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martes, 6 de abril de 2010

La vida inmortal de Henrietta Lacks

A lo largo de la historia, Anónimo suele haber sido una mujer (Virginia Woolf)

Esta es la increíble vida (o mejor dicho, muerte) de Henrietta Lacks, a quien la comunidad científica conoce como HeLa. Una historia que viene muy a cuento ahora que todo el mundo habla de la reforma sanitaria de Obama y que trata, como suele ser habitual, de una mujer que ha desenterrado a otra mujer.
Henrietta fue una mujer negra que nació en el estado de Virginia en 1920. Madre de cinco hijos y sin recursos, a principios de la década de los cincuenta le fue diagnosticado un cáncer cervical del que se trató en el ala para gente de color del hospital Johns Hopkins. Sin su conocimiento ni permiso, los médicos le extrajeron células de su carcinoma para realizar investigaciones con ellas. Al poco tiempo y con solo 31 años, Henrietta murió.
Sus células fueron entregadas al investigador George Gey, quien descubrió que estas hacían algo que nunca antes habían hecho las células de ninguna otra persona: se mantenían vivas y podían ser cultivadas, congeladas y repartidas entre la comunidad científica. Gey las llamó HeLa (por las iniciales de Henrietta Lacks) y se convirtieron en las primeras células humanas cultivables en laboratorio que eran inmortales, es decir, que no morían tras dividirse (perdonad si no me explico muy bien, no sé mucho de medicina así que si alguien quiere hacerme alguna corrección lo agradeceré mucho). Su nombre, claro está, hizo que su portadora fuera olvidada. Las células de Henrietta pudieron, pues, emplearse en muchos experimentos y fueron trascendentales para un montón de avances médicos y biológicos. Por ejemplo, fueron empleadas por Jonas Salk para desarrollar la vacuna de la poliomielitis.
No obstante, los familiares de Henrietta Lacks no fueron informados de todo esto y ni siquiera en la actualidad pueden beneficiarse de los avances médicos que posibilitaron las células de su madre y abuela a causa de carecer de un seguro. Como muchas otras mujeres, Lacks ha permanecido en el anonimato hasta que la autora Rebecca Skloot ha escrito un libro sobre ella, The Immortal Life of Henrietta Lacks, un apasionante combinado de cáncer, racismo, ética y pobreza que resulta tan adictivo como una novela. Skloot también ha creado la Fundación Henrietta Lacks, una organización sin ánimo de lucro a la cual dona una parte de los beneficios de su libro, todo un best-seller en Estados Unidos. La misión de dicha fundación es proporcionar ayuda para pagar un seguro médico a los descendientes de Lacks, quien fue una cultivadora de tabaco pobre, así como becas a los afroamericanos que quieran estudiar alguna carrera relacionada con la ciencia en general o con la medicina en concreto.
Lo que decía al principio, mujeres desenterrando mujeres, como siempre.
Si quieres profundizar más:
Para ver fotos de las células de Henrietta Lacks, haz clic
aquí.
Para ver un documental de aproximadamente una hora de duración, en inglés, sobre el tema, haz clic
aquí.
Para ver un mapa de la evolución de las células de Lacks, haz clic
aquí.
Otras visiones (en español) sobre el tema:
Diario
Público
Blog Resolviendo la incógnita
Blog Ethos&Technos

domingo, 6 de septiembre de 2009

Vuelta al cole

Rosa se sentó para que Martin pudiera desfilar. Martin desfiló para que Barack pudiera presentarse a las elecciones. Barack se presentó a las elecciones para que nuestros hijos puedan volar (frase de la campaña presidencial de Barack Obama)

Esta es la increíble historia de Ruby Bridges, la primera niña negra en asistir a un colegio para blancos en el racista sur de Estados Unidos. Su valiente gesto quedó inmortalizado para siempre en el cuadro El problema con el que todos convivimos del famoso ilustrador norteamericano Norman Rockwell (1894-1978).

Ruby nació el 8 de septiembre de 1954 (felicidades, amiga, en un par de días es tu cumpleaños) en Misisipi. A la edad de cuatro años se mudó con su familia a Nueva Orleans. A la edad de seis años, sus padres la apuntaron a un programa de la NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color) para integrar a los niños negros en el sistema escolar de dicho estado.

