viernes, 27 de febrero de 2009

LAS PUTAS DICEN: ESE ASQUEROSO NO ES NUESTRO HIJO

El lenguaje es el vestido del pensamiento (Samuel Johnson)

Hay gente que utiliza tan poco la cabeza que lo único que se le ocurre hacer cuando protesta contra alguien es llamarle hijo de puta, en lugar de utilizar palabras mucho más convincentes.

¡Hijo de puta!, decían con tono de cantinela las hordas que se manifestaban en contra de la guerra de Iraq hace unos años, blandiendo homófobas imágenes que pretendían ser graciosas, en las que Blair, Bush y Aznar se daban por culo.

¡Hijo de puta!, gritan ahora las multitudes alocadas en la puerta de la comisaría al ver salir al asesino de la adolescente Marta del Castillo, Miguel Carcaño.

En la campaña de las elecciones gallegas, que termina hoy, también se insultan en público. Porque a ellos, desde luego, les parece un insulto. Maricón, le llama uno al otro.

Y muchos gays, cuando sacan esa pluma que podría ser tan maravillosamente reivindicativa, de repente, sin comerlo ni beberlo, se empiezan a insultar en femenino, cuando antes habían estado utilizando el masculino: ay, qué perra eres, zorra, maricona

Si condenamos la violencia, si queremos que el lenguaje sea nuestra herramienta para concienciar, ¿cómo es que lo tratamos de una forma tan descuidada? Deberíamos demostrar que somos seres inteligentes y no multitudes descerebradas que se dedican a repetir como monos lo que dicen otros.

Si el lenguaje es un arma cargada de futuro, como diría Gabriel Celaya, que no sea sexista, que no sea vacuo, que sea productivo y verdaderamente reivindicativo.

Porque me gusta y me da la gana

Durante un tiempo quise hacerme monja. Luego me di cuenta de que lo que realmente quería ser era lesbiana (Mabel Maney)

Hace poco me tomé un café con una persona aterrorizada por su propio lesbianismo. Ella no se daba cuenta, pero resultaba verdaderamente triste. En cierto modo, me regañaba por ser tan explícita con mi sexualidad en este blog y por decir que tal escritora era lesbiana y tal actriz también. ¿Pero estás segura? ¿Cómo puedes saberlo? No hay pruebas. Su insistencia en silenciar la lesbianidad estaba disfrazada de tolerancia. Si a mí me parece muy bien que una mujer sea lesbiana –me aseguraba- pero es que no deberías ir por ahí desvelando ni tus intimidades ni mucho menos las de otras.

Esta chica que al parecer tiene un código moral tan elevado estuvo engañando a su novio con otra mujer durante dos años, hasta que decidió hacerse “heterosexual del todo” y dejar de “experimentar”.

No es la primera vez que me encuentro con mujeres –heterosexuales y lesbianas- que saltan en cuanto les dices que tal o cual famosa es lesbiana. Sí, ya, ¿cómo lo sabes? Es una cosa extraña, como si pensasen que me lo estoy inventando para validar mi propio lesbianismo, o algo así. Está claro que ayuda mucho cuando una mujer conocida, inteligente y exitosa sale del armario en público, pero vamos a ver, yo a estas alturas no necesito justificar mi rollo bollo poniendo ejemplos ni de la revista Cuore ni del Qué Leer. Creo que el problema lo tienen ellas que deben pensar que solo hay un tipo de lesbiana y que las que yo digo son demasiado guapas o demasiado famosas o demasiado intelectuales para quererse liar con otra mujer, yo qué sé. Y todo esto a veces ni ellas saben que lo piensan, pero sus ¿y tú cómo lo sabes? les salen del alma. Homofobia internalizada. Y además, qué diantres, si digo que alguien es lesbiana le estoy lanzando un piropazo como la copa de un pino. Ole.

¿Es que acaso mi lesbianismo es el centro de mi vida, puesto que tantas veces hablo de ello en este blog? Bueno, depende de cómo lo mires, pero en cierto modo sí. Está claro que soy una tipa normal y corriente, con una familia y unas amistades a las que cuido y que me cuidan, una pareja con la que vivo y a la que amo profundamente, un montón de hobbies y de sueños… vale, hasta ahí, como cualquier otra persona afortunada. Pero desde siempre he sido lesbiana, y cuando digo desde siempre no estoy exagerando, recuerdo enamorarme de niñas desde la guardería… y ello ha marcado todo lo que hago, lo mismo que a otras personas les han marcado otras cosas.

