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Se dejarían de vender cigarrillos si en las advertencias de las cajetillas pusiese: FUMAR ENGORDA. (Dave Barry)
A veces pienso que hay gente que prefiere tener una enfermedad a ser gorda, de verdad. Y esto si no identificas gordura con enfermedad, claro, que esa es otra. Y mira que hay personas gordas que se hacen análisis y sale todo bien… pero se ve mucho peor a alguien con michelines que a alguien que fume sin parar, por poner un ejemplo. Estar gorda no equivale a no llevar una vida sana (ni estar delgada a sí llevarla). Si uno come bien (estar permanentemente a dieta es muy malo para la salud, es mejor comer de todo en su debida cantidad) y hace ejercicio, no importa estar gorda o delgada. Cada persona es distinta según sus genes, su estructura ósea, y otros factores. Lo importante en cuestión de salud generalmente no se puede ver, como por ejemplo el colesterol. Y para tenerlo no hay que estar gordo. Y es que si una persona entradita en kilos dice que tiene hambre o se come un bocata, las miradas de reproche o de burla no se hacen esperar.
Porque esa es otra. La gordofobia –sí, llamémosla por su nombre o seguirá sin existir, como todo lo que no es nombrado- está socialmente aceptada. Uno puede reírse de un gordo sin problemas, porque está considerado gracioso, sigues siendo cool, no como los racistas o los homófobos. A ver si nos concienciamos y acabamos con esto.
Con las niñas y los niños que reciben las burlas impunes de sus compañeros de clase, acomplejándose desde críos. Con la discriminación laboral de quienes no son contratados por no tener “buena presencia” (es decir, por no cumplir con el irreal canon establecido). Con los locales nocturnos que no dejan entrar a gente gorda porque no están buenos. Con las series y películas que ridiculizan a los gordos mediante personajes absurdos que no paran de darse atracones. Con las tiendas de ropa, la mayoría, que no fabrican tallas más allá de una 40, y ya estoy exagerando. Con los aviones, cines, transporte público que no tiene asientos para gordos. Con la moda, esa secta manipuladora dirigida por gays misóginos. Con las aseguradoras que no aseguran a la gente gorda. Con tanta discriminación.
Es importante reivindicar la palabra gordofobia para hacer patente una discriminación que existe, que es muy grande en el mundo occidental y que resulta muy seria ya que causa inseguridades, depresiones e incluso suicidios.
Hay que luchar por cambiar el modo en que el mundo ve a las gordas y a los gordos. Hay que reivindicar esa palabra, GORDA, GORDO. Para que deje de ser un insulto. Para que sea lo que simplemente es, una característica física. ¿Por qué “qué delgada estás” suele equivaler a “qué guapa te has puesto”? ¿Por qué, en cambio, es tabú decir que alguien está gorda o ha engordado? Hemos de eliminar lo negativo de GORDA y GORDO lo mismo que se ha eliminado, en la mente de tanta gente, de las palabras homosexual o negro. Basta de sentirse avergonzadas cuando no encontremos nuestra talla, acerquémonos a la dependienta y pidámosla. Basta de esconder nuestras carnes en trajes que parecen sacos de patatas, exhibamos nuestro portentoso cuerpazo. Basta de que nuestro peso defina nuestro ser cuando somos muchísimas otras cosas. Cuestionemos las concepciones establecidas sobre lo que significa estar gordo, retomemos la palabra, reapropiémonos del adjetivo y llenémoslo de poder.
Pero para cambiar la forma en que el mundo nos ve, hemos de cambiar primero la manera en que nos vemos a nosotros mismos. Vamos a dejar ya de disculparnos por tener barriga, o culo, o lo que sea. Joder, la vida es demasiado corta para vivir obsesionados con las calorías, ¿no? En un mundo con pobreza, guerra y tantos tipos de violencia, ¿no es un poco ridículo dedicar tanto tiempo a odiarnos? Yo por mi parte tengo cosas más importantes que hacer, una vida creativa que desarrollar, una familia que cuidar, amistades a las que querer y una sociedad que necesita de mi implicación.
Imaginaos que todas lo hiciésemos. Que todo el tiempo que empleamos en pensar cómo adelgazar y que todo el dinero que gastamos en dietas y productos-milagro lo utilizásemos para cambiar el mundo. Sumaría un montón de tiempo y un montón de dinero, un fabuloso ejército de cerebros contra los horrores de este planeta, ¿verdad? Pues a ello.
Libro recomendadísimo: Mucha talla (The Fat Girl’s Guide to Life) por Wendy Shanker.