Un grupo de niños en edad preescolar hicieron una serie de tests de nivel. Seis de ellos fueron seleccionados para el programa de integración. De estos, dos decidieron quedarse en escuelas para negros, tres fueron a una escuela para blancos y Ruby a otra.

En su primer día de escuela, muchos padres blancos la esperaban en la puerta para gritarle, insultarle e incluso lanzarle objetos. Ella nunca lloró, siguió caminando, protegida por la policía, hasta el interior del centro.

Numerosos padres desapuntaron a sus hijos de ese colegio, y solo una profesora, Barbara Henry, natural de Boston, accedió a dar clase a Ruby Bridges. La valerosa Henry estuvo dando clase a la niña todo ese año, hablando como si estuviera enseñando a una clase entera.

Un año que resultó harto difícil para Ruby. Cada mañana, cuando entraba al colegio, una mujer la amenazaba con envenenarla, por lo que la niña tenía que traer su propia comida de casa. Otra mujer incluso metió una muñeca negra en un ataúd y la puso en la puerta del colegio.

A causa de su decisión de llevar a la niña a ese colegio para que obtuviese una mejor educación y su experiencia sirviera para mejorar las oportunidades de otros niños afroamericanos, la familia de Ruby sufrió mucho. Su padre fue despedido y sus abuelos perdieron las tierras que labraban.

Sin embargo, otras personas les mostraron su apoyo al no quitar a sus hijos del colegio, al proporcionar al padre de Ruby un nuevo empleo, al vigilar la casa de los Bridges para evitar cualquier acto de vandalismo y al escoltar a la niña al colegio para que no le ocurriera nada.

Ruby Bridges sigue viviendo en Nueva Orleans, tiene cuatro hijos y también se hizo cargo de sus sobrinos cuando los padres de estos fallecieron. Trabajó en una agencia de viajes y ahora dirige una fundación que promueve el respeto por las diferencias.

La ilustradora Shadra Strickland ha realizado una nueva interpretación del primer día de colegio de Ruby Bridges que resulta hermosa y desgarradora al mismo tiempo. Os la dejo a continuación de esta entrada.

Que la historia de Ruby sirva como inspiración para el primer día de colegio (y quien dice de colegio, dice de universidad, de trabajo, de lo que sea) después de las vacaciones de verano. Ruby Bridges tuvo todos los obstáculos imaginables y sin embargo siguió adelante, rellenando las páginas en blanco de su cuaderno con la cabeza muy alta. Todas nosotras, todos nosotros, podemos hacer grandes cosas en este nuevo otoño que nos regala la vida.

viernes, 21 de agosto de 2009

Operación "Viento primaveral"

El mundo no está amenazado por las malas personas sino por aquellos que permiten la maldad (Albert Einstein)

Soy una lectora más bien lenta, pues degusto los libros despacio, leyendo y releyendo los párrafos que me fascinan, deteniéndome a pensar sobre ellos y volviendo atrás para comprender los cabos sueltos. En mi mesilla de noche se van apilando los libros que poquito a poco voy desgranando, y si logro terminar tantos de ellos se debe más a mi constancia y al tiempo sagrado que robo a mi sueño que a la velocidad de lectura, lo prometo. Por la noche, con la bruja durmiendo a mi lado, las horas pasan en mi despertador y las ventanas de los edificios contiguos van apagándose mientras yo paso las páginas alternando suspiros y bostezos.

Sin embargo, de cuando en cuando aparecen libros que te atrapan y que convierten la vida cotidiana en una interrupción de tu lectura, y estos los devoro en cuestión de días. En mi caso, no quiere decir que sean los mejores literariamente hablando, pues muchas veces me paso meses hasta que termino una novela que amo, disfrutando de la admiración y de la hipnosis de sus palabras. Se trata de la combinación entre una trama que engancha, la fluidez de los diálogos y unos cuantos personajes la mar de interesantes.

Este fenómeno suele sucederme en verano, época que para mí no es sinónimo de vacaciones, pues la suelo pasar casi entera trabajando para que las editoriales tengan mis escritos y traducciones a principios de septiembre de modo que puedan vender tal o cual libro en Navidad. No obstante, el rato de siesta con el viejo ventilador removiendo el aire caliente, los escasos días en los que puedo escapar a la playa, las horas arrancadas al ordenador, todos esos momentos libres parecen más justificados que en invierno, cuando tengo siempre en la cabeza el ronroneo de los plazos de entrega y los deberíaestarhaciendo.

