miércoles, 25 de agosto de 2010

Bienvenidas a la República Independiente de Bragalandia

Hogar no es donde vives, sino donde te comprenden (Christian Morgenstern).

---¿Estamos perdiendo la compostura? –le he preguntado hoy a mi bruja.
---¿Y qué? –me ha respondido ella.
Las dos nos hemos echado a reír.
Y es que nuestro piso parece un anuncio de Ikea. No lo digo por los muebles (que también) sino por lo de la república independiente. Hacemos lo que nos da la real gana.
Vamos por la casa en bragas, yo agarrada a una taza de café y ella intentando manejarse con el barrigón.
En lugar de perro, a nuestros pies tenemos ventiladores.
En cada mesa y en cada brazo de sillón hay un libro abierto.
Los pendientes los clavamos en el corcho del despacho.
La ropita de nuestra hija la estrena un oso de peluche con el que a veces gasto bromas a mi mujer. Lo meto en nuestra cama, en la cabeza un sombrero y entre las garras una revista. Debajo de la manta que le cubre introduzco almohadas para simular un cuerpo humano. Lo remato con unas botas. ¡Qué gritos al ir a acostarse, la pobre!
Cuidado con los botes de potingues que hay en el baño, al abrir uno de ellos puedes toparte con un post-it de amor adherido a la tapa.
Los domingos saben a tostada y a suplemento izquierdoso.
¡Tenemos una muñeca de Jane Austen y otra de Virginia Woolf!
Muchísimas noches cenamos burritos caseros o sopa china.
Eduard Punset y Judith Butler conviven sin problemas.
Cuando yo estoy harta, ella se encarga de todo y cuando ella no puede más, me convierto en el genio de la lámpara. ¡Pide un deseo!
No solemos respetar horarios, aquí la merienda la hacemos al amanecer.
Nos hemos vuelto vampiresas que al poner un pie en la calle pestañeamos con sorpresa ante la luz del sol de verano y el mundo nos parece enorme y demasiado ordenado. ¡Con lo bien que se está en casa!
Me he comprado un puro y lo he metido en la nevera. Cuando volvamos del hospital y las deje acostadas, saldré a la terraza y me lo fumaré mirando las estrellas. ¡Misión cumplida, empieza el resto de nuestras vidas!
Mientras tanto, tenemos un calendario en la cocina de esos que te regalan en los bancos cuando empieza el año. Hemos tapado la propaganda con una foto de nuestra boda. Los días se estiran y nunca parece llegar el momento.
Impaciencia, insomnio.
Los pantalones en el respaldo de una silla, como un viandante al borde del suicidio.
Uñas mordisquedas.
Envoltorios de flash.
Zumbidos de intrusos alados.
Una Jane Austen de plástico.
Canícula.
¡Ah, la espera!

miércoles, 18 de agosto de 2010

Una buena decisión (rectificar es de sabias)

Esquimal: Si no supiera quién es Dios ni lo que es el pecado, ¿iría al infierno?
Cura: No, no iría si ese fuera el caso.

Esquimal: Entonces, ¿por qué me lo ha contado?

(Annie Dillard)

¿Quién no conoce a Anne Rice? El sonado comienzo de su saga vampírica, Entrevista con el vampiro, se convirtió en best-seller a mediados de los años noventa gracias a la película basada en dicho libro y de cuyo guión ella también fue la autora. No obstante, la novela es de 1973.
Interesada en los vampiros y en la brujería desde niña, siempre estuvo muy orgullosa de su ateísmo hasta que, en 1998 y para sorpresa de todo el mundo, se convirtió al cristianismo y declaró en la revista Newsweek que a partir de ahora “solo escribiré sobre Jesús, nuestro señor”. Además, añadió, si alguien le dijera que no fuese tonta, que se va a arruinar, ella respondería que “sería una tonta para toda la eternidad por haberle dado la espalda a mi Señor”. Rice llegó incluso a escribir una autobiografía acerca de su redención espiritual.
No obstante, a finales de julio de este año, Rice ha decidido abandonar el cristianismo y estas son las razones que ha esgrimido para la revista The Advocate:
Para quien le importe, y comprendo perfectamente que hay a quien no, dejo de ser cristiana. Estoy fuera. En nombre de Cristo, me niego a ser antigay. Me niego a ser antifeminista. Me niego a ser anti-métodos anticonceptivos. Me niego a ser antidemócrata. Me niego a ser antihumanista laica. Me niego a ser anticiencia. Me niego a ser antivida. En el nombre de Cristo, dejo el cristianismo y de ser cristiana. Encuentro sencillamente imposible “formar parte” de este infame grupo pendenciero, hostil y belicoso. Lo he intentado durante diez años. No he sido capaz. Soy una intrusa allí. Mi conciencia no me lo permite.
¡Bienvenida al club, Anne!¿Y tú? ¿Has apostatado ya?