He tenido que buscar mis propios referentes fuera de lo que todo el mundo consumía… De niña nadie me explicó que existía la posibilidad de amar a mujeres, con lo cual nunca entendí del todo qué significaban mis fantasías. En la adolescencia ninguna serie de televisión, ninguna canción, ninguna revista… nada hablaba de (por aquél entonces no había ningún nosotras, no sabía que había más chicas como yo). El colegio donde estudié BUP y COU resultó ser un verdadero infierno (algún día os contaré más detalladamente esa historia). En la universidad todo empezó a ir un poco mejor, con los primeros amores correspondidos y los primeros encuentros con la militancia feminista y con un mundo que yo no sabía que existía. Para mucha gente soy “mi amiga lesbiana”, tengo familiares (menos mal que no los más directos) que nunca me preguntan por mi pareja, con la que vivo, con la que me voy a casar y con la que quiero tener hijos. Es como si yo fuera una soltera permanente, cosa que no estaría mal si fuera cierto, pero es que tengo una novia a la que no quiero invisibilizar. Silencio, silencio, silencio. Heteros, heteros, heteros…

Por eso, claro que sí, no lo niego, me encantan las contadas ocasiones en que, para variar, solo salgo con un grupo de amigas exclusivamente lesbianas, aunque no hablemos de ligues ni de nada por el estilo (o sí). Porque aunque no defino a la gente por su sexualidad resulta un alivio, una bocanada de aire puro, estar con mujeres que de algún modo son de tu mismo planeta y han pasado por experiencias similares a las tuyas.

Y este blog, pues claro, es mi pequeña aportación a la visibilidad. Y además de decir lo que me da la real gana, me materializo en fotos y doy la cara y la palabra, que son todo lo que tengo, porque quiero poner mi pequeño granito de arena a la visibilidad y porque estoy superorgullosa de ser lesbiana, de haber sobrevivido a todo lo que he sobrevivido, de practicar el noble arte de las mujeres que aman a mujeres y de formar parte de una estirpe de damas ilustres cuyos nombres voy a seguir diciendo aunque te parezca que para estar segura de que son sáficas deba presentar una foto de ellas haciendo un cunnilingus, chica. Y es que además yo no tengo nada que esconder y sí mucho, pero que mucho, que mostrar al mundo.

¡Qué ganas tengo de comerme el mundo!

miércoles, 25 de febrero de 2009

Mi biblioteca

Fue cuando obtuve mi carnet de biblioteca que empezó mi vida (Rita Mae Brown)

Mi biblioteca es modesta para osar llamarse con ese nombre tan grandioso, biblioteca, pero llevo creándola desde la primera vez que tuve un libro, casi antes de poseer nada más, y me siento muy orgullosa. Mis libros son mi posesión más valiosa, mi inversión más sabia, mi único amor material. Mis libros son el lastre y la preocupación de cada una de mis mudanzas, pero solo traen alegrías. Son un bien que comparto con cualquiera que desee leerlos, un bien que guardo para mis hijas e hijos, unos volúmenes que solo me pertenecen durante mi experiencia humana pero que luego serán de otra persona, y de otra, y de otra. De primera mano, de segunda, con notas de otros lectores o mías, con marcapáginas…

No recuerdo un solo momento de mi existencia, triste o alegre, en el que no haya habido un libro entre mis manos, en mi mesilla de noche o en mi bolso. Cada uno de ellos con su peculiar tacto y olor, con su propia personalidad.

Creo que la razón por la que amo tanto la vida reside precisamente en todo lo que he leído acerca de ella en los libros, las infinitas posibilidades de ser y de estar que estos me han abierto, la cantidad de interpretaciones de la humanidad que me han ido brindando.

Un pedazo del universo está en mi pequeña biblioteca. Si los coches de Madrid callasen durante un momento se podría escuchar, por ejemplo, la voz cascada de Gloria Fuertes recitando, a Jane Eyre tomando un carruaje o a Henry James dando otra vuelta de tuerca a sus historias. Poseo un pedazo de universo, un bien no inmueble pero inmune a la crisis, millones de páginas repletas de palabras capaces de provocar emociones y de dar abrazos invisibles a quienes las leen.




