jueves, 12 de agosto de 2010

El mundo interior de los chicos: tres libros.

Este post se publicó en mi blog de lecturas el 19 de mayo de 2010. Puesto que he decidido eliminar dicho blog para unificar todos mis escritos en La Letra Escarlata, aquí os lo dejo con el fin de que no se pierda.

Antes de nuestro proyecto de ser madres, yo había sido tía muchas veces (once en concreto, de ocho niños y tres niñas), por lo que el mundo infantil no me resulta ajeno en absoluto. Además, puedo sentirme orgullosa de contar con una buena colección de libros que muchas veces los adultos descartan pensando que son para críos y que, por tratarse de buena literatura, hablan a todas las edades y generaciones.
Sin embargo, siempre me he sentido más inclinada a leer historias de niñas, habiendo sido yo una hace -cada vez más- tiempo y resultándome sus tribulaciones y aventuras mucho más interesantes para mí que las de los chicos. Desde que era pequeña y, aparte de Los cinco de Enid Blyton (libros en los que, de todas formas, el personaje más valiente y que más me maravillaba era Jorge, una chica aunque se hiciera llamar con nombre masculino), me apasionaban las novelas de Maria GripeLa hija del espantapájaros, Agnes Cecilia-, de Christine NöstlingerGretchen se preocupa, Rosalinde tiene ideas en la cabeza- o de Elena Fortún, quien ideó la que fuera mi mejor amiga ficcional en aquella época: la rebelde Celia.
Cuando mi mujer se quedó –por fin- embarazada, de pronto me vino a la cabeza la idea de que podría tener un niño y no una niña.
No me malinterpretéis, estaría feliz con un hijo, lo que me preocupaba era no tener demasiados libros para él. Podría leer los que están protagonizados por chicas, por supuesto, pero estoy segura de que también le gustaría tener otros.
Además, yo había pasado tanto tiempo profundizando en el alma novelística femenina que temí no ser capaz de comprender el mundo interior de un chaval.
Así que, como siempre que tengo algún problema, recurrí a la literatura.
Me hice con tres libros protagonizados por muchachos. Fueron una novedad entre mis estanterías plagadas de mujeres apasionantes y, qué queréis que os diga, a mí me resultó cuanto menos refrescante buscar algo diferente para leer.