martes, 17 de agosto de 2010

Toda la vida juntas y toda la muerte también

Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una campana desafinada!
Si no tengo amor, de nada me sirve hablar de parte de Dios y conocer sus planes secretos. De nada me sirve que mi confianza en Dios sea capaz de mover montañas.
Si no tengo amor, de nada me sirve darles a los pobres todo lo que tengo. De nada me sirve dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás.
El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable.
El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie.
No es orgulloso.
No es grosero ni egoísta.
No se enoja por cualquier cosa.
No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho.
No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad.
El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo.
Sólo el amor vive para siempre. Llegará el día en que ya nadie hable de parte de Dios, ni se hable en idiomas extraños, ni sea necesario conocer los planes secretos de Dios. Las profecías, y todo lo que ahora conocemos, es imperfecto.
(1 Corintios 13)

San Francisco, 1975. Stella, o Stina, como la llamaba todo el mundo, una mujer de 40 años de ascendencia mexicana, acude a la manifestación del Orgullo Gay tras haber roto con su marido, del que tiene cuatro hijos. Por su parte, Ina Mae, de 39 años, también divorciada y con un hijo, decide que tampoco puede perderse ese evento. Harvey Milk, el primer político abiertamente homosexual de Estados Unidos, estaría allí. La fiesta, la alegría en medio de la miseria en la que el armario te ahoga, es un alivio para todas esas personas que caminan sintiendo un cóctel de miedo y audacia. Estas valiosas imágenes en super8 nos ponen en contexto.
Es en este día que Ina y Stella se conocen y se enamoran. Deciden compartir casa y criar a sus hijos juntas, convirtiéndose así en una familia.
Pioneras y siempre involucradas en mejorar la vida de las lesbianas, Ina Mae y Stella pronto se convirtieron en modelos a seguir por las mujeres de su comunidad y por muchas lesbianas de Estados Unidos, reivindicando los derechos de estas así como la existencia de las madres lesbianas.
Ina Mae tuvo un papel muy activo en Affirmation, un colectivo lgtbq mormón, siendo la única mujer en liderarlo, mientras que ambas formaban parte de un grupo de lesbianas mayores llamado Women Over 50 and Friends. Asimismo, fueron fundadoras de Lavender Seniors, un colectivo lgtbq de la tercera edad.
Stella siempre fue feminista, nunca se cansaba de llamar la atención a cualquiera que hiciera un comentario sexista. Antes de que se extendiese la práctica, ella ya promovió el reciclaje en su entorno. Tanto Ina Mae como Stella participaron en muchas organizaciones caritativas. Ambas tenían un gran sentido del humor y hacían amigos por donde quiera que fuesen. Les encantaba viajar y fueron pasajeras en muchos de los cruceros Olivia, ya sabéis, esos para lesbianas que salían en The L Word y con los que todas hemos fantaseado.
Ina Mae y Stella estuvieron siempre, pues, dedicadas a hacer un mundo mejor para todos, en especial para las lesbianas.
Este verano, exactamente el día 17 de julio, ambas mujeres regresaban de una reunión familiar. Ina Mae iba al volante cuando sufrió un devastador ataque al corazón que la mató prácticamente al instante. Stella vio que su coche se precipitaba contra unos peatones, con lo que agarró como pudo el volante y decidió precipitarse contra una camioneta para salvarles la vida. Los peatones no sufrieron ningún daño y el conductor de la camioneta tan solo heridas leves, pero la valiente Stella no pudo sobrevivir al accidente.
Murieron juntas, tal y como habían vivido.
Fuera de su comunidad eran unas desconocidas, pero yo quiero rendirles un homenaje en La Letra Escarlata porque su pequeña aportación ha hecho del mundo un lugar mejor y porque su valentía al vivir siempre abiertamente su sexualidad ha hecho que todas nosotras, estemos en el lugar del planeta que estemos, seamos un poquito más libres.
En honor a Ina Mae Murri y a Stella Lopez-Armijo, ni un armario más. Vamos, chicas, todas fuera, se lo debemos.
Ina Mae, Idaho, 1953
Stella, Washington DC, 2000
Les encantaba bailar
Se amaban y formaron una familia unida y feliz

lunes, 16 de agosto de 2010

Básicos para escribir terror

Este post se publicó en mi blog de escritura el 10 de febrero de 2010. Puesto que he decidido eliminar dicho blog para unificar todos mis escritos en La Letra Escarlata, aquí os lo dejo con el fin de que no se pierda.

