domingo, 30 de noviembre de 2008
Domingo ateo
sábado, 29 de noviembre de 2008
Club de lectura
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Leemos para saber que no estamos solos (C. S. Lewis)
Un club de lectura consiste en un grupo de personas que se reúnen periódicamente para comentar un mismo libro. Los hay generalistas, en los que cada libro es distinto al anterior en cuanto al argumento o al género, o temáticos: de poesía, feministas, de novela histórica, etc.
Los clubes de lectura gozan de bastante popularidad en muchos países. Para los anglosajones resultan tan importantes que las editoriales no dudan en sacar colecciones especialmente dedicadas a ellos, con una sección final en la que uno puede encontrarse una entrevista con el autor, preguntas para debatir y muchos otros artículos interesantes.
Además de los clubes de lectura formados por vecinos, amigos o gente que por algún motivo u otro son afines, existe el formato online, mediante un foro en el cual los participantes van expresando sus opiniones con respecto al libro que se están leyendo, o los que tienen como soporte principal un programa de televisión, aunque luego los participantes escriben en los foros de Internet u organizan reuniones. Entre estos últimos, son realmente poderosos el de Oprah Winphrey en Estados Unidos y el de Richard y Judy en Gran Bretaña. Cuando Oprah o Richard y Judy mencionan un libro, éste automáticamente pasa al puesto número uno en las listas de ventas.
Yo formo parte de un club de lectura y creo que es una de las mejores cosas a las que me he podido apuntar nunca, por eso os lo cuento, porque os lo recomiendo, porque todo el mundo puede montar uno, porque es una manera de escapar de la rutina, de ese hacer lo de siempre que te deja un vacío deseante de algo más. Cada uno lo puede organizar como le de la gana, es verdaderamente maravilloso.
En el nuestro, nos juntamos un grupo de unas doce personas provenientes de distintos sitios: compañeros de trabajo, amistades, la amiga de un amigo, etc. Cada mes, uno de nosotros se encarga de escoger el libro y todos lo compramos o lo sacamos de la biblioteca. La persona que se ha encargado de escoger el libro, organiza la reunión en su casa, fija la fecha y la hora, y allí vamos todos. La anfitriona o el anfitrión organizan una cena o unos buenos aperitivos, todo ello regado con vino y buena conversación, y pasamos una velada de lo más agradable hablando del libro y claro, de muchos otros temas que van surgiendo.
Por ahora, nos hemos leído los siguientes libros:
- Leer Lolita en Teherán (Reading Lolita in Tehran) por Azar Nafisi
- Elegía (Everyman) por Philip Roth
- La elegancia del erizo (L’élégance du hérisson) de Muriel Barbery
- El caminante (Aruku Hito) de Jiro Taniguchi
- Para el mes que viene tenemos que leer El diario de Bridget Jones (Bridget Jones’s Diary) de Helen Fielding.
Sin haberlo decidido así, con un libro iraní, otro estadounidense, otro francés, otro japonés y el último inglés, nos estamos dando juntos una estupenda vuelta al mundo a través de la literatura.
Lo cierto es que todos los meses espero con ilusión la nueva reunión del club de lectura, anotando todas las ideas que me inspiran los libros que leemos y soñando con ese respiro del mundanal ruido que es encontrarme con todas estas personas maravillosas que abren las puertas de su casa a sus compañeras y compañeros de lectura. ¡Ayer, de nuevo, me lo pasé muy bien, gente! Y qué bueno estaba el plato de curry…
martes, 25 de noviembre de 2008
25 de noviembre

La violencia es el último refugio del incompetente (Isaac Asimov)
--El acoso sexual ES violencia machista.
--La no remuneración y la infravaloración de los cuidados a personas dependientes (niños, ancianos, enfermos) por parte de mujeres que no son consideradas trabajadoras ES violencia machista.
--La brecha salarial entre hombres y mujeres ES violencia machista.
--Que los horarios laborales sean totalmente masculinos ES violencia machista.
--Que el pobre más pobre del mundo tenga siempre a alguien más pobre qué él, su mujer, ES violencia machista.
--La discriminación de las mujeres en tantas religiones ES violencia machista.
--Que muchas niñas de este mundo no tengan acceso a la educación ES violencia machista.
--El lenguaje sexista ES violencia machista.
--La ablación ES violencia machista.
--La gordofobia ES violencia machista.
--Que cada año mueran miles de mujeres en el mundo a manos de sus parejas o ex parejas ES violencia machista.
--La situación de las mujeres en Ciudad Juárez, México, y en tantas otras partes del mundo, ES violencia machista.
--El acoso a través de Internet ES violencia machista.
--La publicidad sexista en los medios de comunicación ES violencia machista.
--El velo ES violencia machista.
--La explotación sexual ES violencia machista.
--El tráfico de mujeres ES violencia machista.
--La misoginia, ya venga de un heterosexual o de un gay, ES violencia machista.
--El canon de belleza inalcanzable impuesto por la moda occidental ES violencia machista.
--La pornografía que denigra a las mujeres ES violencia machista.
--El que un hombre opine a viva voz sobre los atributos de una mujer que ve por la calle (los mal llamados piropos) ES violencia machista.
--La tolerancia hacia los comentarios y chistes sexistas de los compañeros de trabajo, amigos o familiares ES violencia machista.
--Que el aborto esté penalizado ES violencia machista.
--Una violación ES violencia machista.
--El feminicidio ES violencia machista.
Etc…
jueves, 20 de noviembre de 2008
Una cosa viva