Los magos (The Magicians), escrito por Lev Grossman y publicado en España por Ediciones B. Los magos es la historia de Quentin Coldwater, un muchacho brillante pero descontento con su vida. Para empezar, el hecho de ser casi superdotado hace que sus estudios del instituto le resulten aburridísimos. Además, está enamorado de su mejor amiga quien, por desgracia para él, sale con su mejor amigo. Quentin vive en Nueva York y sus padres son afables pero distantes. Él crece obsesionado con el mundo de las novelas de Fillory, que son una recreación del Narnia de C. S. Lewis.
No sé si alguna vez habéis deseado que de verdad existan los magos al estilo de Harry Potter, y que un día recibáis un aviso diciéndoos que tenéis que estudiar en Hogwarts porque vosotros también lo sois. He de confesar que yo lo he hecho. Y Quentin también. De pronto descubre que lo que siempre había soñado se hace realidad, que tiene poderes mágicos y que debe estudiar su carrera de mago en la Universidad de Brakebills.
A partir de ahora no esperéis divertidos hechizos y amistades entrañables, porque Quentin se junta con un grupo de esnobs que no paran de beber y de vivir la vida loca y descubre, digámoslo así, el sexo, las drogas y el rock ‘n roll. Nos hallamos, por tanto, ante un Harry Potter no demasiado apto para el público infantil.
¿Lo peor de la novela? Que Quentin es demasiado quejica y nunca está contento por nada, lo cual, si os digo la verdad, acaba cansando. Chico, que eres joven, sano, rico, guapo y encima mago, estudias en una universidad que es una pasada y tienes un futuro prometedor y una novia maravillosa, ¡deja de llorar ya!
¿Lo mejor de la novela? Que la pluma de Lev Grossman es como la varita de un mago haciendo hechizos con las palabras, que las pruebas por las que tienen que pasar Quentin y sus compañeros de clase –como la de viajar hasta la Antártida- son emocionantes y que Fillory existe.
Ah, y que tiene bastante pinta de convertirse en una serie de libros, pues quedan muchos asuntos sin resolver al final.
Hermosas criaturas (Beautiful Creatures), por Kami Garcia y Margaret Stohl. Este libro forma parte de todos aquellos de cubierta negra y aspecto gótico que se han puesto tan de moda entre los adolescentes a raíz de los exitosos vampiros de Stephenie Meyer. De hecho, si os pasáis por la sección juvenil de cualquier librería os sorprenderá el hecho de que sus estanterías parecen las de una iglesia con sus misales, por culpa de la oscuridad de los volúmenes.
Además, fue la típica novela que me encontraba por todas partes: en supermercados, papelerías, tiendas abiertas las 24 horas… desde luego, la editorial (Espasa) ha hecho un excelente trabajo de distribución. Sin embargo, desde el primer momento sentí rechazo por el libro debido a que estaba escrito por dos personas, y tengo un montón de prejuicios con ese tipo de cosas: para mí las novelas deben estar escritas por solo un autor, la creación literaria es un acto solitario y me resulta artificiosa cuando se acomete en compañía.
En fin, acabé cayendo en las redes de esta historia tras varias recomendaciones insistentes y la verdad es que me he llevado una impresión favorable.
El protagonista es Ethan Wate, quien para nada es el tipo duro, frío y distante de las novelas de vampiros, sino un chico normal que ha perdido a su madre y sufre porque su padre se ha encerrado en su despacho, loco de la pena. Además, Ethan está muerto del asco en su pueblo sureño, lleno de convenciones hipócritas que le aburren a más no poder. Sus dos figuras maternas son Marian Ashcroft, bibliotecaria y mejor amiga de su madre y Amma, la empleada doméstica de su casa, que lleva toda la vida trabajando allí.
Si ya de por sí me gustó que hubiera representaciones femeninas tan fuertes, la sorpresa fue mayor cuando aparece en escena Lena Duchannes, la chica nueva del instituto que siempre tiene que haber en este tipo de libros y que nada tiene en común con Bella, de la saga Crepúsculo, lánguida y frágil, que lo deja absolutamente todo por un tío. Lena es, en Hermosas criaturas, la que tiene poderes y una personalidad compleja que Ethan, loco por ella, va desentrañando a lo largo de la historia, una historia que se remonta al pasado de las familias del pueblo y sobre todo a lo acontecido en la Guerra de Secesión.
Lo que más me ha gustado de la novela, además de que el papel de los personajes femeninos es –por fin- uno que puede servir de modelo de comportamiento a las chicas, es que los chavales también podrían intentar parecerse un poco más a Ethan, un muchacho apasionado por la lectura, deportista, sensible, cariñoso y que aspira a una vida mejor.
También me ha gustado el papel de los libros en la trama, que es fundamental –la biblioteca es un lugar mágico-. La novela está llena de alusiones literarias, como el hecho de que el tío de Lena sea como un personaje salido de Matar a un ruiseñor (Harper Lee). También me ha agradado el argumento histórico, pues te invita a aprender un poco más acerca de las poblaciones sureñas de Estados Unidos.
El defecto es que en ocasiones Hermosas criaturas se me ha hecho un poco larga. No por la cantidad de páginas –no me importa que las novelas sean muy extensas, es más, mis favoritas suelen ser larguísimas- sino porque a veces pueden pasan páginas y más páginas dando vueltas al mismo tema.
Por supuesto, las autoras ya están preparando el segundo libro de esta serie. Se va a llamar Beautiful Darkness (supongo que Hermosa oscuridad en español).
Little Brother, escrito por el autor de ciencia ficción Cory Doctorow. Como suelo acostumbrar a hacer con los libros en este idioma, he leído Little Brother en inglés y no sé si está ya publicado en castellano o si ha comprado los derechos alguna editorial. Lo he intentado buscar pero no lo encuentro. En fin, supongo que cuando lo traduzcan –han de hacerlo, sería una desgracia que quienes no entienden la lengua de Shakespeare se lo perdiesen- lo llamarán Pequeño hermano, pues es una clara alusión al Gran Hermano de la distopia 1984 de George Orwell (aunque lamentablemente ahora mismo lo del Gran Hermano nos suene más a telebasura que a otra cosa).
De los tres libros sobre los que he escrito hoy es, con creces, el que más me gusta. De hecho, me ha resultado apasionante. Cuenta la historia de Marcus, un adolescente de San Francisco a quien le apasiona la tecnología y se ha convertido en un poderoso hacker.
A lo largo de toda la novela, Marcus explica a los lectores todo tipo de curiosidades informáticas y creedme, yo no soy ninguna fan de los aparatitos, pero logra hacerlo de una forma tan interesante que te absorbe y te hace querer aprender programación y ser una infiltrada pirata navegando por redes ocultas.
Marcus y sus amigos –entre ellos otra hacker estupenda, una chica de origen coreano llamada Vanessa- se saltan un día de clase para participar en un juego de ordenador con una parte que tiene lugar en la calle, una especie de yincana cuyas pistas se dejan en la red y hacen que todos los jugadores recorran San Francisco en busca de los distintos tesoros. Es entonces cuando tiene lugar el atentado terrorista más grande de la historia de Estados Unidos, mucho peor que el 11 de septiembre, justo en esa ciudad. Al Qaeda vuela el Bay Bridge, uno de los puentes más largos del mundo y por el que circulan millones de coches constantemente. Los muertos son incontables.
Minutos después y sin motivo alguno, Marcus y sus amigos son detenidos y durante unos días, tratados por el ejército de su país como si fueran los culpables del atentado, a pesar de ser solo unos adolescentes. Los espeluznantes sucesos narrados en esas páginas recuerdan mucho a Guantánamo.
Cuando Marcus es liberado, descubre que San Francisco se ha convertido en un estado policial y que todos los ciudadanos son tratados como terroristas potenciales. Furioso por su detención y por la invasión de la privacidad que se está ejerciendo en todos los ámbitos, Marcus decide usar la tecnología para derrocar el nuevo régimen y volver a instaurar las libertades civiles.
Como habréis deducido, el libro toca temas muy actuales y denuncia la forma en que los gobiernos se enfrentan al terrorismo, así como el recorte de libertades y de privacidad impuesto a los ciudadanos y tan incompatible con la democracia. Todo ello en un lenguaje muy accesible, porque al fin y al cabo es una novela para jóvenes, pero al mismo tiempo con una pluma, bueno, mejor dicho tratándose de Cory Doctorow, con un teclado, soberbio.El otro día a mi mujer le hicieron una ecografía y resulta que vamos a tener una niña. No obstante, me alegro mucho de todos mis descubrimientos literarios.

3 comentarios:

Mónica dijo...

¡Oh, que penas! Ahora que lo había añadido a mis blogs favoritos. Bueno, al menos la información no se perderá ;P. Espero que nos sigas recomendado libros ya que la mayoría de tus recomendaciones pasan a estar entre mis libros favoritos.

dintel dijo...

Genial, una niña. Si hubiera sido niño, también genial.

Isabel dijo...

Hace mucho que no pasaba por aquí, así que me alegro de as novedades. enhorabuena por la chiquitina!!!