En la revista estadounidense The Writer (abril 2008) ofrecen unos consejos muy útiles para quien desee iniciarse en esto de la escritura de terror. Resumo lo que me parece más interesante del artículo.
Para empezar, menciona al autor H.P. Lovecraft, maestro del cuento de terror nacido en Nueva Inglaterra (por cierto, bastante racista y misógino, pero en fin), quien, respecto a las obras de terror, dice algo obvio pero que muchas veces se nos olvida: Si da miedo, es bueno.
Otros consejos de la revista son los siguientes:
-Para ser un buen escritor de terror, primero hay que ser un buen escritor. Por muchas ideas brillantes que tengas, está claro que escribir requiere leer mucho y practicar mucho.
-Crea un mundo normal con gente normal que vive vidas normales y después destruye esa seguridad introduciendo en la trama algo diabólico. Cuanto mejor hayas transmitido esa credibilidad y ese realismo, más miedo dará aquello irreal que introduzcas en tu historia.
-Cuida de que tus personajes sean elaborados y no planos, como los de Lovecraft, bastante pésimo a la hora de la caracterización. Como dijo Stephen King –que a mí personalmente me gusta mucho más que Lovecraft-, lo ideal es crear personajes hacia quienes los lectores sientan empatía e interés con el fin de que, a la hora de “soltar el monstruo”, les importe lo que les suceda a estos.
-Haz uso de los miedos universales, aquellos que en algún momento han causado terror a cualquiera de nosotros: los extraños, los monstruos, separarse de los seres queridos, la oscuridad, las tormentas, los objetos afilados… Debes saber emplear estas herramientas sin caer en lugares comunes sino haciendo algo original con ellas.
¿A qué estás esperando? Ponte delante de la hoja en blanco y… cuidado con las sombras alargadas y las puertas crujientes, no digo más.

domingo, 15 de agosto de 2010

Tan fuerte, tan cerca

Este post se publicó en mi blog de lecturas el 10 de marzo de 2010. Puesto que he decidido eliminar dicho blog para unificar todos mis escritos en La Letra Escarlata, aquí os lo dejo con el fin de que no se pierda.

Tan fuerte, tan cerca (Extremely Loud & Incredibly Close)Barcelona: Lumen, 2005
Traducción: Toni Hill

