miércoles, 29 de octubre de 2008

Agua


El agua y el aire, los dos fluidos esenciales de los que dependen todas las vidas, se han convertido en basureros globales (Jacques Cousteau)

Un estudio del Pacific Institute (EEUU) ha calculado que se necesitaron cien millones de barriles de petróleo para producir todas las botellas de agua consumidas en 2006 en el mundo.

Hemos de concienciarnos y consumir agua del grifo. Si no es de buena calidad, siempre se puede invertir en un purificador. Si nos llevamos agua al trabajo o cuando hacemos deporte, lo mejor es hacerse con una botella o cantimplora de un material que permita su reutilización constante (por ejemplo, las que se fabrican para colgar de las bicicletas o las que venden para los excursionistas).

Tú también puedes poner tu granito de arena. O tu gotita de agua.

viernes, 17 de octubre de 2008

Cierra la boca de una vez que pareces tonta, chica


Una raza no puede nacer libre si nace de madres esclavas (Margaret Sanger)

Pues resulta que como ahora estoy en un momento de mi vida en el que el dentista, y por tanto la ruina, forman parte de mi cotidianidad, me ha dado por mirar las bocas de la gente. Y en esas estaba cuando, ¡cáspita!, cualquier revista que hojeo las tiene a montones. Son esas bocas femeninas que están semiabiertas en una postura completamente antinatural, pues a ver, ¿conocéis a alguna mujer que vaya haciendo ese gesto por la vida? Ah, pues las que posan para las fotos de las revistas, todo el rato. Ya anuncien un bolso, su última película o el portátil de moda, todas ellas tienen los morritos a punto de caramelo. Para muestra, un botón (y no creáis que he tardado mucho en reunir estas imágenes, me he puesto a recortar de un par de revistas cualesquiera y enseguida he terminado):

No os preocupéis, estas mujeres no están muertas, aunque tengan la misma cara que los cadáveres de C.S.I. Tampoco se encuentran estreñidas ni tienen dificultades para respirar por la nariz. Es que parece ser que lo que vende es eso.

La mujer con cara de estar teniendo un orgasmo, de estar siendo violada, de estar a punto de hacer una felación y demás variaciones. Eso, parece ser, es lo que vende.

Hagan la prueba, queridas lectoras, queridos lectores. Vayan ahora mismo al revistero, cojan una publicación cualquiera (bueno, no la Revista de Occidente, ya me entendéis) y hojeen, hojeen.

Estas modelos –que no son modelos a seguir, por todas las diosas- no tendrán caries, como yo, pero les recomendaría que se sentasen un rato en el w.c. a ver si se descargan, porque tienen una expresión de lo más inexpresiva -válgame la redundancia- e idiotizada.

viernes, 10 de octubre de 2008

GORDOFOBIA

Se dejarían de vender cigarrillos si en las advertencias de las cajetillas pusiese: FUMAR ENGORDA. (Dave Barry)

A veces pienso que hay gente que prefiere tener una enfermedad a ser gorda, de verdad. Y esto si no identificas gordura con enfermedad, claro, que esa es otra. Y mira que hay personas gordas que se hacen análisis y sale todo bien… pero se ve mucho peor a alguien con michelines que a alguien que fume sin parar, por poner un ejemplo. Estar gorda no equivale a no llevar una vida sana (ni estar delgada a sí llevarla). Si uno come bien (estar permanentemente a dieta es muy malo para la salud, es mejor comer de todo en su debida cantidad) y hace ejercicio, no importa estar gorda o delgada. Cada persona es distinta según sus genes, su estructura ósea, y otros factores. Lo importante en cuestión de salud generalmente no se puede ver, como por ejemplo el colesterol. Y para tenerlo no hay que estar gordo. Y es que si una persona entradita en kilos dice que tiene hambre o se come un bocata, las miradas de reproche o de burla no se hacen esperar.

Porque esa es otra. La gordofobia –sí, llamémosla por su nombre o seguirá sin existir, como todo lo que no es nombrado- está socialmente aceptada. Uno puede reírse de un gordo sin problemas, porque está considerado gracioso, sigues siendo cool, no como los racistas o los homófobos. A ver si nos concienciamos y acabamos con esto.