Si el año pasado fue la última entrega de la saga vampírica de Stephenie Meyer, esta pegajosa semana ha sido un libro que me ha dejado mi hermana, La llave de Sarah (Sarah’s Key), por Tatiana de Rosnay, una escritora mitad francesa, mitad británica, que siempre había escrito en francés y que debuta con su primera novela en lengua inglesa.

La llave de Sarah tiene ciertos elementos que lo convierten en un libro interesante. Uno de ellos es un piso de la parisina rue de Saintonge, otro personaje más. Me encantan los libros que tienen casas que son personajes. Por ejemplo, mi novela favorita, Jane Eyre, tiene la mansión de Thornfield. Rebecca tiene Manderley. Y podría seguir enumerando, pero me desviaría demasiado del tema. El otro es la angustia que prevalece tanto en los personajes como en el lector a lo largo de casi todo el libro, hasta que averiguamos la suerte que ha corrido el pequeño Michel. Y es que podría decirse que la angustia también es un personaje.

La novela trata de una periodista norteamericana afincada en París, Julia, que investiga la redada del Vel’ d’Hiv de París en 1942.

El Vel’ d’Hiv, abreviatura de Vélodrome d’Hiver, era un estadio deportivo de París en el que fueron encerrados más de la mitad de los 12.884 judíos (4.051 niños, 5.802 mujeres y 3.031 hombres) que fueron arrestados en la redada de la noche del 16 de julio de 1942. Permanecieron en el Vel’ d’Hiv durante cinco días sin comida ni agua, sin cuartos de baño ni camas. Las condiciones sanitarias hicieron que muchos de ellos enfermasen o muriesen (especialmente los bebés y las embarazadas) y que otros se suicidasen allí mismo, delante de todo el mundo. De allí, los judíos fueron conducidos a los campos de concentración de Drancy, Beaune-la-Rolande y Pithiviers, antes de ser finalmente deportados a campos de exterminio alemanes como el infame Auschwitz. Del Vel’ d’Hiv y de los campos de concentración franceses escapó un número indeterminado de personas, no muchas. Todos los deportados a los campos de exterminio fueron asesinados.

Lo más escalofriante de todo esto es que la redada del 16 de julio de 1942 no fue llevada a cabo por los nazis, sino por los propios policías franceses, bajo las órdenes del gobierno colaboracionista del mariscal Pétain. 9.000 policías y gendarmes parisinos tomaron parte en ella. ¿Cómo pudieron dormir por las noches, cómo pudieron seguir viviendo después de hacer lo que hicieron?

Siempre he admirado la forma en que los judíos han reclamado su historia y han recuperado su memoria para que nadie olvide los crímenes cometidos por los nazis contra ellos (y contra otra gente como homosexuales y gitanos, por ejemplo). Además de lo que está ocurriendo ahora en Palestina y de muchos otras guerras crueles y abusos terribles, la barbarie hitleriana fue uno de los episodios más negros de la historia de la humanidad y han hecho un gran trabajo de memoria histórica que como feminista y como lesbiana me gustaría imitar. Sin embargo, pocas personas conocen la redada del Vel’ d’Hiv, el trato inhumano de los judíos franceses y la complicidad de la policía francesa con todo ello. En ese sentido, la autora Tatiana de Rosnay ha conseguido acercar este terrible hecho histórico a mucha gente. Por cierto, que buscando en Internet información sobre el asunto me he enterado de que la escritora Juana Salabert también ha escrito una novela –en español- sobre el tema, Velódromo de Invierno, premio Biblioteca Breve en 2001. Habrá que leerlo.

Retomando el argumento de La llave de Sarah, la periodista Julia se horroriza al descubrir todo lo sucedido en la redada de 1942. Y da la casualidad de que el apartamento perteneciente a la familia de su marido era de una de las familias detenidas aquella noche. Muchos porteros de fincas colaboraron con la policía y les revelaron en qué pisos vivían familias judías. Después avisaban a sus amigos de que tal o cual piso había quedado vacío y se alquilaba muy barato. Así fue que la familia de Bertrand, el marido de Julia, fue a parar en el piso de rue de Saintonge.