Algunas mujeres no pueden decir la palabra LESBIANA ni cuando tienen a una en la boca (Kate Clinton)
Hace poco fui a mi médico de cabecera para pedirle que me diera cita para la ginecóloga con el fin de hacerme una revisión completa, que ya me tocaba. Hablando del dolor de ovarios, me preguntó si tenía relaciones sexuales, pues me estaba explicando qué cosas pueden causar una congestión en el aparato reproductor.
Yo le dije que sí, y le especifiqué que eran con una mujer. Lo hago siempre que puedo en el médico porque pienso que se debe oír, de modo que estudien más los temas que pueden ser específicos de nosotras, las lesbianas.
No me voy a poner a criticar a los médicos de la Seguridad Social porque, para empezar, las generalizaciones no me gustan nada y hay profesionales como la copa de un pino. Además, a veces trabajan con pocos medios o escaso personal, y la cosa tiene mucho mérito. Pero lo que sí quiero es reivindicar que la medicina en general debe interesarse más por la salud de las lesbianas, porque muchas veces no tienen ni idea.
En concreto en este caso, mi médico me respondió:
-Ah, bueno, si es con una mujer yo ya no sé.
Alucinante.
Hoy me he ido a hacer la citología de rigor y le he contado a la matrona mi conversación con el médico. Después de hablar un rato, ha soltado la siguiente perla:
-Bueno, es que el sexo lésbico es como una masturbación, aunque haya penetración, en el sentido de que no te introducen una cosa viva.
Pobre mi novia, mi brujita, le han dicho que tiene una mano biónica o que sus dedos están muertos o qué sé yo qué.
Y luego, en serio, queridas lectoras y queridos lectores, ¿por qué esa metonimia? ¿Por qué esa identificación de un todo con una parte? La masturbación es simplemente, y cito a la Real Academia de la Lengua, la “estimulación de los órganos genitales o de zonas erógenas con la mano o por otro medio para proporcionar goce sexual.”
Claro, eso es parte del sexo lésbico. Igual que del gay, del heterosexual, del transexual, de los tríos y de las orgías. Claro.
Pero semejante incultura, semejante ignorancia, semejante osadía en una profesional por cuyas manos habrán pasado, estoy segura, cantidad de lesbianas, que ya tenía unos añitos la mujer…
Estoy segura de que muchas de nosotras las lesbianas hemos tenido experiencias similares (o peores) al ir a una visita ginecológica. Otras se habrán callado y habrán ocultado que tienen sexo con mujeres. Omisiones “sin importancia” como tantas que hacemos en nuestra vida diaria porque estamos cansadas de que nos miren mal o simplemente de ser “la lesbiana” de la oficina, de la consulta, de la clase…
A las doctoras y a los doctores, por favor, estúdiennos, investíguenos, miren a ver qué cosas nos pueden suceder solo a nosotras o de distinta manera que a otras mujeres: tenemos el mismo derecho que el resto de las personas y no todas nos podemos pagar una consulta en una clínica privada feminista.
A las lesbianas, hablad. Siempre que no suponga un peligro para vuestra integridad física o mental, salid del armario. Para que escuchen que existimos, para que nos incluyan y para que no nos obvien. Decidlo alto y claro, SOY LESBIANA, ¿qué me pasa, doctor?
La calumnia

Por cada persona que vive sin libertad, el resto debemos enfrentarnos a la culpabilidad (Lillian Hellman)
Cómo pasa el tiempo. Hoy hace 74 años que se estrenó en Broadway una de las obras más famosas de la dramaturga y guionista norteamericana Lillian Hellman (1905-1984). Se trata de The Children’s Hour, conocida en España como La calumnia, de la que luego William Wyler hizo una película con Audrey Hepburn y Shirley MacLaine en 1961.
La calumnia trata sobre dos amigas que regentan un internado femenino. Una de las niñas se inventa, cuando escucha un rumor, que las dos profesoras tienen un romance. Esto llega a oídos de todos los padres, que van sacando a sus hijas del colegio hasta que este tiene que cerrar y la vida de ellas queda destrozada. Hellman no deja claro si el rumor es cierto o no (la película de Wyler se inclina más por lo segundo, aunque muestra cómo una de las profesoras sí que siente lo que dice la niña), pero la relación de las dos mujeres en la obra teatral es lo suficientemente estrecha como para que esta se prohibiera en Chicago, Boston y Londres y provocase que Hellman quedase excluida del premio Pulitzer. Aún así, La calumnia tuvo un éxito tremendo y estuvo en cartelera durante veintiún meses.
Hellman se inspiró en un caso real que tuvo lugar en Edimburgo en 1809, cuando una niña acusó a sus profesoras, la Srta. Pirie y la Srta. Woods, de tener una relación y los tribunales las consideraron culpables de “afecto excesivo.” El hecho de que once años después las dos mujeres ganaran la apelación, no evitó que sus vidas quedasen destruidas para siempre. Su colegio nunca volvió a abrir sus puertas y ellas jamás fueron contratadas en ningún otro lugar.
Lillian Hellman escribió muchas otras obras de teatro y guiones de Hollywood, todos ellos de gran calidad. Durante treinta años, fue pareja del escritor de novela negra Dashiell Hammett, y amiga toda la vida de la genial escritora Dorothy Parker.
Activista de la izquierda, fue víctima de la caza de brujas y se negó a testificar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses en 1952. Aunque, al contrario que Hammett, nunca estuvo en la cárcel por ello, sí que estuvo vetada de los estudios de Hollywood durante muchos años.
Gracias, Lillian Hellman, por sacar a la luz un caso que de otro modo hubiera quedado enterrado por la historia normativa, esa que siempre olvida a las mujeres y, sobre todo, a las lesbianas. Menos mal que entre todas podemos construir en lugar de destruir.
[Lectura recomendada: Scotch Veredict: Miss Pirie and Miss Woods V. Dame Cumming Gordon (Lillian Faderman) sobre el caso real de las profesoras escocesas.]