miércoles, 6 de mayo de 2009

A LAS OCHO DONDE SIEMPRE, serial bollo (2)

Anteriormente, en A las ocho donde siempre...

CAPÍTULO DOS: LAS NORMAS DE LA CASA DE RUTH

I

La niña está en casa que es donde tiene que estar, y no jugando por ahí como una salvaje. No me vengas con tonterías, Celia, que sabes que no las aguanto. Lo sano no es saltar a la comba ni cuchichear con las otras crías, lo sano es ayudar a una madre que bastante trabajo tengo yo en casa. Encima que la dejo ir al colegio, total, para lo que le sirve, con lo boba que es. De dura nada, Celia. Realista, lo que soy es realista. Ya me hubiera gustado que me dijeran las verdades a mí a la cara en lugar de llenarme la cabeza de nubes para luego acabar como una esclava limpia que te limpia un maldito caserón de pueblo. Y puedo ir a la compra porque ella está haciendo la cena, que si no… ¿peligrosos los fuegos para una niña de diez años? Uy, ya quisiera verte yo manejar los pucheros con la soltura de mi hija, ya. Hoy cenamos estofado, con eso te digo todo.

Pues claro que dejarás de ir a clase después de este año, hija, pero qué te has creído, a ver, de qué te valdría si total, no tenemos dinero para mandarte a la universidad y además, aquí con la casa de huéspedes tienes el futuro asegurado. Ya quisieran muchas ser independientes como tú. Ah, ¿es que te sientes atada a mí? Mira, cuando quieras coges la puerta y te vas, pero te digo una cosa, aún no eres mayor de edad y sin nuestra ayuda no sé cómo te las vas a arreglar, porque, por supuesto, no esperes nada de nosotros si te marchas. ¿Qué te crees, una señorita de ciudad? Y dudo mucho que encuentres un novio, siento ser brusca pero no me has salido muy agraciada y los hombres ya sabes que se fijan mucho en esas cosas. Tú termina el curso y luego ya sabes, a trabajar. Y no me mires con esa cara de cordero degollado porque a mí plim, hija, a mí plim.

Y ahora en tu lecho de muerte vienes a decirme que he tratado muy mal a mi hija, anda por Dios, qué caradura tienes. Tú que la has ignorado toda tu vida, hola, caliéntame la comida, pon el telediario, buenas noches y para de contar. Yo la he criado, le he enseñado todo lo que sabe, viejo estúpido. Sí, la he pegado mucho, y es por eso que no se nos ha despendolado, que no se ha ido por ahí con cualquiera, es por eso que te ha cuidado hasta hoy y me cuidará a mí hasta que me muera. La he pegado mucho y más zapatillazos le debería dar, que es una ingrata, siempre con la cara larga, pero si el día de mañana se va a quedar con la casa de huéspedes, qué más quiere.

Gracias por venir a visitarme, Celia, la verdad es que casi nadie se pasa por el cuarto de una vieja moribunda, parece mentira, con lo que he hecho yo por este pueblo, sin mi casa de huéspedes pocos comercios estarían hoy en pie, sabes que tengo razón. Aunque todo eso poco importa ya, que esta ingrata hija mía, aprovechando que me cuesta moverme y que cada vez me falla más la cabeza, ha desmantelado toda la casa y no sé qué cosa quiere hacer de mujeres raras aquí, ya sabes que esta niña ha sido siempre demasiado feminista, es que la tenía que haber dejado tener algún novio, pero qué iba yo a saber, Celia, qué iba yo a saber… Muchas gracias por venir a visitarme, la verdad es que casi nadie se pasa a verme, parece mentira, con lo que he hecho yo por este pueblo, sin mi casa de huéspedes…

II

--¿Qué pasa, Clara? –Virginia se acercó a la anfitriona al ver el terror que mostraba su expresión. Puso las manos sobre sus hombros y repitió- Dinos, ¿qué es lo que han visto Karen y Olatz?

            Clara trató de recomponerse. Carraspeó e intentó reírse, pero su voz temblorosa delataba su verdadero estado de ánimo:

--Es… el fantasma de Villa Woolf, ya os lo dije. –Cogió una vela y se puso en pie- Si me disculpáis, ahora mismo vuelvo.

            Virginia se interpuso en su camino.

--De eso nada. Mira, no creemos en fantasmas, pero tampoco es divertido estar a oscuras en este pueblo perdido y que nos intentéis gastar una broma Marcos y tú. Es que no tiene nada de gracia.