La historia de Julia se alterna –y acaba mezclándose- con la de Sarah, la niña judía que vivía con sus padres y su hermano Michel en el piso de rue de Saintonge donde fueron arrestados y conducidos al Vel’ d’Hiv. En su inocencia, la pequeña Sarah piensa que podrán regresar a casa más tarde, por lo que esconde a su hermanito Michel, de cuatro años, en un armario y le dice que volverá a por él, guardándose la llave del armario en su bolsillo.

El sentimiento de culpabilidad de Sarah al darse cuenta de que su hermano podría morir en el armario, su odisea para escapar e intentar regresar al piso de París donde éste la espera, y esa llave a la que se aferra, sacarán a relucir lo mejor y lo peor de las personas. La llave de Sarah es también una metáfora de la llave del conocimiento, pues todos los personajes de la novela acaban aprendiendo muchas cosas sobre sí mismos y sobre sus antepasados.

Redada. Judíos conducidos a los autobuses con destino a Vel' d'Hiv.
Interior del Vel' d'Hiv durante los días en que las familias judías permanecieron allí.

viernes, 6 de marzo de 2009

Tu sí, tú no, tú sí, tú no...

A medida que te vayas haciendo mayor, todos los días verás hombres blancos que hacen daño a hombres negros, pero déjame decirte una cosa que no debes olvidar nunca: cuando un hombre blanco le hace eso a un hombre negro, no importa lo poderoso, rico o de buena familia que sea el blanco: es simplemente basura (Atticus a su hija Scout en la hermosa novela Matar a un ruiseñor, de Harper Lee)

Nuestro Ministro de Interior dice que no es cierto que la policía tenga cupos de inmigrantes que detener al día, pero quienes vivimos en Madrid, no sé lo que sucede en el resto del país, sabemos que miente, que tiene más cara que espalda, que cuando no había crisis bien que utilizaban esa mano de obra barata por muy morenita que fuera y ahora les quieren echar a todos, ¡canallas! Son seres humanos igual de válidos que el resto, ¿cómo se puede permitir que reciban un trato tan cruel?

En Madrid se ve a los policías esperándolos en las bocas de metro, en las puertas de los locutorios, en todos los lugares donde puedan encontrarles. Por supuesto, el modo de selección es completamente racista, pues se basan en el color de la piel. En cuanto ven a una persona de piel oscura (hispanos, árabes o negros) van a por ellos. Como veis, la cosa es completamente absurda, porque, pongamos por ejemplo que pasa por allí un argentino blanquito sin papeles. Pues a él no le paran. Racismo policial cien por cien vejatorio.

Mis sobrinos son expertos en la República Dominicana, Bolivia y Ecuador. Se han criado desde que nacieron con niñeras de esos países, quienes les han enseñado sus costumbres, les han dado a probar sus recetas y les han contado leyendas de sus tierras. La más reciente, Claudia, llegó a España hace pocos meses. Hace unos días, terminada su jornada laboral, cogió el metro como siempre, para encontrarse a la salida con dos policías matones que al grito de “¡eh, tú, para!” impidieron que continuase su camino.

¿Cómo que “eh, tú”, mamotretos descerebrados? Tratadla de usted porque no la conocéis de nada, porque merece el mismo respeto que el resto de personas y porque ya bastante miedo estará pasando.

Claudia aún no tiene papeles.

Le obligaron a pasar la noche en un calabozo, y al día siguiente le mandaron a casa con un certificado de expulsión.

Claudia sigue viniendo a cuidar a mis sobrinos. Mientras mi hermana, la madre de los niños, le intenta arreglar los papeles, Claudia empieza a sufrir transtornos de miedo y ansiedad. La experiencia del calabozo y de haber sido tratada como una mierda ha quedado grabada en sus ojos, unos ojos que extrañan tanto mirar a sus hijos, a esos niños que ha dejado en Ecuador para cuidar a otros que no son suyos y que lo tienen todo. El pavor de coger mañana y noche el metro y de ser descubierta por esos desalmados le impide vivir tranquila.

A esos policías les pagamos el sueldo con nuestros impuestos.

Y están haciendo el vago y abusando de personas indefensas en lugar de ocuparse de asuntos más importantes, como la violencia machista, las violaciones, los atracos violentos y tantas otras cosas.

Y el gobierno pasa de una política flexible a otra de todos fuera... qué hipócritas...