Libros sobre amantes de los libros que recomiendo encarecidamente: 84 Charing Cross Road de Helene Hanff, Matilda de Roald Dahl, Misterio, emoción y riesgo de Fernando Savater, Leer Lolita en Teherán de Azar Nafisi, El cuento número trece de Diane Setterfield y Un árbol crece en Brooklyn de Betty Smith.

viernes, 20 de febrero de 2009

Oscars, glamour, diamantes

El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad (Beethoven)

            Por favor, Penélope, por favor, Kate. Ambas lleváis diamantes de la firma Graff, que tiene el 9% de las acciones de Gem Diamonds. No debéis hacerlo, tenéis que dar ejemplo y es vuestra obligación moral no lucir esas joyas sangrientas y hacer promoción de ellas en la gala de los Oscars, delante de millones de telespectadores. Ya os han escrito, al igual que a otras asiduas de Graff como Victoria Beckham, Naomi Campbell o Liz Hurley, desde la ONG Survival International, para explicaros los motivos. Os los vuelvo a repetir desde La Letra Escarlata.

            Los bosquimanos son un pueblo indígena de Botsuana, Namibia, Sudáfrica y Angola que dependen de la caza en sus tierras ancestrales. Desde que se descubrió, en los años ochenta, que había diamantes en las zonas que habitan desde hace siglos, han sido expulsados, sus escuelas y sus centros de salud cerrados, sus suministros de agua destruidos y ellos reasentados en terribles reservas –casi campos de concentración- donde les prohíben cazar, les maltratan, mueren de sed y dependen de las miserables limosnas de un gobierno que les ha empujado al alcoholismo, la depresión, la tuberculosis y el SIDA.

            Gem Diamonds, y aquí llegamos al tema que nos atañe, tan poco glamuroso para los Oscars, lo siento Pe, lo siento Winslet, va a abrir una mina de diamantes en las tierras de los bosquimanos de Kalahari, en Botsuana. La firma Graff, por tanto, al tener acciones en Gem Diamonds, está directamente implicada en la destrucción de los bosquimanos.

            Por tanto, queridas actrices, sed buenas personas y dejad de consumir diamantes de Graff. Aportad vuestro granito de arena a un mundo mejor, porque las personas tan famosas y con tanta voz en los medios de comunicación sois las que más poder tenéis para ser escuchadas.

            Vuestra belleza no durará para siempre. Vuestro dinero no os traerá la felicidad, por mucho que se le de bien imitarla. Vuestra fama no es lo que hace que vuestros seres queridos os quieran. Nada de eso importa en realidad. A la larga, los Oscars que ganéis no importarán tanto como la sonrisa, como la vida de unos seres humanos denigrados por el gobierno de su país, por el capitalismo asesino y por las personas que lucen diamantes de sangre.

            Ah, y suerte a las dos.