            Clara había vivido esta situación muchas veces, y siempre había logrado convencer a sus invitadas con alguna mentira, pero se sentía devastada por el abandono de Carmen y agotada de vivir ocultando siempre la verdad. Así que apartó a Virginia de su camino mientras decía:

--De acuerdo, os confesaré mi secreto. –Desde el umbral de la puerta del comedor, gritó- ¡Madre! ¡Ruth! ¡Venga!

            De pronto, en medio de la oscuridad se dibujó una figura blanca. Todas gritaron.

--¡Es lo que vi a través de la ventana! –exclamó Karen.

            Olatz asintió.

--Es lo que vi en el pasillo.

--Es mi madre, doña Ruth –explicó Clara, abatida.- O lo que queda de ella, pues ha perdido totalmente la cabeza y ha adelgazado tanto que parece un esqueleto. –Todas miraron a esa pequeña mujer que Clara cogía de una de sus muñecas. Intentaba zafarse de la mano de su hija sin éxito. Los ojos le daban vueltas y de la boca salían babas y un extraño y quedo gemido.- La oculto a las invitadas porque, como comprenderéis, nadie querría venir de vacaciones aquí si supieran que hay una loca en el ático… Me invento lo de que Villa Woolf tiene un fantasma por si alguien escucha sus ruidos en algún momento…

--¡Oh! –Susi aplaudió- ¡Es como si estuviéramos dentro de la novela de Jane Eyre! La mujer del señor Rochester escondida en una alcoba del último piso… -Cuando vio la mirada fulminante de sus amigas, Susi contuvo su entusiasmo. Solo Virginia había esbozado una tímida sonrisa ante su comentario.

--Pensad lo que queráis –dijo Clara con la voz triste.- La verdad es que ya estoy harta de todo. Fui una esclava de mi madre en su cordura y ahora lo soy también en su enajenación. –Puso su brazo por encima de los hombros de la anciana enjuta- Vamos, madre, la llevaré a su cama. Ah, bien, ya ha vuelto la luz. Podéis coger algún juego. Ahí tenéis el Trivial, el Pictionary, el Monopoly… Y si no, ya sabéis donde está la tele. Enseguida os serviré el café y las copas.

III

Con la muerte de Ruth, Doña Celia acababa de conseguir el título de la mujer más vieja de Navas de la Princesa. Ese lunes por la mañana se despertó con el ruido del teléfono. Un periodista local quería entrevistarla. Sabía que conocía a las familia de la casa de huéspedes –villa algo, como la llamaban ahora, un nombre raro- de toda la vida. Ya se imaginaba lo que iban a preguntarle. Lo mismo que a su nieto Marcos el día anterior. Que si creía que Ruth había sido apuñalada por su hija Clara, que si tenía idea de dónde podía haber huido esta… ¿Pero qué iba a saber? Lo único de lo que tenía certeza es que ella no hubiera aguantado tanto como la pobre Clarita, toda la vida esclavizada por esa malvada mujer. Pero claro, eso no podía decirlo porque a lo mejor se creían que la asesina era ella.

            La Guardia Civil acababa de dejar marchar a las madrileñas. Mientras hablaba con el periodista las vio desfilar hacia la parada de autobús. Todas tenían ojeras. No habría sido ninguna de ellas, eso seguro. ¿Para qué iban a querer matar a una vieja de pueblo esas mujeres tan sofisticadas? Además, estos asuntos siempre quedaban en familia, en los sitios tan pequeños siempre era cosa de alguien de tu misma sangre. ¿Se acostarían juntas? ¿Quién con quién? Todos creían que la gente de pueblo era tonta, pero ella sabía de lesbianas, en Navas de la Princesa habían existido de siempre. Mª José y Beatriz en el pantano en pleno invierno, Carlota que bebía en el bar con los hombres… Pero ella estaba convencida de que ninguna de las madrileñas había matado a Ruth, aunque hubieran hecho bien, que a la mala hierba hay que ayudarla a morir.

IV

--Por fin, por fin, por fin… -Jacobo se abalanzó sobre Virginia y la cogió en brazos.- ¿Pero dónde te habías metido, perra? ¡Que te he llamado mil veces!

            Virginia dejó su mochila en el suelo, se quitó la gorra y se lanzó en el sofá.