No es justo.

Claudia se merece que la traten de usted.

jueves, 19 de febrero de 2009

Violencia machista, caso II: SERGI XAVIER MARTÍN MARTÍNEZ

El racismo se construyó a partir de una realidad también económica, política y culturalmente milenaria, el sexismo, en la cual los poderes y los recursos se encontraban en manos de los hombres, siendo las mujeres prácticamente propiedad de los hombres. El racismo, reafirma el sexismo e incorpora en su seno las diferencias sexuales y la superioridad de los hombres sobre las mujeres como una característica inherente y constitutiva de esa ideología. Del mismo modo el sexismo incorpora a la diferenciación racial como una categoría de estratificación, creando una pirámide que no solo está marcada por la diferenciación sexual sino también por la distinción racial, que reafirma, como se planteó anteriormente a lo blanco como prototipo de lo humano en contraposición de lo negro relacionado siempre con lo no humano o lo menos humano.
Desde esta perspectiva, es imposible en la actualidad comprender el racismo de manera aislada al sexismo. Del mismo modo, no se pueden aislar las consecuencias sociales y culturales del racismo de las consecuencias de la estructura racista sobre las condiciones particulares de las mujeres […] (Epsy Campbell Barr. Texto completo aquí)
Si en el post anterior escribía sobre mobbing y violencia machista, en este me gustaría hacerlo sobre xenofobia y violencia machista.
            El sujeto que quiero poner de ejemplo en esta entrada es ni más ni menos que el violento joven del tren de Barcelona, ese paleto macarra llamado Sergi Xavier Martín Martínez. Tristemente famoso por su brutal agresión a una adolescente ecuatoriana de tan solo dieciséis años en octubre de 2007, el tipo de veintiún años vuelve hoy a la actualidad porque empieza el juicio contra él. Él, que se mostraba tan envalentonado en ese vagón de Sant Boi de Llobregat, hablando por el móvil con un colega y diciéndole que estaba delante de una “inmigrante de mierda”, según testimonios recogidos posteriormente, hoy se presenta acojonado ante el juez, diciendo con el rabo entre las piernas que “me doy asco a mí mismo, ese día no era yo” y que “nadie merece lo que le hice a esa chica”.
            ¿De verdad estás tan arrepentido, Sergi Xavier Martín Martínez? Entonces explícanos por qué ni tú ni tus amigos habéis parado de acosar a la adolescente ecuatoriana desde que te denunció. La pobre chica ha tenido que cambiar de look por completo, se ha mudado a otro piso por miedo, se ha cambiado de instituto, su madre también se ha teñido el pelo para no ser reconocida y poner en peligro a su hija… la adolescente agredida está traumatizada y su madre cuenta que ya no es la misma, que tiene ataques de pánico y se muestra decaída. Está recibiendo tratamiento psicológico. Bienvenida a España, la tierra del sol y la sangría. Ah, pero que no eres un europeo blanquito y forrado, entonces toma patada. Y todo, qué injusto, por un menda como tú que no le llega ni a la suela de los zapatos.
            Sus excusas, bastante difíciles de probar, de que iba bebido y drogado (su víctima dice que no parecía borracho ni colocado), no le eximen de su responsabilidad. Vamos a ver, si yo me pillo la cogorza del siglo o me tomo un éxtasis os aseguro que no me pongo a insultar ni a pegar a nadie. Ni yo ni muchos hombres ni mujeres que conozco. Así que espero que eso no se tenga en cuenta en el juicio.
            Antes de seguir, quisiera que volviésemos a ver el vídeo, aunque sea bastante desagradable:

