
Vete a buscar al doctor Bowen, rápido, hermana, creo que padre está herido (Lizzy Borden)
Era una soleada mañana del 4 de agosto de 1892 en la encantadora localidad de Fall River, Massachusetts, cuando Lizzie Borden (en la imagen), una spinster –lo que en castellano equivaldría a solterona- encontró a su padre y a su madrastra muertos a hachazos en su mansión victoriana. En el caso del padre, incluso le habían sacado el ojo izquierdo.
Lizzie Borden fue considerada principal sospechosa del asesinato de su padre y de la segunda mujer de éste. Al parecer, desde la muerte de su madre, las cosas habían ido de mal en peor en la casa Borden, hasta el punto de que esta llegó a ser dividida para que los miembros de la familia no tuviesen que verse las caras. Además, Lizzy y su hermana se pelearon con su padre a causa de la repartición de bienes que él pensaba llevar a cabo, cediendo propiedades a otros familiares en lugar de a ellas.
El dependiente de la droguería del pueblo contó que días antes, Lizzy había acudido a su tienda a comprar cianuro, producto que él se negó a venderle, pese a que ella argumentó que lo necesitaba para limpiar un abrigo de piel de foca. Días después del doble asesinato, Lizzy quemó un vestido en la chimenea porque, según ella, lo había manchado de pintura.
Lizzy se encontró sin ninguna coartada sólida, y el juicio contra ella fue uno de los más apasionantes del siglo XIX, con una cobertura tal por los medios de comunicación y un seguimiento social que podría compararse al de O.J. Simpson un siglo después, cosa infrecuente en aquella época.
No obstante, al final Borden fue declarada inocente. Por una parte, esto se debió a que no había ninguna prueba real en su contra, todo se basaba en suposiciones. Por otra, el jurado –compuesto en aquella época solo de hombres blancos- no debió considerar decoroso acusar a la hija de un respetable caballero.
A lo largo de las décadas, han surgido varias teorías que acusaban a Lizzy Borden o que la eximían del crimen, alegando, por ejemplo, que había sido la criada, furiosa porque le habían pedido que limpiase las ventanas, un trabajo realmente agotador en aquella época, o tal vez un hijo ilegítimo del padre de Lizzy. También hay quien ha dicho que Lizzy mantuvo una relación con una actriz lesbiana de la época, Nance O’ Neil, y que cuando ambas rompieron la mujer quedó tan devastada que perdió la cabeza y asesinó a sus padres a hachazos.
¿Estamos ante un caso de criminalización del lesbianismo, como le ocurrió a Dolores Vázquez cuando fue acusada falsamente de asesinar a Rocío Wanninkhof, hija de su ex novia? Para este tema, sin duda os recomiendo leer La construcción de la lesbiana perversa de Beatriz Gimeno. ¿Tal vez el hecho de ser una spinster, una solterona, era suficiente para verla con malos ojos?
Quién sabe. Lo cierto es que Lizzy Borden fue marginada el resto de su vida, nadie le dirigía la palabra y todo el mundo la temía.
La casa donde tuvieron lugar los crímenes es ahora un bed and breakfast, así que ya sabéis, si andáis por la costa este de Estados Unidos y buscáis un alojamiento terroríficamente encantador, no dudéis en reservar habitación allí.
El caso de Lizzy Borden forma ya parte del imaginario estadounidense. Los niños cantan rimas acerca de ella, se han escrito muchos libros al respecto, tanto ensayos como ficción, se han hecho películas, dibujado comics e incluso producido musicales.
Y ahora este veraniego y victoriano crimen os lo ofrezco yo como lectura estival, que no solo en las oscuras noches de invierno pululan los fantasmas…

La casa

Cuerpo de la madrastra

Cuerpo del padre

Amante de la acusada

Arma del crimen

Sala del juicio

Titular