--Larga historia, querido, con asesinato y todo. Te la cuento si me pones ahora mismo un café triple.

            Jacobo se dirigió a la cocina con su caminar amanerado. Virginia no pudo evitar sonreír al mirarle. Por fin estaba en casa.

--¿Por qué no has cogido el teléfono en todo el fin de semana?

--En ese jodido pueblo no había cobertura, tío.

--Pues te ha estado llamando una mujer de una editorial, ha dejado un mensaje en el contestador.

--¿Qué? –Virginia se levantó de un salto y se abalanzó sobre la máquina. Apretó un botón y se escuchó una voz femenina.

--Este es un mensaje para Virginia Gutiérrez. Soy Marga López de Ediciones Leta. Quería hablar contigo sobre la novela que nos has enviado. Estamos bastante interesados en publicarla. Por favor, llámame lo antes posible al 649…

            Virginia no se lo podía creer. Miró a Jacobo, que sonreía apoyado en la puerta de la cocina, con una taza de café en la mano.

--¿Es una broma? –preguntó a su compañero de piso con la poca voz que le restaba.

--¿Pero tú te crees que soy tan cabrón?

            Virginia sacó su móvil del bolsillo y marcó el número de Marga López con los dedos temblorosos.

--Hemos quedado mañana –anunció nada más colgar, con los ojos brillantes.- Tengo que llamar a Susi para contárselo.

            Jacobo puso cara de indignación.

--¿Te van a publicar un libro y eso es todo lo que se te ocurre decir, que tienes que llamar a Susi? Vamos, nena, espabila, estás loca por ella. O se lo dices ya o acabarás estallando. ¿Pero a qué esperas? Si tú te metes a todas las chicas increíbles de Chueca en el bolsillo, no sé por qué precisamente con Susi, que no es ninguna tía buena, eres tan remilgada…

--Ella es distinta, Jacobo. –Virginia suspiró.- Para mí es perfecta. –Recobró la compostura.- Bueno, tío, no me amargues la vida, que acabo de recibir la noticia más importante de todos los tiempos.

            Justo cuando acercaba la mano al auricular, el teléfono comenzó a sonar. Virginia descolgó esperando que fuese Susi, que ya la echaba de menos.

--¿Sí, dígame?

--¿Virginia? Soy Clara, de Villa Woolf. Perdona que te llame, pero tenía la reserva de Internet que hizo Lola con todos vuestros teléfonos en el bolso y tú eres la única que he encontrado en casa…

--¿Clara? ¿Pero dónde estás? ¿Sabes lo que le ha pasado a tu madre? ¿Has sido tú? ¿Pero por qué te escapaste en medio de la noche?

--No me grites, por favor. No tengo a dónde ir. Estoy en la estación de Atocha. ¿Podrías venir a buscarme? No conozco a nadie en Madrid. Ayúdame, por favor…

CONTINÚA EL MIÉRCOLES 13 DE MAYO

8 comentarios:

Al-kemia dijo...

Me ha gustado mucho el giro que le has dado a la historia.
Un abrazo

clara y lucero dijo...

Bueno,que meta a una chica en su casa.....vale,pero sin saber si es asesina o no.....
Esperemos al 13,buen dia para continuarlo, ademas,el dia despues de mi cumple.
Besos.

boopit dijo...

Por fin segunda parteeee ueeeee!!!

Oyoyoyoyyy con la madre mala-malosa!!! Desde luego!!!

Intrigada estoy, mira, estaría muy claro que podría haber sido Clara porque motivos tiene de sobras, pero me da a mi que no va a ser tan fácil...

Venga venga, que quiero saber más!!!!

Genial, me ha gustado mucho

farala 68 dijo...

madre mía cómo se está poniendo esto... MADRE MÍA no puedo comentar porque he hecho como hacia con "l", me lo he leido de un atracón, solo por el gusto de leerlo; ahora vuelvo a releerlo, pa saborearlo,
con que jane eyre eh?? see you 2ight!

LesGroNoma dijo...

Wo0o0o que bueno, está super interesante!! quiero más!! ;D jejeje gracias.

maslama dijo...

hola guapa;
no soy muy buena comentando textos literarios, sólo te diré que lo he leído de un tirón y que estoy impaciente por saber como sigue

besos,

Lau... dijo...

:D

Euge dijo...

esto se hace vicio

Te he dejado un premio de eso a la popularidad bloguera

Besos