Podría decirse que existe una literatura “post-11 de septiembre”, es decir, una serie de obras situadas en el contexto de o inspiradas por los ataques de Al Qaeda a Estados Unidos en 2001. Algunas de estas novelas son, por ejemplo, El hombre del salto (The Falling Man), de Don DeLillo, Los hijos del emperador (The Emperor’s Children), de Claire Messud o Terrorista (Terrorist) de John Updike. Pese a que todas estas son grandes historias a mi parecer, ninguna se puede comparar a la belleza de Tan fuerte, tan cerca (Extremely Loud & Incredibly Close), de Jonathan Safran Foer.
Jonathan Safran Foer (Washington, EEUU, 1977) nació en una familia judía sumamente intelectual. Por lo que he podido leer, a los ocho años tuvo un colapso nervioso y durante tres años, lo único que deseaba era ser otra persona. Estoy segura de que en estos terribles años basó el personaje de Oskar Schell, el entrañable protagonista de la novela que nos ocupa.
Safran Foer estudió filosofía en Princeton, teniendo la suerte de recibir clases de escritura creativa de la gran Joyce Carol Oates. De hecho, ella fue la primera persona que se interesó verdaderamente por su escritura y le hizo plantearse por primera vez que podría convertirse en escritor.
Además de Tan fuerte, tan cerca, otra obra conocida del mismo autor es Todo está iluminado (Everything is Illuminated) (2002), la cual supuso un gran éxito de ventas y se llevó al cine en 2005.
Jonathan Safran Foer está casado con otra escritora, Nicole Krauss.
Y ahora, vayamos al libro que nos atañe. Como dije antes, Tan fuerte, tan cerca es la historia de Oskar Schell, un chaval de nueve años extremadamente inteligente pero traumatizado por la muerte de su padre en los atentados del 11 de septiembre.
Oskar es inventor, y crea en su mente todo tipo de objetos surrealistas para que las personas estén seguras (el origen de esto, obviamente, es lo que le sucedió a su padre). También escribe cartas a las personas que admira, como Stephen Hawkins. Una misteriosa llave encontrada en el armario de su padre le convierte asimismo en detective. Ya antes su progenitor y él se divertían resolviendo misterios juntos.
Oskar decide buscar por todo Nueva York la cerradura que abre esa llave. Lo hace, por cierto, con su pandereta a cuestas, como otro Oskar con el que comparte más de una característica, el protagonista de El tambor de hojalata (Die Blechtrommel) de Günter Grass. Por el camino se encontrará con todo tipo de personas, como el anciano que hace fichas de todo el mundo que pasa por su vida. Estas fichas solo contienen una palabra, por ejemplo, la de Oskar será “hijo”. Otro personaje singular es la mujer que no ha bajado del Empire State durante años, sin que nadie se haya dado cuenta de ello, reflejo de la soledad de la Gran Manzana.
El periplo de Oskar es el hilo conductor de la novela, pero hay otra historia en ella, la de sus abuelos y sus avatares en la Segunda Guerra Mundial. Como le sucede al niño, sus vidas quedan destruidas por culpa de un único suceso, en el caso de ellos, el bombardeo de Dresde por parte de la RAF.
Tan fuerte, tan cerca, es un ejemplo de lo que se ha dado en llamar escritura visual, una escuela posmoderna que desafía los límites del texto añadiendo elementos como fotografías que forman parte de la historia. La más escalofriante a mi gusto es el folioscopio final, que muestra a un hombre cayendo de una de las torres gemelas, pero colocado al revés, de modo que la secuencia de los fotogramas le muestra volando hacia la ventana en lugar de emergiendo de ella.
Leyendo en Internet artículos acerca de la técnica empleada por Safran Foer, me he encontrado con muchas críticas negativas, como esta de José Antonio Gurpegui en El Cultural:

Uno no acaba de entender muy bien las intenciones y propósitos de Foer (tal vez llamar la atención provocando valoraciones como la que a continuación se expone) al incluir páginas en blanco, otras literalmente ilegibles o aquellas en las que tan sólo se lee una frase… cuando no interminables sucesiones numéricas o fotografías traídas con excusas más que forzadas. En no pocas ocasiones se entienden -o al menos así lo aprecia quien suscribe- como fatuos fuegos artificiales, con más de anecdótico que de sustancial, que no hacen sino distraernos de la auténtica trama al recuperar antiguos, y ahora caducos, experimentos que nos retrotraen hasta el rupturista espíritu de la generación beatnik.

Uno desearía que Foer superara pronto este juvenil -nació en 1977- “acceso de originalidad”, porque si algo se desprende de Tan fuerte, tan cerca es que su autor sabe y puede escribir con suficiente calidad como para ganarse un puesto de privilegio en las letras norteamericanas sin necesidad de recurrir a intrascendentes artificios.

Aunque entiendo lo que quiere decir, no estoy de acuerdo con él. A mí me ha llegado muy hondo cada una de las páginas del libro, tanto las de texto como las que contienen imágenes. Como sucede con muchas cosas de este libro, no puedo explicar con palabras todas las sensaciones que me han provocado, pero si tuviera que escoger una sola, esta sería TERNURA.
Tierno es Oskar, su relación con su padre, su relación con su abuela, el modo en que su madre le cuida sin que él se de cuenta, sus miedos, la gente con la que se topa en su agonía, el Nueva York como de realismo mágico que recorren sus botas… esas botas que tanto le pesan cuando está triste.
Ternura que no resulta cursi, como un bebé de Anne Geddes (que me perdonen los fans de la fotógrafa), ternura más bien como la que podemos sentir hacia Scout en Matar a un ruiseñor (To Kill a Mockingbird) o hacia Celie en El color púrpura (The Color Purple): remueve el corazón, te provoca alguna que otra lagrimita, pero sobre todo te deja pensando que en medio del horror siempre hay una luz, que en medio de la basura, de la guerra, del odio, siempre podemos encontrarnos con algo hermoso.
Una oda, en fin, a la resilencia.