Con las niñas y los niños que reciben las burlas impunes de sus compañeros de clase, acomplejándose desde críos. Con la discriminación laboral de quienes no son contratados por no tener “buena presencia” (es decir, por no cumplir con el irreal canon establecido). Con los locales nocturnos que no dejan entrar a gente gorda porque no están buenos. Con las series y películas que ridiculizan a los gordos mediante personajes absurdos que no paran de darse atracones. Con las tiendas de ropa, la mayoría, que no fabrican tallas más allá de una 40, y ya estoy exagerando. Con los aviones, cines, transporte público que no tiene asientos para gordos. Con la moda, esa secta manipuladora dirigida por gays misóginos. Con las aseguradoras que no aseguran a la gente gorda. Con tanta discriminación.

Es importante reivindicar la palabra gordofobia para hacer patente una discriminación que existe, que es muy grande en el mundo occidental y que resulta muy seria ya que causa inseguridades, depresiones e incluso suicidios.

Hay que luchar por cambiar el modo en que el mundo ve a las gordas y a los gordos. Hay que reivindicar esa palabra, GORDA, GORDO. Para que deje de ser un insulto. Para que sea lo que simplemente es, una característica física. ¿Por qué “qué delgada estás” suele equivaler a “qué guapa te has puesto”? ¿Por qué, en cambio, es tabú decir que alguien está gorda o ha engordado? Hemos de eliminar lo negativo de GORDA y GORDO lo mismo que se ha eliminado, en la mente de tanta gente, de las palabras homosexual o negro. Basta de sentirse avergonzadas cuando no encontremos nuestra talla, acerquémonos a la dependienta y pidámosla. Basta de esconder nuestras carnes en trajes que parecen sacos de patatas, exhibamos nuestro portentoso cuerpazo. Basta de que nuestro peso defina nuestro ser cuando somos muchísimas otras cosas. Cuestionemos las concepciones establecidas sobre lo que significa estar gordo, retomemos la palabra, reapropiémonos del adjetivo y llenémoslo de poder.

Pero para cambiar la forma en que el mundo nos ve, hemos de cambiar primero la manera en que nos vemos a nosotros mismos. Vamos a dejar ya de disculparnos por tener barriga, o culo, o lo que sea. Joder, la vida es demasiado corta para vivir obsesionados con las calorías, ¿no? En un mundo con pobreza, guerra y tantos tipos de violencia, ¿no es un poco ridículo dedicar tanto tiempo a odiarnos? Yo por mi parte tengo cosas más importantes que hacer, una vida creativa que desarrollar, una familia que cuidar, amistades a las que querer y una sociedad que necesita de mi implicación.

Imaginaos que todas lo hiciésemos. Que todo el tiempo que empleamos en pensar cómo adelgazar y que todo el dinero que gastamos en dietas y productos-milagro lo utilizásemos para cambiar el mundo. Sumaría un montón de tiempo y un montón de dinero, un fabuloso ejército de cerebros contra los horrores de este planeta, ¿verdad? Pues a ello.

Libro recomendadísimo: Mucha talla (The Fat Girl’s Guide to Life) por Wendy Shanker.

jueves, 2 de octubre de 2008

Cocina: CAFÉ DE SABORES


El sueño es síntoma de falta de café. 

El desayuno es la comida más íntima del día, esa especie de limbo entre el sueño y la vida que nos inyecta energía para enfrentarnos con la cotidianidad. Pese a que muchas personas somos aventureras a la hora de probar nuevos platos para comer o para cenar, pocas cambiamos nuestros rituales mañaneros, sean estos cuales sean: café y tostada, cereales, galletas, cacao, churros, pan con aceite y tomate… Desayunar es estar en casa, aunque lo hagamos en uno de esos bares humeantes con el sonido crujiente de un periódico recién comprado.

Es por eso que quisiera comenzar una nueva serie de posts que iré escribiendo de vez en cuando y que están dedicados a la cocina (recetas y reflexiones de la que es una de mis grandes pasiones) con la sencilla fórmula del “café de sabores”. Tan fácil que hasta da risa, tan deliciosa que llenará vuestra casa de aroma a otoño y vuestro paladar con la reconfortante sensación de que se acabó el verano pero que, ¿qué más da? Aquí estamos frente a la ventana con una deliciosa y humeante taza.