            Bien, pues como podéis comprobar, aunque no lo oigamos, se ve cómo Sergi Xavier Martín Martínez insulta a la niña, porque es casi una niña, y luego la golpea y le asesta una buena patada. Imaginaos el pavor de ella, que viaja sola y que se da cuenta (es escalofriante) de que nadie está dispuesto a ayudarla. Es bastante difícil ponerse en su pellejo porque tuvo que ser una situación terrorífica.
            Así pues, en los medios se habla de racismo al igual que en el caso sobre el cual escribí ayer se hablaba sobre todo de acoso laboral. Pero, ¿y qué pasa con la violencia de género, que siempre queda oculta?
            No dudo de que Sergi Xavier Martín Martínez odie por igual a los hombres ecuatorianos o de cualquier otro lado que no sea su minimundo ignorante y podrido, pero, ¿se atrevería a hacerle lo mismo a un marroquí, a un camerunés, a un colombiano? Lo dudo. Pese a su estética skin, desde luego no es uno de esos tochos neonazis que parecen armarios empotrados. Así que puede haber presumido todo lo que quiera de haber "pegado a un moro" (eso iba diciendo por el móvil también), que no se lo cree nadie.
            La clave está en el vídeo que acabamos de ver. En él, Sergi Xavier Martín Martínez le toca UNA TETA a la víctima. Bueno, más que tocar, se la retuerce. Eso tuvo que doler y mucho. He ahí, pues, la respuesta a la pregunta: ¿estamos ante violencia de género? Claro que sí, estamos ante una agresión racista y machista. No lo olvidemos, pese a que los medios de comunicación solo hablen de racismo.
            No pretendo victimizar a las mujeres haciendo de todo una agresión machista, solo quiero poner palabras a los silencios y crear conciencia de que uno de los problemas más devastadores y contra los que todo gobierno debería luchar como tema prioritario es el terrorismo de género.
            Las mujeres no deseamos que los gobiernos sean nuestros papás que vienen a salvarnos de los malos, de hecho, siempre hemos sido nosotras solas las que hemos tenido que hacernos cargo del machismo al haber sido ignoradas por el poder, así que está claro que nos valemos por nosotras mismas. En lo que creo que estaremos todas de acuerdo es en que la hipocresía que impera entre la clase política es vomitiva. Tanto hablar de crisis, de terrorismo y de otros asuntos y luego ignoran lo verdaderamente importante, que es que la mitad de la población de este planeta se ve discriminada y agredida en aspectos tanto físicos como psicológicos o laborales, llegando en los casos más extremos (que no por ello infrecuentes, como todo el mundo sabe) a morir, solo por el hecho de ser mujeres.


Sergi Xavier Martín Martínez, el machote ario

lunes, 1 de diciembre de 2008

Rosa Parks

No me quería sentar porque estuviera cansada físicamente, sino porque estaba cansada de rendirme. (Rosa Parks)

El 1 de diciembre de 1955, hace hoy 53 años, Rosa Parks (1913-2006) se hizo famosa por negarse a obedecer las órdenes de James Blake, conductor de una línea de autobuses de Montgomery, Alabama, que le dijo que se levantase para ceder su asiento a un pasajero blanco.

En el sur de Estados Unidos, los blancos y los negros estaban segregados en prácticamente todos los aspectos de sus vidas, desde los asientos del transporte público (los negros debían ir detrás) –y en el caso de los autobuses escolares, los niños negros directamente no podían utilizarlos ni tenían otros disponibles- hasta los cuartos de baño o los restaurantes.

Rosa Parks llevaba ya muchos años militando en el movimiento por los derechos civiles –era una de las pocas mujeres que lo hacían por aquella época- cuando desafió la segregación racial en aquél famoso autobús. Aquél día pagó su billete y se sentó en el primer asiento libre que encontró. Como quedaban más sitios disponibles delante, otros tres pasajeros negros se sentaron en ellos. Cuando el autobús se llenó, James Blake les conminó a que se levantasen. Los tres hombres lo hicieron pero Rosa Parks se negó.

--¿Por qué no te levantas? –le preguntó el conductor.

--Porque no creo que deba hacerlo- respondió ella.

--¿No te vas a levantar?

--No, no voy a hacerlo.

--Entonces llamaré a la policía.

--Hágalo.

Blake llamó a la policía y Parks fue arrestada.

La hazaña de Rosa Parks disparó la rebelión civil de los negros. Gracias a ella Martin Luther King comenzó a ser escuchado. Todo empezó a cambiar.

El 21 de diciembre de 1956 los autobuses de Montgomery dejaron de estar segregados.

Rosa Parks es el ejemplo de que todas las personas tienen el poder de cambiar el mundo. Si una persona que era mujer y negra en los racistas y sexistas Estados Unidos de los años cincuenta pudo alterar el curso de la historia, ¿qué no podemos hacer el resto? Ojalá el frío de diciembre nos despierte y nos ponga en marcha, que hay mucho mucho mucho que hacer.