Niños bosquimanos

jueves, 19 de febrero de 2009

Violencia machista, caso II: SERGI XAVIER MARTÍN MARTÍNEZ

El racismo se construyó a partir de una realidad también económica, política y culturalmente milenaria, el sexismo, en la cual los poderes y los recursos se encontraban en manos de los hombres, siendo las mujeres prácticamente propiedad de los hombres. El racismo, reafirma el sexismo e incorpora en su seno las diferencias sexuales y la superioridad de los hombres sobre las mujeres como una característica inherente y constitutiva de esa ideología. Del mismo modo el sexismo incorpora a la diferenciación racial como una categoría de estratificación, creando una pirámide que no solo está marcada por la diferenciación sexual sino también por la distinción racial, que reafirma, como se planteó anteriormente a lo blanco como prototipo de lo humano en contraposición de lo negro relacionado siempre con lo no humano o lo menos humano.
Desde esta perspectiva, es imposible en la actualidad comprender el racismo de manera aislada al sexismo. Del mismo modo, no se pueden aislar las consecuencias sociales y culturales del racismo de las consecuencias de la estructura racista sobre las condiciones particulares de las mujeres […] (Epsy Campbell Barr. Texto completo aquí)
Si en el post anterior escribía sobre mobbing y violencia machista, en este me gustaría hacerlo sobre xenofobia y violencia machista.
            El sujeto que quiero poner de ejemplo en esta entrada es ni más ni menos que el violento joven del tren de Barcelona, ese paleto macarra llamado Sergi Xavier Martín Martínez. Tristemente famoso por su brutal agresión a una adolescente ecuatoriana de tan solo dieciséis años en octubre de 2007, el tipo de veintiún años vuelve hoy a la actualidad porque empieza el juicio contra él. Él, que se mostraba tan envalentonado en ese vagón de Sant Boi de Llobregat, hablando por el móvil con un colega y diciéndole que estaba delante de una “inmigrante de mierda”, según testimonios recogidos posteriormente, hoy se presenta acojonado ante el juez, diciendo con el rabo entre las piernas que “me doy asco a mí mismo, ese día no era yo” y que “nadie merece lo que le hice a esa chica”.
            ¿De verdad estás tan arrepentido, Sergi Xavier Martín Martínez? Entonces explícanos por qué ni tú ni tus amigos habéis parado de acosar a la adolescente ecuatoriana desde que te denunció. La pobre chica ha tenido que cambiar de look por completo, se ha mudado a otro piso por miedo, se ha cambiado de instituto, su madre también se ha teñido el pelo para no ser reconocida y poner en peligro a su hija… la adolescente agredida está traumatizada y su madre cuenta que ya no es la misma, que tiene ataques de pánico y se muestra decaída. Está recibiendo tratamiento psicológico. Bienvenida a España, la tierra del sol y la sangría. Ah, pero que no eres un europeo blanquito y forrado, entonces toma patada. Y todo, qué injusto, por un menda como tú que no le llega ni a la suela de los zapatos.
            Sus excusas, bastante difíciles de probar, de que iba bebido y drogado (su víctima dice que no parecía borracho ni colocado), no le eximen de su responsabilidad. Vamos a ver, si yo me pillo la cogorza del siglo o me tomo un éxtasis os aseguro que no me pongo a insultar ni a pegar a nadie. Ni yo ni muchos hombres ni mujeres que conozco. Así que espero que eso no se tenga en cuenta en el juicio.
            Antes de seguir, quisiera que volviésemos a ver el vídeo, aunque sea bastante desagradable:

            Bien, pues como podéis comprobar, aunque no lo oigamos, se ve cómo Sergi Xavier Martín Martínez insulta a la niña, porque es casi una niña, y luego la golpea y le asesta una buena patada. Imaginaos el pavor de ella, que viaja sola y que se da cuenta (es escalofriante) de que nadie está dispuesto a ayudarla. Es bastante difícil ponerse en su pellejo porque tuvo que ser una situación terrorífica.
            Así pues, en los medios se habla de racismo al igual que en el caso sobre el cual escribí ayer se hablaba sobre todo de acoso laboral. Pero, ¿y qué pasa con la violencia de género, que siempre queda oculta?
            No dudo de que Sergi Xavier Martín Martínez odie por igual a los hombres ecuatorianos o de cualquier otro lado que no sea su minimundo ignorante y podrido, pero, ¿se atrevería a hacerle lo mismo a un marroquí, a un camerunés, a un colombiano? Lo dudo. Pese a su estética skin, desde luego no es uno de esos tochos neonazis que parecen armarios empotrados. Así que puede haber presumido todo lo que quiera de haber "pegado a un moro" (eso iba diciendo por el móvil también), que no se lo cree nadie.
            La clave está en el vídeo que acabamos de ver. En él, Sergi Xavier Martín Martínez le toca UNA TETA a la víctima. Bueno, más que tocar, se la retuerce. Eso tuvo que doler y mucho. He ahí, pues, la respuesta a la pregunta: ¿estamos ante violencia de género? Claro que sí, estamos ante una agresión racista y machista. No lo olvidemos, pese a que los medios de comunicación solo hablen de racismo.
            No pretendo victimizar a las mujeres haciendo de todo una agresión machista, solo quiero poner palabras a los silencios y crear conciencia de que uno de los problemas más devastadores y contra los que todo gobierno debería luchar como tema prioritario es el terrorismo de género.
            Las mujeres no deseamos que los gobiernos sean nuestros papás que vienen a salvarnos de los malos, de hecho, siempre hemos sido nosotras solas las que hemos tenido que hacernos cargo del machismo al haber sido ignoradas por el poder, así que está claro que nos valemos por nosotras mismas. En lo que creo que estaremos todas de acuerdo es en que la hipocresía que impera entre la clase política es vomitiva. Tanto hablar de crisis, de terrorismo y de otros asuntos y luego ignoran lo verdaderamente importante, que es que la mitad de la población de este planeta se ve discriminada y agredida en aspectos tanto físicos como psicológicos o laborales, llegando en los casos más extremos (que no por ello infrecuentes, como todo el mundo sabe) a morir, solo por el hecho de ser mujeres.


Sergi Xavier Martín Martínez, el machote ario