Dos apuntes con respecto al café: el primero, que os hagáis con alguna marca de comercio justo (si no sabéis de ninguna, buscad en Internet, hay un montón), porque, primero, el sabor suele ser mucho mejor y segundo, el cultivo de café por parte de multinacionales está reduciendo pueblos enteros a la pobreza extrema (también, si queréis enteraros más de ese tema, hay mucha información en la red de redes).

Mi segundo consejo es que, si no lo tenéis, os hagáis con un molinillo de café y compréis este oro negro en grano en lugar de ya molido, porque de nuevo, el sabor es mucho más intenso y el olor ya ni os cuento. Probadlo.

En cuanto al café de sabores, ya lo venden hecho, sobre todo en tiendas especializadas y en otros países como Estados Unidos, donde está muy de moda. Pero si se compra así, los sabores están conseguidos de manera artificial, química, mientras que si lo hacéis por vuestra cuenta, es completamente natural.

¿De qué tipo de sabores hablo? Pues chocolate (polvo de cacao), avellanas (molidas), polvo de canela, vainilla, anís clavo, naranja (la mondadura)… Lo que se os ocurra.

¿Cómo darle al café este sabor? Como he dicho antes, es bien sencillo: moled café suficiente para que ocupe ¾ del bote donde lo vayáis a guardar y mezcladlo con ¼ de uno o más de los ingredientes mencionados anteriormente, de modo que el bote quede completamente lleno. Con una cuchara larga, removed bien los polvos de café y de avellana (o de lo que sea que hayáis escogido) para que se mezclen totalmente.

Y ya está. Sí, ya está. Cada vez que queráis hacer café, ponéis parte de esta mezcla en la cafetera de la misma forma que habéis hecho siempre y notaréis la diferencia.

Es importante que el bote donde guardéis el café se pueda cerrar herméticamente. Mantenedlo en la nevera o en el congelador.

Ya me contaréis.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Hay más pronombres


Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el ser humano vive en riesgo permanente de deshumanizarse. (José Ortega y Gasset)

Un interesante estudio de la publicación Psychological Science llegó a la conclusión, tras conducir una serie de experimentos, de que la mejor forma de determinar qué puesto ocupa una persona dentro de una jerarquía es su capacidad de ponerse en el lugar de los demás y de mostrar consideración hacia el otro. Esto es, su habilidad para salir de su propia experiencia vital e imaginar las emociones, percepciones y motivaciones de la otra persona.

Cuanto más poder tiene una persona, dice el artículo en cuestión, titulado “Power and Perspectives Not Taken”, menos capacidad demostrará a la hora de ponerse en la situación de otro individuo.

Uno de los ejemplos que dan es la forma en que un asistente lleva un café a su jefe sin que éste se lo pida (se adelanta a sus deseos) y cómo el jefe nunca se acuerda de pagárselo (no tiene en cuenta al otro).

Viene al caso mencionar aquí el movimiento internacional Walk a Mile in Her Shoes: grupos de hombres que se calzan altos tacones para marchar por todas las ciudades en contra de la violencia de género y de las violaciones. Esta tortuosa caminata es su forma simbólica de ponerse en el lugar de las mujeres y exigir que todo el mundo lo haga. Felicidades, chicos.

Y es que a nadie le vendría mal salir de su caparazón y ampliar miras. Para ello no hace falta viajar a India, basta con pensar en la gente con la que te encuentras en el día a día y librarnos de prejuicios que hacen que no mostremos interés hacia ellos, malos humores que nos impiden saludar o dar las gracias y prisas que nos impulsan a ir atropelladamente por nuestra breve y malgastada existencia.

Dicen los cuáqueros, casi la única religión que me inspira simpatía, que todo el mundo tiene algo maravilloso en su interior. ¿Por qué no nos convertimos en exploradoras y exploradores, buscando en la selva de la gente que nos rodea esa individualidad que a buen seguro enriquecerá nuestras vidas?