jueves, 12 de febrero de 2009

Poemas (2): Sor Juana Inés de la Cruz

Las pulseras de metal suenan si son dos. (Proverbio africano)

            Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651-1695) fue una monja lesbiana como ha habido tantas, pero sobre todo fue la escritora más fértil e importante del Barroco novohispano (es decir, el imperio establecido por la corona española durante su dominio americano). Tanto es así que la llamaban el Fénix de América y la Décima Musa.
            Gracias a la biblioteca de su abuelo, quien le enseñó a leer a la edad de tres años, devoró a los clásicos y amó la literatura desde niña. Aprendió latín escuchando a escondidas las clases particulares que recibía su hermana. De joven estuvo en la corte virreinal, siendo dama de la marquesa de Mancera.
            Tuvo deseos de ir a la universidad y pensó en disfrazarse de hombre para ello, pero al final decidió que lo mejor que podía hacer una mujer que no deseaba casarse y quería estudiar y escribir era meterse a monja, por lo que ingresó en la orden de las Jerónimas. Esta le pareció menos estricta que la de las Carmelitas, y pudo vivir y crear de forma relajada. Además de escribir versos religiosos y no religiosos, villancicos, autos y comedias, fue la administradora del convento e incluso se atrevió a realizar algunos experimentos científicos.
            Su confesor, Antonio Núñez de Miranda, le reprochaba que escribiese, pues le decía que esa actividad era propia de un hombre y no de una mujer. Tan rabioso estaba de la fama de la autora y del contacto que tenía con figuras importantes, que Sor Juana Inés se vio obligada a prescindir de sus servicios, apoyada por la entonces virreina, la marquesa de la Laguna, con quien se dice que mantenía una relación amorosa.
            Otro hombre con quien tuvo problemas fue con el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, quien escribió bajo el pseudónimo de Sor Filotea una encendida crítica contra la escritora, en la que le recomendaba dejar la literatura y la reflexión teológica a los hombres y dedicarse a la vida monástica. En su “Respuesta a Sor Filotea”, sor Juana Inés compuso una apasionada defensa de la labor intelectual de las mujeres.
            Eran tiempos de la Inquisición, y Sor Juana Inés no tardó en verse forzada a deshacerse de su biblioteca y de sus instrumentos musicales y científicos.
            De la edición de Georgina Sabat de Rivers (Castalia, Madrid, 1982), tomo el siguiente y hermoso poema. Que lo disfrutéis.
¿Puedo yo dejar de amarte 
si tan divina te advierto? 
¿Hay causa sin producir? 
¿Hay potencia sin objeto? 

 Pues siendo tú el más hermoso, 
grande, soberano exceso 
que ha visto en círculos tantos 
el verde torno del tiempo, 

 
¿para qué mi amor te vio? 
¿Por qué mi fe te encarezco, 
cuando es cada prenda tuya 
firma de mi cautiverio? 

Vuelve a ti misma los ojos 
y hallarás, en ti y en ellos, 
no sólo el amor posible, 
mas preciso el rendimiento, 

entre tanto que el cuidado,
en contemplarte suspenso, 
que vivo asegura sólo 
en fe de que por ti muero.

4 comentarios:

Ico dijo...

Siempre me ha parecido fascinante la vida de esta mujer y su capacidad intelectual, muy por encima de los que en hoy en día son autores consagrados del Barroco. Pero claro, antiguamente las mujeres no tenían permitido pensar. Afortunadamente hoy en día podemos rescatarlas y darles el lugar que se merecen.

dintel dijo...

A ver, venga, ahí te quiero ver... ¡qué! ¿Qué relación victoriana tiene esta? Espero tu respuesta impaciente, ensartada en sonrisa.

Bromas aparte, precioso poema, estos versos
¿Por qué mi fe te encarezco,
cuando es cada prenda tuya
firma de mi cautiverio?

me tienen prendada.

Conso dijo...

Mira tú, es una de mis "monjas" favoritas...

Hester Prynne dijo...

Ja ja ja, dintel, pues la verdad es que ahora no se me ocurre una conexión, salvo que ¡en el siglo XIX también había un montón de monjas lesbianas! Pero, ¿cuándo no las ha habido?