nacida de la absurdez que lo invade todo en los tiempos que corren.
Creo que sí que hay series que merecen el honorable calificativo de feministas, como por ejemplo, Las chicas Gilmore, que también –por desgracia- concluyó hace un par de años y a la que solo veo un defecto importante, esto es, su falta de personajes abiertamente LGTBQ. Decir que tengo debilidad por Lorelai, Rory y el resto de maravillosos personajes que habitan el ficcional pueblo de Stars Hollow es quedarme corta. Si no habéis visto Las chicas Gilmore, os aconsejo que lo hagáis desde la primera temporada hasta la séptima y última. Creo que me reservo analizarla para otros posts dedicados exclusivamente a ello, porque tengo muchas cosas que decir al respecto de esta serie, sobre todo en las relaciones femeninas que propone y en el modelo de maternidad que muestra.
Bueno, y todo este post viene simplemente a que quería contaros un cotilleo bollo de esos que a veces me da por escribir, sobre todo porque la visibilidad me pone de buen humor, especialmente cuando proviene de mujeres activistas la mar de interesantes.
El caso es que el 17 de mayo se celebró en Nueva York el Broadway Impact Marriage Equality Rally, una manifestación a favor de la legalización del matrimonio LGTBQ en ese estado. Entre el famoseo estaba la actriz Cynthia Nixon, que hace de la abogada Miranda Hobbes en Sexo en Nueva York (de ahí que empezase el post enrollándome acerca de esta serie, cuando tan solo quería hacer una pequeña introducción). Cynthia Nixon, de la cual ya hablé en mi post sobre bollomadres ilustres, anunció su intención de casarse con su novia, Christine Marinoni, activista de la educación, en cuanto la ley se lo permitiese. Ante tanto armario y tanto miedo de ser encasilladas o discriminadas, resulta refrescante encontrar a una mujer que da la cara por ella y por todas.
Nixon ya demostró su valentía cuando se convirtió en activista contra el cáncer de mama, enfermedad que ella misma sufrió, así como cuando se enfrentó a los grupos religiosos por apoyar la planificación familiar.
No sé a vosotras, pero a mí me encantaría ver otra serie menos heterocéntrica que Sexo en Nueva York en la que las protagonistas fueran, por ejemplo, Cynthia Nixon y Leisha Hailey, que hace el papel de Alice Pieszecki en The L Word y que es una de las pocas actrices de esta serie que está fuera del armario en la vida real. Mmmmmm, sería genial.

Cynthia, Christine y los niños.